
“Es una vergüenza lo que hicieron de publicar las direcciones. Ya van a tener respuestas nuestras”. Desde la puerta de su casa, ubicada en la localidad de Munro, partido de Vicente López, la madre de Ignacio Retondo (22), uno de los seis detenidos por la brutal violación grupal de una joven de 20 años ocurrida en Palermo, arroja su amenaza y pega el portazo, harta de ver su domicilio viralizado por gente indignada en internet. Su perro negro ladra. Los vecinos que salen del supermercado chino que está justo enfrente de la propiedad observan la secuencia en silencio. Nadie quiere preguntarles nada.
“Los conocemos, claro. Acá los consideramos de los mejores vecinos. Sobre todo a la mamá: es una mujer muy querida”, dice un rato después a Infobae uno de ellos.
Hasta hace dos días la familia Retondo era una más del barrio de esa zona Norte de la provincia de Buenos Aires. Ahora, perdieron el anonimato. “Fue un golpazo escuchar el apellido de su hijo en el noticiero. Ni te digo ver su foto. Aunque no teníamos trato con él, lo veíamos paseando a su perro en las tardes. Todo esto nos cayó como una bomba”, coincide un matrimonio que vive hace más de cinco décadas en la misma cuadra que los Retondo.
Hoy, Ignacio es un paria.

Haber posado en una foto con Retondo y tenerla publicada es garantía de críticas e insultos. Estudiaba relaciones internacionales en la UNSAM: la facultad decidió suspenderlo. Militaba en la organización kirchnerista Lealtad Vicente López. De allí lo expulsaron también y el Frente de Todos lo repudió. Hasta su viejo club de básquet fue en su contra con un duro comunicado. Su pasado también volvió por él. Este martes por la mañana una joven de 21 años lo denunció en la Justicia de San Isidro por un hecho de abuso en una fiesta que ocurrió cuando la víctima tenía 14.
Así, Retondo espera ser indagado en una jaula de la Policía de la Ciudad. Mientras tanto, su madre cierra la puerta y grita.

La casa donde se crio, y donde vivía hasta caer preso, es modesta, típica de la clase media horizontal de la zona Norte: fachada blanca, ventanal con vista a la calle, garaje y el pasto bien cortado. Siempre fue un chico del barrio, literalmente, su vida transcurrió en Vicente López, con un estilo que mutó de tincho a hippie en los últimos años. Fue alumno del Instituto Santa Rosa de Lima, un colegio que queda a menos de diez cuadras de su casa y jugó al básquet en la Unión Vecinal de Munro, un club emplazado a dos cuadras de la escuela.
Ayer, martes, desde el club emitieron un comunicado para asentar su postura acerca de lo ocurrido este lunes en Palermo, “y que involucra a vecinos de nuestro distrito”, dijeron. Subrayaron que el machismo patriarcal ya no tiene lugar, que la Justicia debe actuar.
La nueva denuncia en su contra es otra historia. ”No le conté a nadie en ese momento, lo anulé y tenía mucho miedo por estos mandatos sociales que nos hacen creer que nosotras somos las culpables, que lo provocamos”, dijo la víctima durante una entrevista con Telefé Noticias, y agregó: “Fue muy difícil hablarlo, tenía mucho miedo del ‘qué dirán’”.
Según confirmaron fuentes judiciales en San Isidro a este medio, la víctima se presentó en la Comisaría de la Mujer y la Familia de Vicente López y fue remitida a la Oficina Fiscal del Fuero Penal y Juvenil de San Isidro, a cargo de la fiscal Silvia Gremes, ya que si bien el acusado actualmente es mayor de edad, este episodio ocurrió cuando tenía 15 años.
Los vínculos entre los implicados en la violación grupal de Palermo son difusos. Ángel Ramos, el más complicado de los acusados tras haber sido detenido mientras arrastraba a la victima de la escena del hecho, es de Laferrere, era changarín, padre de una nena. Su familia no sabe quiénes son sus cómplices de causa. Pero Retondo y Lautaro Ciongo Pasotti tienen un vínculo histórico, una larga amistad.

Quienes los conocen, describieron a Infobae que “la relación que tenían era de hermanos”. También, pregonaban un discurso que difiere crudamente de la imputación en su contra. Decían ser feministas.
“Eran muy unidos. Donde iba uno, iba el otro. Siempre estaban juntos. Juntos, incluso, asistieron a las manifestaciones a favor de la despenalización del aborto. Se autoproclamaban ‘deconstruidos’ y tenían un discurso feminista también”, confió a este medio una joven que los conoce hace años.
A este testimonio se suma el de otra mujer que ayer a la tarde asistió a la marcha autoconvocada por agrupaciones feministas en Munro, a muy pocas cuadras del domicilio de Retondo, para reclamar “Justicia” y pedir la erradicación de la cultura de la violación.

“Estuve con ellos la semana pasada. Yo no lo puedo creer. Compartíamos cervezas juntos. Me han acompañado a mi casa de noche para que no volviera sola. Yo pensando que estaba segura cuando no lo estaba. Es nefasto pensar que no me pasó nada porque tuve ‘suerte’. La imagen de un violador es la de un monstruo, pero mis amigas y yo compartíamos amistad con ellos”, dijo.
Tras la movilización de ayer, este mediodía, las cuadras de la Avenida Mitre, la principal del barrio de Munro, amanecieron empapeladas con los rostros de los seis detenidos por la violación grupal en blanco y negro. Abajo, en letra imprenta mayúscula, podía leerse: “Violadores. Basta de terrorismo machista”.

Retondo y Ciongo Pasotti estudiaban juntos en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Esta mañana, la institución los suspendió preventivamente y no descarta expulsarlos. Aunque no compartían carreras, según sus perfiles de LinkedIn, el primero se identifica como estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (desde 2019); mientras que el segundo lo hace como estudiante de la carrera de Arquitectura.
Juntos, también, este verano se fueron de viaje mochilero por distintas provincias del país: Tucumán, Salta, Jujuy, Córdoba y La Rioja. En las imágenes que Retondo compartió en su cuenta de Instagram se los ve posando en la ruta, en un Jeep color rojo y tocando instrumentos musicales entre distintos lugares. Tras las rejas, Ciongo Paciotti logró que su cuenta sea cerrada como privada. En cada posteo le escribieron decenas de insultos.
Por el momento, la causa por abuso agravado a cargo del Juzgado N°21 con el magistrado Marcos Fernández se maneja con hermetismo. Infobae visitó el Juzgado N°21 este miércoles por la mañana para conocer el estado del expediente. Una empleada en mesa de entradas aseguró que por órdenes del magistrado no se le brindará información a la prensa.
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