
Eran cerca de las dos y media de la madrugada del lunes 1º de marzo cuando investigadores, efectivos de la Policía Bonaerense y peritos forenses ingresaron a la casilla ubicada en la calle Magnolia al 1100 en Virrey del Pino, partido de La Matanza.
En el interior del domicilio estaba su dueño, Fernando Ezequiel Cáceres, de 35 años. Estaba sentado en un banco: lloraba desconsolado. “No podía creer que había matado a otra persona. Nunca en su vida había disparado un arma. Lloraba todo el tiempo”, reveló a Infobae una fuente cercana al caso, investigado por la UFI de Homicidios de La Matanza con el fiscal Federico Medone.
Poco antes, Cáceres, un docente, mató de un disparo con una escopeta Browning doble caño calibre 16 a un delincuente que trató de meterse en su casa y lo amenazó con un machete.
Resulta paradójico, pero Cáceres había regresado a ese domicilio unas horas antes, durante la tarde del domingo 28 de febrero, después de haber pasado varios meses en otro hogar. Había vivido allí durante años junto a su familia. Había logrado levantar las paredes de la humilde casa con sus propias manos, a base de chapas, tablas de madera y algunos ladrillos.
Con el tiempo, la situación en esa zona de Virrey del Pino, cerca del barrio San Pedro, se volvió muy peligrosa. Fue por eso que, varios meses atrás, había decidido mudarse con su familia a otro lugar.
Circunstancias y problemas personales lo obligaron a regresar a su casa de la calle Magnolia, donde ahora vivía solo. Pero Cáceres sabía de los peligros a los que se volvía a enfrentar. Fue por eso que un cuñado le prestó la escopeta de caza. Lo que está claro es que Cáceres jamás imaginó que en esa misma primera noche de su regreso, sería víctima de un intento de intrusión en su casa por parte un hombre que amenazaba con matarlo con un machete.
Cáceres, que trabaja como profesor de taller en una escuela técnica de la zona, declaró ante los investigadores que el inicio del incidente se dio cuando él ya se encontraba durmiendo en el domicilio.
El joven escuchó el ruido de un vidrio roto. Era una de las ventanas traseras, que había sido estallada con un machete por un hombre encapuchado. Previamente, el intruso había trepado una medianera que separaba a la morada con la calle.
El docente relató haber visto al hombre encapuchado dar vueltas alrededor de la casa, como si estuviera intentando encontrar la mejor manera de meterse en la casilla para robar.
Al notar el peligro, Cáceres tomó el arma que tenía cargada, se puso detrás de una puerta y le gritó al ladrón “¡Por favor, andate que estoy armado!”. El delincuente no se sintió amedrentado y redobló la amenaza con la rotura de otro vidrio con el machete.
Fue entonces que Cáceres, según su propio relato, intentó asustar al delincuente y disparó con la escopeta a una de las paredes de madera de la casa. Al desconocer el mecanismo del arma, apretó sin darse cuenta el doble gatillo. Se trata de una escopeta yuxtapuesta que, al apretar los dos gatillos, provoca dos disparos diferentes en secuencia, como si se tratara de dos tiros seguidos.
El disparo impactó contra la pared y lo siguiente que el docente escuchó fue el golpe de un cuerpo contra el suelo. Su intención era efectuar un disparo para amedrentar al ladrón y que éste se escapara, pero los proyectiles atravesaron la madera de la pared y se incrustaron en el pecho del asaltante, que murió prácticamente en el acto.
Al acudir al domicilio, los investigadores pudieron constatar el peligro al que estaba enfrentado el docente. Los médicos legistas determinaron que la mano derecha del delincuente se había ajustado al mango del machete. Así, el ladrón perdió la vida con la cuchilla en su mano. Nunca la soltó.
El fiscal que actúa en la causa, Federico Medone, resolvió que el docente actuó en legítima defensa y que su vida se encontraba en un peligro real al ser atacado por un delincuente con un machete dentro de su propia casa.
Por su lado, hasta ahora no se pudieron obtener datos sobre el ladrón muerto. Falto de documentos, la Justicia le aplicó al cadáver el rótulo de NN y, al menos al cabo de las primeras 24 horas transcurridas desde el hecho, nadie se acercó a las comisarías de la zona a reclamar por el cuerpo.
De acuerdo a fuentes cercanas a la investigación, se trata de un hombre mayor de edad, cercano a los 35 años. En tanto, se confirmó que el delincuente no fue asistido por ningún cómplice.
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