25 de mayo de 1973: la liberación de los presos políticos de la cárcel de Devoto
25 de mayo de 1973: la liberación de los presos políticos de la cárcel de Devoto

El miércoles 23 de mayo de 1973 el corazón de Pedro Cazes Camarero latía con ansiedad. Sabía que eran horas cruciales. No solo se definía la libertad de los presos políticos sino que tenía que jugar un ajedrez complejo.

En efecto, Cazes Camarero era el delegado de los militantes del ERP en Villa Devoto y esperaba en un pasillo la entrevista con el director del penal.

El delegado de los presos peronistas, Freddy Ernst, apoyaba abiertamente la asunción de Héctor Cámpora, cosa que sucedería 48 horas después. Cazes Camarero, en cambio, representaba a los presos de la izquierda proguevarista, que en absoluto simpatizaban con el dentista de San Andrés de Giles o El Tío, como le decían al eternamente sonriente Cámpora.

Un par de guardias vestidos de gris estaban cerca de Cazes Camarero, en solitario hasta ese momento en un frío banco cercano a la capilla del penal.

 
La cárcel de Devoto en 1973 y las pintadas revolucionarias (Foto: Alicia Sanguinetti, libro “El Devotazo”)
La cárcel de Devoto en 1973 y las pintadas revolucionarias (Foto: Alicia Sanguinetti, libro “El Devotazo”)

De repente, se le sentó al lado un hombre corpulento, muy bien alimentado, portador de unas manos que a Cazes le parecieron convincentes. Sin duda era un preso, pero no era de la tribu de los militantes revolucionarios, aunque tampoco tenía uniforme.

El grandote de bigotes y anteojos de marco grueso lo saludó arrastrando las erres en un castellano precario. Cazes, militante marxista, farmacéutico, lector empedernido, de inmediato le preguntó si era francés.

-Efectivamente, soy François Chiappe –y la mano derecha de Cazes terminó literalmente envuelta por la enorme diestra del francés.

Con perfume francés

El apellido Chiappe le sonaba a Cazes como italiano, pero no era costumbre en la cárcel hacer preguntas inconvenientes y el militante revolucionario no tenía idea de que estaba sentado al lado de un hombre que había sido soldado en la Segunda Guerra y que luego había estado destinado en Argelia, mucho antes de que se iniciara la guerra de liberación en ese país.

Pese a haber recibido una medalla al valor, Chiappe fue corrido del Ejército francés en 1947 cuando Charles De Gaulle promovió las purgas contra los colaboradores de los nazis: se había demostrado que Chiappe había sido uno de ellos.

François Chiappe: peleó en la Segunda Guerra, estuvo destinado en Argelia y fue colaborador de los nazis  (Foto: Gentileza La Voz del Interior)
François Chiappe: peleó en la Segunda Guerra, estuvo destinado en Argelia y fue colaborador de los nazis  (Foto: Gentileza La Voz del Interior)

Cazes le sonrió, olió un perfume penetrante y solo reparó en que no llevaba uniforme de preso, como la mayoría de los que estaba en Devoto.

Nunca imaginó que ese hombre, que tenía 53 años recién cumplidos, apenas de haber sido excluido del Ejército francés había cometido un robo y que luego sus pasos se perdieron por laberintos más profundos: su origen corso lo llevó a ser parte de la Unione Corsa y más tarde a ser miembro de la Organization de l' Armée Secrete (OAS).

La primera era una organización mafiosa dedicada, entre otras cosas, al tráfico de heroína desde el sudeste asiático. La segunda, un grupo de ex militares de ultraderecha que odiaban a Charles De Gaulle, añoraban el colaboracionismo con los nazis y, además, aprovechaban haber sido parte del Ejército francés en Indochina, de modo que tenían fluidos contactos con los cultivadores de una variante de amapolas llamada adormidera que se da muy bien en el llamado Triángulo de oro, una espesa selva cruzada por ríos en la intersección de Birmania, Laos y Tailandia. De esas amapolas, conocidas por el hombre hace cuatro mil años, se hacen drogas alucinógenas tales como la heroína.

