
B.H.K, alias “Manuel”, recibió la extensión de su prisión preventiva el miércoles último, una medida dictada por el Tribunal Oral Criminal Federal N°8 y luego confirmada por la Cámara Federal de feria, con los jueces Ángela Ledesma, Javier Carbajo y Mariano Hernán Borinsky. “Manuel”, de 49 años y oriundo de Corea, deberá permanecer encerrado seis meses más, a la espera de lo que le toca.
Esta medida judicial, poco más que una efeméride en la escala grande de las cosas, quizás no diga mucho. Pero el motivo que mantiene preso a “Manuel”, con domicilio en pleno barrio coreano del Bajo Flores y dedicado, en los papeles, al negocio de kioscos y almacenes; es inquietante, una historia de larga data y de largo viaje, tan oscura como secreta.
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El delito en cuestión: trata de personas, con un caso investigado por el fiscal Eduardo Taiano y su equipo junto a la PROTEX, el área de la Procuración que investiga delitos de trata, a cargo de los fiscales Alejandra Mangano y Marcelo Colombo.
Al comienzo del caso, “Manuel” y sus tres cómplices fueron acusados de haber “ofrecido, captado, trasladado, recibido y acogido en nuestro país a al menos siete personas de sexo femenino mayores de edad de nacionalidad coreana, para promover la explotación sexual”.
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Todo esto habría ocurrido en una serie de pequeñas habitaciones, detrás de cortinas de flecos, en karaokes del barrio porteño Bajo Flores, donde los hombres cantan ebrios y se desatan.
El sexo pago en los karaokes de las comunidades asiáticas no es una historia nueva. Las cuevas de canto con playback, regenteadas en la última década por los pequeños empresarios chinos de la noche, incluían mesitas de alcohol, pipas de metanfetamina y prostitutas varias.
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Un garito de Sarandí frecuentado por supermercadistas chinos fue allanado en junio de 2022 por la División Trata de Personas de la Policía Federal. Los habitué tenían sexo en una pieza triste, bajo una frazada barata, con la marca de un calefón explotado en la pared. Las mujeres que la PFA halló eran oriundas de Argentina y Perú.
El contraste con “Manuel” y su banda es significativo, al menos según la hipótesis del caso. Que, supuestamente, trafiquen mujeres del otro lado del mundo para tener sexo -cuando las asiáticas suelen ser víctimas de trata laboral- es, por lo menos, altamente infrecuente.
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La historia de “Manuel” y su banda se arrastra en Comodoro Py desde 2016, cuando un llamado anónimo a la línea 145 del Programa Nacional de Rescate aseveró que en el karaoke “Luxury”, ubicado en la calle Lautaro al 1200, se comerciaba sexo además de canciones ebrias. Allí, de acuerdo al reporte posterior, varias mujeres surcoreanas eran “explotadas sexualmente, extorsionadas y amenazadas”.
Investigadores policiales llegaron allí. Se infiltraron allí. Encontraron a siete mujeres y siete salas de karaoke, cinco habitaciones con baño en suite y un dispenser de condones. En cada puerta de cada habitación, una leyenda, así, en mayúsculas: “EL PRESERVATIVO PEDIR EN MOSTRADOR”.
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Luego, se encontró otro karaoke en la calle Remedios de Escalada. La situación era casi idéntica. Las mujeres surcoreanas que descubrieron los detectives allí tenían una explicación: “Atendían” a clientes que, precisamente, solo querían hablar en coreano.
Así, ambos lugares fueron allanados. Se incautaron, entre otras cosas, los registros de pases.
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Sin embargo, en 2018, la Sala I de la Cámara Federal dictó la falta de mérito para “Manuel” y sus cómplices. Sus explicaciones fueron poco verosímiles, por decirlo de una forma gentil.
“Manuel” contó que se dedicaba al despacho de bebidas en su local de la calle Carabobo. Las víctimas declararon en cámara Gesell: dijeron haber comprado ellas sus pasajes hacia la Argentina con tarjetas de crédito, lo que invalidaba cualquier hipótesis de trata. Así, María Romilda Servini, la jueza del caso, consideró las pruebas insuficientes, una decisión que validó la Cámara.
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Luego, la historia cambió. Tomó un tiempo. El 29 de diciembre de 2023, dos locales en las calles Carabobo -ligados a “Manuel”- y otro garito en la avenida Asamblea fueron allanados por la División Trata de Personas de la PFA.
“Manuel”, otra vez, fue citado a declarar. Reconoció ser un simple despachante de bebidas. “Por otra parte, yo era remisero... Reconozco que iba al aeropuerto a buscar a las chicas, pero lo hacía de favor, las llevaba a los lugares de las calles Lautaro 1247 y Carabobo”.
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Otros tres nuevos cómplices, entre ellos su primo, se negaron a ser indagados. En los allanamientos, se encontró a una chica de 17 años que era explotada sexualmente.

Así, los cuatro terminaron procesados con prisión preventiva por la jueza Servini, con un embargo de $80 millones.
“Manuel”, apreciado en su comunidad por su fluido uso del español, fue identificado como el presunto dueño del local de la calle Lautaro. Un testigo de identidad reservada entregó su número de teléfono. La dirección ligada a ese número resultó ser, precisamente, la casa de “Manuel”. Otros en el barrio coreano lo retrataron como “un cobrador” de locales nocturnos.
Una oficial de inteligencia de la PFA lo siguió hasta una pensión de la calle Carabobo al 1600, para luego declarar en su contra. En Comodoro Py, relató cómo el hombre se llevaba el proverbial sobre. Las mismas chicas que vivían la pensión, se sospecha, ejercían la prostitución en el karaoke de Remedios de Escalada.
“David”, primo de Manuel, terminó con el teléfono intervenido. Una conversación con un remisero fue particularmente reveladora. El remisero dijo: “Puterío coreano. Acá, en Carabobo, entre Santander y Varela viste; hay tres puteríos, y ahí se labura muy bien, con las putas y los clientes”.
“Peki”, otro de los imputados oriundos de Corea, fue señalado como el presunto responsable de la calle Carabobo. Ya tenía una causa en su contra por un delito similar en la Fiscalía Penal Contravencional y Faltas N°24. Intentó hacerse pasar por cliente en el allanamiento; las trabajadoras sexuales lo señalaron como “el dueño”. La adolescente de 17 años también lo marco. En su relato, “destacó ir cuando quería” y que le cobraba “directamente al cliente”.

Las mujeres en el presunto prostíbulo negaron abonarle el porcentaje al presunto cafisho. Sin embargo, en una conversación telefónica que es parte de la causa, una de ellas afirmó: “Vos pensá que nosotras hacíamos una sala 30 lucas, él se quedaba con 15, porque se tenía que quedar con la mitad, vos pensá que si vos hacías una salida vos te llevabas el 50″.
El vocabulario es inequívoco. Los posibles proxenetas coreanos explotaban a mujeres argentinas y brasileñas. Hay un problema aquí, al menos, para los acusadores del caso. Hasta ahora, los fiscales no pudieron probar que las mujeres coreanas tenían sexo con los habitué de los karaokes, lo que puede convertirse en un inconveniente para la acusación de trata. En sus declaraciones, aseveraban que solo acompañaban a los cantantes y amigos en sus cabinas, sin actividad sexual alguna.
Un investigador clave asevera: “En un juicio, una habitación con baño en suite no prueba nada. Dispensers de preservativos hay en cualquier restaurante. Las tareas de inteligencia, básicamente, no se hicieron dentro de los locales mismos”.
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