
En el juicio por la muerte de Diego Maradona, todo lo que comenzó con un rumor se terminó confirmando, más temprano que tarde, con la intervención de la Justicia. Primero pasó con el escándalo del documental protagonizado por la jueza Julieta Makintach, descubierto a partir de un sinfín de comentarios entre pasillos que afirmaban la presencia de productores infiltrados en las audiencias con su autorización.
Ahora, sucede con las versiones sobre la mala relación que había entre la magistrada investigada y sus colegas Maximiliano Savarino y Verónica Di Tommaso, a cargo del Tribunal Oral Nº3 de San Isidro, donde se realizó el debate oral por el fallecimiento del Diez que luego fue declarado nulo.
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Los motivos de las rispideces tenían que ver con ciertas actitudes de Makintach, quien peleaba con sus compañeros para tener más poder de decisión que ellos en el juicio: insistía llamativamente con dirigir el debate.
Según supo Infobae, la jueza del escándalo hasta había amenazado a sus compañeros con hacer una queja ante la Suprema Corte bonaerense si no la dejaban tomar el mando.
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En este sentido, una testigo que declaró este martes en el marco de la causa por el documental a cargo de la Fiscalía Nº1 de San Isidro, detalló: “En los recesos siempre se escuchaban gritos, discutían. Desconozco las cuestiones puntuales, pero sí había discusiones. Si se producía alguna incidencia (en el juicio), se iba a deliberar y eran discusiones acaloradas”.
En la declaración, a la que tuvo acceso este medio, describió la situación como “incómoda” para el resto de los funcionarios que trabajaban en el debate. “Cuando íbamos a saludar, después de que terminaban las audiencias y se firmaban las actas del sistema, había veces que escuchábamos gritos o peleas entre ellos y nos íbamos porque era una situación incómoda”.
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Lo mismo aseguró una de las policías a cargo de custodiar la sala de juicio, a quien los fiscales llamaron para ratificar la testimonial que dio al principio de la causa, cuando confirmó que las personas que grababan a escondidas las audiencias del juicio por Maradona eran “gente de Makintach”.
“El horno no estaba para bollos”, agregó esta vez la funcionaria policial acerca de la relación entre los tres jueces que llevaban adelante el debate oral.
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Puntualmente, dijo que varias veces los escuchó hablar muy fuerte y que sus compañeros del tribunal le comentaron en diferentes oportunidades que “la cosa estaba caldeada”.
Además del malestar entre los magistrados, la testigo también reveló por primera vez que había órdenes explícitas del tribunal de no dejar ingresar a la sala al abogado Rodolfo Baqué, el defensor del enfermero imputado Ricardo Almirón que alertó sobre segundas intenciones Makintach al comienzo del debate, pidió que sea recusada y, en consecuencia, lo apartaron.
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La presidencia, preciado tesoro
Según la reconstrucción en el expediente, el momento de mayor tensión entre los jueces previo a que se conociera el escándalo del documental fue cuando la jueza Makintach comenzó a insistirle a sus compañeros con que le dieran la dirección del juicio, que hasta ese momento estaba a cargo de Maximiliano Savrino.
“Los jueces me dijeron que Makintach consideraba razonable que a ella le tocara dirigir el debate porque primero le había tocado a Di Tommaso y después a Savarino. Y como era el tercer año de la causa, decía que le tocaba a ella. Makintach lo que quería era dirigir el debate y por eso asumir la presidencia del juicio, señalando que si para ello era necesario tomar la presidencia del tribunal no tenía inconvenientes”, dijo la última testigo que declaró.
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Una aclaración pertinente: una cosa es el cambio de presidencia del tribunal y otra el de la dirección de un debate. El primero trae aparejado una serie de cuestiones administrativas relacionadas con todas las causas a cargo de ese órgano judicial, mientras que el segundo tiene que ver estrictamente con la toma de decisiones en el juicio en cuestión, en este caso el de la muerte de Maradona.
Según confirmó la testigo, a fin de no generar más conflicto entre ellos y priorizar la continuidad del debate, finalmente Savarino y Di Tommaso cedieron y le dieron la dirección del juicio. Sin embargo, ese terminó siendo el principio del fin para Makintach: el llamativo cambio alertó a las partes sobre un posible interés personal de la jueza en el caso y en consecuencia pidieron que la investigaran, dando así lugar al descubrimiento del documental.
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“Puedo asegurar que (Savarino y Di Tommaso) me dijeron que nunca le iban a dar la presidencia del tribunal porque cualquier problema que surgiera en cualquier causa de cualquier índole, los que debían responder después eran ellos dos (...) En la dirección del juicio cedieron para evitar más discusiones”, concluyó la testigo.
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