Héctor Cámpora
Héctor Cámpora

Chiappe le dijo a Cazes que estaba en un pabellón pequeño. Por la descripción, correspondía a los detenidos por temas financieros. Allí tenían más visitas, televisor, andaban sin uniforme. Por el ancho de Chiappe era evidente que, además, comían muy bien.

Cazes, militante marxista enemigo de las ultraderechas europeas, ferviente lector del psiquiatra Frantz Fanon, no podía imaginar que estaba sentado justo al lado de uno de los acérrimos enemigos de la liberación argelina. Fanon atendía a los militares franceses en Argel, muchos de los cuales mostraban perturbaciones por la crueldad con la que trataban a los detenidos, y había concitado la atención de los progresistas franceses con su libro "Los condenados de la tierra", prologado por Jean Paul Sartre.

-¿Va a ver al director? -preguntó Cazes y Chiappe contestó una vaguedad.

Años después, cuando habla con Infobae, el delegado de los presos del ERP cree recordar que le dio el nombre de su eventual interlocutor: Roberto Petinatto. Se trataba del ex director de los institutos penales de Juan Perón hasta ser derrocado en 1955. Pettinato había hecho cerrar la cárcel de Ushuaia a poco de asumir en el cargo, un lugar de confinamiento y tormento del cual raramente volvían los presos.

Era la contracara del autoritarismo y, sin embargo, una figura con capacidad de liderazgo en el ambiente de los guardiacárceles: Pettinato provenía de una familia inmigrante, había sido guardiacárcel y había llamado la atención de Perón porque se destacaba en lucha libre.

El comisario Roberto Pettinato (Foto: Museo Penitenciario)
El comisario Roberto Pettinato (Foto: Museo Penitenciario)

Convocado por el nuevo gobierno que encabezaría Héctor Cámpora, Pettinato había sido designado para manejar las cárceles bonaerenses. Devoto, en cambio, era penal federal.

Cazes, en esas horas cruciales en que se jugaba la liberación de los presos políticos, no le dio importancia a ese encuentro con el francés. Apenas valoró haber ensayado algo del francés que había estudiado en el colegio secundario.

Por esas horas le inquietaba más su propia libertad y la del resto de sus compañeros. Sí recuerda que Chiappe también le dijo que estaba pronta su vuelta a la calle. Por norma, Cazes no preguntó por qué vía sería esa salida. De ningún modo pensó que en la noche del viernes 25 de mayo, cuando dos centenares de militantes presos en Devoto salieran a la calle, ese señor saldría por la misma puerta que ellos.

Prontuario de un corso

Oriundo de Carau, Córcega, Chiappe nació el 15 de mayo de 1920 y desde pequeño lo apodaron "Labios gruesos". Además de robos, fue acusado de proxenetismo. La mafia corsa tenía fama de ser especialmente cruel con las mujeres que no cumplían con las obligaciones que les planteaban sus chulos.

Tal como documenta Osvaldo Aguirre en el libro "La conexión latina", Chiappe llegó a la Argentina en marzo de 1965 con un documento falso a nombre de Silvio Bianchi. Sin embargo, tiempo después blanqueó su propia identidad con el argumento de que Francia lo perseguía "por la actuación político-militar" que había desempeñado.

El día de la liberación d elos presos políticos, Chiappe se fugó: nadie sabe cómo lo logró
El día de la liberación d elos presos políticos, Chiappe se fugó: nadie sabe cómo lo logró

Alquiló un departamento en French y Larrea. Se las ingenió aprender el castellano y, sobre todo, se preocupó por tomar contacto con otros connotados integrantes de la mafia corsa.

Un lugar habitual para esos encuentros con otros enemigos de De Gaulle era el restaurante de la Unión Francesa de ex combatientes, ubicado en Santiago del Estero al 1400, pleno barrio de Constitución. Chiappe iba al restaurante no solo a comer sino que pasaba horas jugando al bridge, una de sus pasiones.

