
“Vi un lugar de mucho miedo, oscuro, negro... Y lo puedo contar ahora porque, a veces, tenía miedo de que la gente pensara que estaba medio pirado cuando relataba esta historia. La mitad de mi cuerpo estaba en un rectángulo. Yo lo insultaba, para mí era el diablo. Había una ventana, era un horror”, dijo Sergio Denis en una entrevista. Hablaba del episodio que había vivido en el año 2007, cuando sufrió un paro cardíaco en Paraguay por el que permaneció 17 minutos sin signos vitales.
En aquel momento, sus palabras despertaban intriga y asombro. Tal vez, un poco de morbo. Pero nadie imaginaba que lo que el cantante había experimentado podría llegar a ser una premonición. “Había tenido una imagen de caerme del tablón. Y yo caía en la muerte. Era un espacio negro e iba para abajo. Quería parar y no podía”, había agregado en esa oportunidad. Pero lo que les quedaba, tanto a él como a sus interlocutores, era el alivio de saber que, pese a haber estado en esa situación límite, había podido sobrevivir.
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Por entonces, el cantante tenía 58 años y se encontraba en un hotel cuando comenzó a sentirse mal y fue trasladado al Hospital San Roque de Asunción, donde lograron reanimarlo después de una intervención quirúrgica que duró más de tres horas. ¿Acaso alguien podía pensar que doce años después, más precisamente el 11 de marzo de 2019, Sergio sería el protagonista de una caída similar a la que su mente había fantaseado? ¿Y qué, tras catorce meses de lucha, el 15 de mayo de 2020 terminaría falleciendo como consecuencia de esa tragedia? Tragedia que, además, podría haberse evitado...

El guion de la vida de Héctor Omar Hoffmann -tal el verdadero nombre del artista-, tuvo todos los condimentos. Para bien y para mal. Pero el final, definitivamente, fue inadmisible. Porque las había pasado todas. Sin embargo, a punto de cumplir los 70 años, el cantante estaba lleno de proyectos. Y estaba entusiasmado planeando un show en el Estadio Luna Park, con el que pensaba celebrar sus siete décadas de vida junto a sus fans. Hasta que una pasarela peligrosamente improvisada y un mal paso, terminaron con su vida.
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Como una burla del destino, aquel día Sergio había empezado a entonar las primeras estrofas de Te llamo para despedirme, tema que había grabado en 1969 cuando recién estaba dando sus primeros pasos en el mundo de la música. Dicen que no estaba en su mejor día. Pero, profesional como era, se había subido al escenario del Teatro Mercedes Sosa de San Miguel de Tucumán dispuesto a dar lo mejor de sí, sin imaginar que ese sería su último recital.
El público lo miraba extasiado. Y él, como solía hacer en cada show, caminó por la pasarela que se había montado sobre el foso de orquesta de tres metros de altura, con la única intención de llegar hasta la platea y saludar a su gente. Entonces todos levantaron sus celulares para registrar el momento. Pero después, llegó el espanto. Mientras miraba a sus fans, Sergio dio un paso hacia atrás. Calculó mal. Trastabilló. Y cayó al vacío.
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Lo que tanta angustia le había generado en su mente, de pronto, se había hecho realidad. La caída, el poso oscuro, el fantasma de la muerte...Minutos después, Sergio fue trasladado de urgencia al hospital Ángel C. Padilla de esa ciudad tucumana. Ingresó a la guardia con múltiples contusiones y, tras realizarle todo tipo de estudios, la directora del nosocomio, Olga Fernández, confirmó que se trataba de “un cuadro grave con pronóstico reservado”. Entonces, el país entero estuvo en zozobra.

Los hijos del cantante, Federico, Bárbara y Victoria Hoffmann, frutos de su matrimonio con Mirta Messi, nunca bajaron los brazos. Y, en cuanto él experimentó una leve mejoría, decidieron trasladarlo al Sanatorio Los Arcos de la ciudad de Buenos Aires, donde se le practicaron dos intervenciones quirúrgicas relacionadas a un derrame pleural que le comprimía el pulmón derecho y un proceso infeccioso intestinal grave. Finalmente, en el mes de mayo de ese mismo año, optaron por llevarlo al centro de rehabilitación ALCLA del barrio de Belgrano, con la esperanza de que pudiera mejorar su calidad de vida. Pero lo cierto es que Sergio, nunca más, volvió a ser el mismo.
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Había sido uno de los artistas más exitosos de la Argentina: tenía fama, las mujeres lo amaban y, en el pico de su carrera, había facturado fortunas con su trabajo. También se había fundido por una mala inversión, cuando en 1995 quiso hacerse cargo del Coliseo de Lomas de Zamora y terminó arrastrando una deuda millonaria a lo largo de 17 años. Había perdido la voz por el estrés que esta situación le había ocasionado, lo que no le permitía trabajar. Y había terminado sumido en una profunda depresión, que lo había inducido a la automedicación, por lo que en 2010 debió internarse en una clínica neuropsiquiátrica. ¿En otras palabras? Había conocido todo lo bueno y todo lo malo. Al extremo.
Sin embargo, en los últimos años, Sergio había estado tratando de encontrar el equilibrio. La madre de sus hijos, con quien él mismo reconoció haberse portado mal, nunca le soltó la mano. Y aunque a raíz de su separación sus propios descendientes se habían alejado de él, con el tiempo había podido restablecer este vínculo. También había vuelto al ruedo a nivel profesional. Y había podido saldar sus cuentas. De manera que, aunque no estaba en su mejor momento y cada tanto se bajoneaba, se mostraba dispuesto a seguir dándole pelea a la vida. Hasta que todo se terminó.
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Tras el accidente, Sergio estuvo “desconectado de la realidad”, según confesaron sus allegados. El 16 de marzo del 2020, en pleno comienzo de las restricciones por la pandemia del coronavirus, cumplió sus 71 años. Solo pudieron visitarlo sus familiares más cercanos. Y todos coincidieron en que él ya no estaba ahí. Finalmente, un mes más tarde, falleció. La causa que investiga las responsabilidades sobre su muerte, aún sigue sin resolverse. Y su familia sigue pidiendo justicia. Mientras tanto, temas como Te quiero tanto, quizás uno de los más populares de la Argentina, lo mantienen siempre vigente entre sus fans.
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