
Alejandra llegó temprano a su trabajo en una reconocida empresa multinacional aquel 13 de enero de 2016. A las 11 de la mañana ya había despachado a la mayoría de los clientes y aprovechó la pequeña pausa para leer algunas noticias en su celular. Apenas encendió la pantalla vio un mensaje de Julio R., su ex. Se sobresaltó con sólo ver la notificación pero cuando leyó el contenido directamente se paralizó.
El mensaje decía: “Respetame y te respeto. Si no, todo se va a la mierda. No me jodas al pedo. ¿Tu papá sabe que te filmaste cogiendo?”.
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El hombre con el que compartió gran parte de su vida, y con quien tenía un hijo, la hostigaba con mostrar videos y fotos de su intimidad.
Este fue tan sólo el comienzo de una serie de extorsiones, maltratos y violencia que Alejandra denunció en la Justicia. Cuatro años después, la historia culmina. Julio fue condenado por el delito de amenazas coactivas a dos años de prisión en suspenso por Tribunal Oral Criminal N° 4.
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El fallo de 57 páginas, al que tuvo acceso Infobae, comienza con el relato descarnado de Alejandra, un nombre ficticio empleado para esta nota para proteger a la víctima, sobre su relación con Julio R., empresario dedicado al rubro petrolero y de combustibles, parte de una sociedad anónima del rubro desde 2015 según el Boletín Oficial, cuya identidad real también es mantenida en reserva para no exponer a su ex pareja.
“Nos conocimos de casualidad a principios de 2014. Él fue cliente mío y luego me invitó a almorzar y ahí empezamos a salir. Consolidamos la pareja en febrero de 2015 cuando nació nuestro hijo y nos fuimos a vivir juntos a un departamento en Coghlan. En ese momento la relación se volvió caótica. La convivencia fue un infierno”.
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Luego la víctima, hoy de 41 años, contó ante el juez lo que sufrió al momento de dar a luz a su hijo: “Ya cuando estaba embarazada viví muchas situaciones de agresión, insultos y menosprecio. Me quería obligar a que vayamos a un boliche swinger y que otros hombres se acuesten conmigo, yo no quería. Tan mal la pasé que nuestro bebé nació prematuro por tanta angustia que yo sufría”.
En la resolución judicial se cita, a modo de ejemplo para demostrar el maltrato, un mensaje que el acusado le envió a la víctima el 28 de enero de 2016: “Vos sabrás quién sos calentando tipos a full y cogiendo con cualquiera. Prostituta decís vos, no yo. Mi sobrino cuando vio tu Facebook hace días dijo ‘qué puta es’. Así te ven los hombres”.
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Alejandra relató también las noches en las que solía dormir con su bebe de 4 meses en el banco de una plaza de Cohglan. Prefería eso a compartir el departamento con Julio: “Era tanto el maltrato que eso era mejor. Insultos constantes, gritos, faltas de respeto hacia mis creencias religiosas, hostigamiento desde el lado económico porque yo en ese momento no trabajaba. Fueron noches duras”.
Alejandra decidió ponerle punto final a su tormento un día que, tal como relató, estuvo “al borde del colapso”. Tomó sus cosas, a su bebé y se fue del departamento a la casa de sus padres en la zona norte del Conurbano. Una vez que se alejó, pensó que todo había terminado o que, al menos, la situación iba a mejorar. Se equivocaba. Sucedió todo lo contrario. Hubo una situación en particular que desencadenó en la furia de su ex y en la sextorsión.
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Otra ex novia del imputado, que se había enterado de la situación, se comunicó con Alejandra y compartieron sus traumáticas vivencias. “Me contó que ella había vivido lo mismo que yo”.
Cuando Julio R. se enteró de esta comunicación entre sus ex supuestamente comenzó con amenazas de todo tipo. Así, le mencionó a Alejandra las imágenes íntimas en su poder. El mensaje completo, citado en forma completa, fue tomado como prueba por la Justicia:
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“De mi vida y mi flia no hablás. Que te quede claro. Si no voy a empezar a hablar yo de vos por todos lados. Respetame y te respeto. Si no, todo se va a la mierda. Tengo unas fotos y unos videos hermosos. No me jodas al pedo. ¿Tu papá sabe que te filmaste cogiendo?”
En otro mensaje, de la misma fecha, continúan las amenazas, siempre con eje en las imágenes íntimas: “Dale tarada, mal educada, creída de mierda. Yo estaba trabajando tranquilo y por tu conventillo del orto con (menciona a su ex novia) me rompen las pelotas. Y no creo que donde trabajás les guste tu video. La que es de cuarta sos vos. Punto”.
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La víctima, según siempre su relato en el tribunal, intentó restarle importancia a la posible difusión con el objetivo de disuadir a su ex: “Los videos eran de sexo explícito y se veía mi tatuaje y mi cara. Yo tenía terror de que lo vea mi familia y la gente del trabajo. Su objetivo era manchar mi buen nombre. Me hice la superada diciéndole que mis padres ya sabían que yo me filmaba, que yo se los había contado. Fue mi estrategia para que no los suba. Al día de hoy no sé si efectivamente los posteo en alguna página porno”.
Con las amenazas registradas en su celular y su estado emocional al borde de la saturación, Alejandra realizó la denuncia correspondiente en la Oficina de Violencia Doméstica que depende de la Corte Suprema. Los especialistas de esa dependencia elaboraron un informe psicológico que fue incorporado en la condena del TOC N°4:
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“De su relato se desprende el involucramiento en un vínculo de pareja de naturaleza abusiva, que habría erosionado su autoestima y limitado su autonomía. Al momento de la entrevista se evalúa un discurso ordenado, coherente, y secuenciado, denota angustia y ansiedad ante los hechos que narra”, aseguraron.
Cuatro años después de la denuncia, el pasado 20 de agosto, se realizó el juicio oral. El juez Julio Báez, que preside el tribunal, entendió que las amenazas estaban probadas y que el objetivo de Julio R. era el de evitar el contacto entre sus ex y, además, “condicionar de manera psíquica a su ex pareja en referencia específica a la libertad de caminar por la calle, concurrir a su trabajo o al colegio del hijo que poseen en común sin estar pensando que la gente pudo haber visto el video”.
Así, el veredicto se suma a otros que comienzan a producirse a lo largo del país en diversos fueros para castigar la pornoextorsión o sextorsión, sin un marco legal aún definido a nivel nacional. “Los Jueces creyeron en los dichos de la mujer, escucharon tanto su relato y examinaron las pruebas, como las de su victimario. Y resalto este detalle, por que no es menor, las mujeres no hablábamos porque no se nos creía, así de simple, se nos mandaba de nuevo a casa si denunciábamos hechos de violencia doméstica”, explica la doctora María Paula García, abogada especialista en cuestiones de género.
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