Según pudo reconstruir Aguirre, en Francia la mafia corsa había recibido un duro golpe cuando la policía logró allanar algunos laboratorios móviles de fabricación de heroína de gran pureza. Dado que el principal punto de venta era Estados Unidos, Buenos Aires se convertía en una base para la triangulación de droga de alta calidad.

Algo similar sucedía con los contactos en Montevideo y Río de Janeiro. Algo en común podían llegar a tener Chiappe y Cazes Camarero: una visión donde las fronteras nacionales importaban poco.

El libro de Osvaldo Aguirre, “La conexión latina”, y la oscura historia de Chiappe
El libro de Osvaldo Aguirre, “La conexión latina”, y la oscura historia de Chiappe

En el caso de Cazes por una visión internacionalista de la revolución, mientras que para Chiappe eran apenas una línea traspasar por parte de una red de negocios turbios a escala mundial: el opio obtenido en el sudeste asiático que llegaba a Marsella, allí se elaboraba y luego, para desviar la atención de los sabuesos, la mercadería recalaba en el sur de América desde donde viajaba a los Estados Unidos para ser consumida.

Estas historias, a fines de los 60, llevaron a un éxito de taquilla impresionante: "La conexión francesa", donde el genial Gene Hackman interpreta a Popeye, el policía que persigue a los mafiosos. Los estudiosos del tema sostienen que el mafioso de ficción Alain Charnier (interpretado por el español Fernando Rey) es un personaje inspirado en Chiappe. Es difícil saberlo porque al momento de ser escrita la novela y rodado el film, Chiappe vivía cómodamente en Buenos Aires. El libro de Aguirre se llamó "La conexión latina" precisamente para desgranar el eslabón porteño de esa cadena.

Un robo que no cometió

Chiappe se prestaba a celebrar su cumpleaños número 48 cuando su vida se alteró. En efecto, el 15 de mayo de 1968, el corso caminaba por Villa Devoto junto a su mujer, Margarita Naval, veinte años menor que él, y su pequeña hija. Paseaban en las inmediaciones del dúplex de Santo Tomé y Desaguadero, donde vivían sin esconderse de la ley. En un santiamén la calle se llenó de patrulleros y al rato ambos estaban presos en el Departamento Central de Policía.

La detención fue producto de una confusión. Por entonces Chiappe estaba preocupado porque no le resultaba sencillo hacer entrar la droga en Canadá.

En cambio, las autoridades policiales creían haber encontrado a los culpables del asalto a la sucursal Boedo del Banco Nación ocurrido un mes atrás. Los asaltantes, cuidaron al máximo cubrir sus rostros pero no evitaron hablar en francés. O, quizás, lo hicieron para desviar la atención de los sabuesos. Al rato, los federales también llevaron a Lucien Sarti, otro peso pesado de la omertá corsa.

El ex delincuente francés en su casa de la ciudad serrana de La Falda, junto a su mujer Margarita Naval  (Gentileza La Voz)
El ex delincuente francés en su casa de la ciudad serrana de La Falda, junto a su mujer Margarita Naval  (Gentileza La Voz)

Ambos tenían mucho dinero encima y eso hacía más verosímil su participación en el atraco de los 65 millones del Banco Nación, que eran una afrenta para la Policía Federal.

Los diarios, impulsados por los federales, comenzaron a publicar el pasado de Sarti y de Chiappe. Pero sus expedientes no solo estaban vinculados al tráfico de drogas y la prostitución. La prensa se centró en el colaboracionismo con los nazis y la participación en la OAS.

Chiappe se enfurecía cuando lo acusaban de haber sido mercenario de la Legión Extranjera y de haber actuado de modo brutal en varias ex colonias francesas. Sin embargo, esas publicaciones sirvieron de base para todos los perfiles luego creados en torno al hombre de manos grandes y labios gruesos. Al tiempo, el juez Miguel Ángel Inchausti resolvió que ni Sarti ni Chiappe tenían que ver con el atraco.

