
Luego del hallazgo de ataúdes y bolsas con restos humanos sin identificar en el cementerio de La Plata, la Municipalidad local informó que llevarán adelante medidas tendientes a garantizar su registro y posterior inhumación, a la vez que enviarán documentación a la Justicia para esclarecer los hechos, en el marco de una causa que se tramita en la Unidad Funcional de Instrucción N°15, a cargo de la fiscal María Cecilia Corfield.
Esta mañana, el intendente platense Julio Alak se hizo presente en el cementerio municipal junto al director de Personas Desaparecidas de la Provincia, Alejandro Incháurregui. En ese contexto, las autoridades adelantaron un registro de los féretros y restos óseos encontrados sin su correspondiente identificación. También comunicaron que, una vez concluido el mismo, “se buscará implementar un programa de inhumación de los restos, atendiendo a la dignidad que les es inherente por su condición de los seres humanos que fueron”.
Desde el Municipio señalaron que aportarán “todos los elementos necesarios a la fiscalía interviniente en pos de que pueda avanzar en la investigación y esclarecer las responsabilidades del caso”.

En el cementerio se encontraron féretros cerrados, por lo que aún no se determinó qué hay en su interior, y restos óseos en bolsas que son propias de personas que estuvieron inhumadas en tierra. A partir de ello, en primer lugar, empezará un trabajo exhaustivo en cada uno de los cuatro depósitos donde se hallaban, “separando los cajones para encontrar información específica que permita realizar los procedimientos tendientes a establecer el lugar de inhumación original”. Recién una vez concluido este proceso, se procederá a la reinhumación de los restos.
Tanto el registro como el programa de inhumación se llevarán adelante con la conducción de Incháurregui, experto en Antropología Forense, quien fue uno de los fundadores del prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense.

En total, fueron 501 los ataúdes abandonados y 200 las bolsas con restos humanos contabilizados en espacios que no eran morgues ni estaban destinados a la conservación de cadáveres o restos óseos humanos.
El macabro hallazgo se produjo a raíz de una serie de auditorías realizadas en distintas dependencias de la ciudad por pedido del intendente, con el fin de garantizar la transparencia de la administración municipal, dijeron desde la comuna. Así fue como agentes del Municipio y la Dirección Provincial de Registro de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad bonaerense recorrieron el cementerio y se toparon con el horror.

Según precisaron desde el municipio, uno de los primeros lugares donde advirtieron anomalías fue en el panteón denominado “Protectora”. Se trata de un subsuelo con escalera, donde los inspectores percibieron olor fuerte y nauseabundo y descubrieron 16 féretros de madera con una protección interior metálica, lo cual denota que su procedencia pudo ser de una bóveda o de un nicho.
Varios cajones estaban en el piso con agua estancada. Ninguno tenía las identificaciones correspondientes, no estaban las chapas que contienen esa información necesaria. Para las autoridades, esto “no ha sido producto de un desgaste natural”, sino que “se trató de un acto llevado a cabo de forma deliberada”.
“En este sentido, sospechamos que, respecto a las bóvedas y nichos, a las que pudieron pertenecer dichos ataúdes, pudo haber algún manejo fraudulento de los mismos”, señalaron en la denuncia.

En un segundo depósito, en la llamada “sala de velatorios”, se hallaron arrumbadas cerca de 200 bolsas de consorcio negras con restos óseos, muchas sin estar identificadas con nombre, nicho y ubicación catastral. Allí también se encontraron otros 15 cajones féretros de madera.
El tercer espacio relevado está ubicado en el segundo piso del edificio, en la entrada del cementerio sobre calle 31, donde se divisaron 340 féretros de personas adultas y otros 22 correspondientes a niños, ya que tenían la identificación de “angelitos”. De igual modo, también había bolsas de consorcios con restos óseos y huesos desparramados por el piso.

Por último, en el cuarto depósito, denominado “galpón de arena”, se visualizaron cuatro lugares separados con más de 107 ataúdes apilados indiscriminadamente y más bolsas negras de consorcio con restos humanos.
En la denuncia, además, desde el municipio mencionaron que “todos estos sitios, además, se encontraban en muy mal estado de conservación y limpieza, con olores nauseabundos, agua estancada e incluso calaveras”. Se desconoce el tiempo que llevaban en estas condiciones.
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