
“Me vendés 5 gramos”, fue el comentario en TikTok a la cuenta de Pedro Daniel Silva Beroisa, alias Tato, de 25 años y buscado por la Justicia por hacer entraderas junto a su padre y su hermano con la información que le daba un policía, hoy condenado por asociación ilícita. Con el dinero que obtenían, financiaban la compra de drogas para venderlas al menudeo. Esa respuesta en redes sociales fue la punta del ovillo que les permitió a las autoridades capturarlo. Hacía 6 años que estaba prófugo y cada vez que lo iban a allanar, se esfumaba. En esta oportunidad, los procedimientos de la DDI local fueron secretos y el escurridizo ladrón y narco de redes sociales cayó, pero antes intentó destruir uno de sus celulares.
Justamente, la causa que destapó cómo un policía dateaba a la banda familiar de ladrones Silva Beroisa se inició por un celular de Tato. Fue el 9 de noviembre de 2019. A Pedro Daniell lo interceptó la Policía Bonaerense cuando iba en un Volkswagen Gol con 40 gramos de cocaína y le secuestró un IPhone, según puedo saber Infobae de fuentes de la investigación.
Bajo la dirección del fiscal Mauricio del Cero de Bahía Blanca, la apertura de ese teléfono fue la puerta mágica a un mundo insospechado: no sólo hallaron todo lo referente al negocio de venta de drogas, sino que encontraron los chats con Carlos Otavio Meneses, un policía del Comando de Patrullas que operaba en la zona de la Seccional 5ª de la ciudad.
“Le pasaba a Tato las fotos de domicilios de gente que había recibido dinero en efectivo por indemnizaciones o juicios. Le aportaba, además, armas, chalecos antibalas y handies. Y, sobre todo, le liberaba la zona”, comentaron todo lo que hallaron en el celular de Pedro Daniel Silva Beroisa, quien para ese entonces ya había ganado la calle y se hizo humo.

De ese teléfono, el fiscal Del Cero logró entender que la organización criminal que hacía entraderas para financiar la compra de drogas que eran vendidas al menudeo y que dirigía Tato con la información del policía Meneses, estaba conformada por su hermano, Cristian Moisés Silva, y su padre, Cristian “Eñ Chileno” Silva, quienes fueron condenados a 4 años de prisión por comercialización de estupefacientes.
El dato de color es que el papá de las criaturas, “El Chileno”, vendía drogas desde la cárcel. Completaban la banda el cuñado de Tato y un colaborador externo al grupo familiar.

Así, el fiscal pudo reafirmar que Tato recibía la información del policía y organizaba los golpes con el clan familiar. El inconveniente que tuvo la Justicia fue que, como muchas de las víctimas de las entraderas no lo denunciaron, no tenían mucho que endilgarles. De todas maneras, Meneses fue condenado a 8 años de prisión como jefe de una asociación ilícita.
Para ese entonces, increíblemente, Tato seguía prófugo, con todo el costo económico que eso implica. En estos 6 años que se mantuvo en la clandestinidad, lograron llegar a sus redes sociales. “Cuando se detectaba un posteo, se rastreaba la dirección IP, se pedía al proveedor la dirección de facturación y se allanaba; pero nunca estaba porque avisaban”, describieron las fuentes del caso a este medio.

Pero... A Tato se podría decir que lo entregó uno de sus compradores. El prófugo usaba las redes sociales para vender las drogas, el negocio que le permitía seguir en la clandestinidad.
Fuentes del caso dijeron que a un consumidor se le escapó en un comentario: ‘Me vendés 5 gramos’. Y esa fue la clave para avanzar en la captura. Todo se hizo en secreto para evitar filtraciones y Tato cayó. Lo detuvieron este martes por la noche y, cuando escuchó que entraba la DDI de Bahía Blanca, intentó destruir uno de sus celulares, que quedó todo astillado, pero igual será peritado. Los investigadores esperan con ansias la apertura de ese teléfono.

“Adentro de un placard se hallaron envoltorios de panes de cocaína con restos de sustancia blanca. La vez anterior que fueron a buscarlo y no lo hallaron, en el lugar se secuestraron también panes de cocaína que tenían el escudo de un águila -firma del proveedor- y mucho dinero. Ahora, el sello era de un trébol, por lo que se ve que cambió de proveedor porque no le pudo pagar al anterior”, comentaron.
También le encontraron una pistola Bersa calibre .22 con dos cargadores, una 9 milímetros también con dos cargadores, más otros dos cargadores extensibles 9mm; municiones .22, seis envoltorios de nailon tipo “ladrillo”, una balanza de precisión y dos relojes.
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