Lucien Sarti, otro “pesado” de la omertá corsa
Lucien Sarti, otro “pesado” de la omertá corsa

Mientras estuvieron detenidos, ni Chiappe ni Sarti se preocuparon demasiado por las acusaciones de robo, que no eran ciertas, sino por otro tipo de derivaciones. Los dos eran buscados por la Justicia de países europeos: la belga en el caso de Sarti, y la francesa, en el caso de Chiappe.

Sarti estaba condenado a muerte por colaborar con los ocupantes nazis. A Chiappe, en cambio, le cargaban dos muertes en el barrio parisino de Monmartre, por una pelea de control territorial de venta de drogas.

Lo cierto es que lograron salir libres de culpa y cargo, además no se pusieron en marcha los mecanismos para extraditarlos. Chiappe tuvo una suerte adicional: tras la muerte de De Gaulle, ocurrida en noviembre de 1970, hubo una serie de indultos que le permitieron no tener deudas con la Justicia francesa.

El caso de Sarti resultó más enigmático: en noviembre de 1972, la policía mexicana reportó su muerte en un tiroteo, pero más de un investigador sostuvo que se trataba de un montaje y que el hombre seguía gozando de buena salud bajo otra identidad.

A la cárcel, esta vez por la droga

La Argentina estaba conmovida por los crímenes de Trelew, cuando 16 guerrilleros fueron asesinados en una base de la Armada tras rendirse luego de intentar fugarse del penal de Rawson.

El dictador Alejandro Agustín Lanusse había quedado en una posición muy incómoda mientras Juan Perón movía las piezas de un complejo ajedrez en el cual se conjugaba el triunfo electoral con una reivindicación expresa de la libertad de los militantes revolucionarios presos.

En 1972, Alejandro Agustín Lanusse había quedado en una posición muy incómoda mientras Juan Perón movía las piezas del triunfo electoral y de la libertad de los militantes revolucionarios presos
En 1972, Alejandro Agustín Lanusse había quedado en una posición muy incómoda mientras Juan Perón movía las piezas del triunfo electoral y de la libertad de los militantes revolucionarios presos

Ese era el escenario cuando, en septiembre de 1972, los sabuesos franceses, norteamericanos y argentinos lograron detener a Chiappe, acusado de ser el cerebro de un traslado de 46 kilos de heroína de máxima pureza ocultos en el fuselaje de un avión procedente de Francia. Como el destino de la droga era Estados Unidos, la Justicia de aquel país abrió una causa penal pidió su extradición. En medio de ese trámite, el corso fue a parar con sus huesos a Devoto.

Allí estaba el 25 de mayo de 1973 a la noche, cuando el penal de Devoto fue rodeado por miles de personas que exigían la libertad de los presos políticos de la dictadura de Lanusse. El personal penitenciario estaba más que confundido: el flamante gobierno de Héctor Cámpora no quería reprimir y autorizó la liberación de los presos políticos sin esperar siquiera el decreto de indulto ni la ley de amnistía.

Muchos presos que estaban cumpliendo sus condenas o procesados por diversos delitos habían intentado ser incluidos en la nómina de presos políticos. Sin embargo, las propias organizaciones revolucionarias no se prestaron a ese juego.

El mafioso nacido en Córcega, salió por la puerta de Devoto con los militantes revolucionarios liberados: nadie se lo impidió
El mafioso nacido en Córcega, salió por la puerta de Devoto con los militantes revolucionarios liberados: nadie se lo impidió

Cazes Camarero, 45 años después, sigue sin saber a qué juego estaba jugando Chiappe ese 23 de mayo cuando se sentó a su lado mientras esperaba reunirse con el director del penal, pero hay algo indudable: dos días después, el corso salió por la puerta sin que nadie se lo impidiera.

Hoy sigue siendo un enigma quién le abrió los candados que lo condujeron a la libertad.

Ese mismo día hubo otros liberados cuyos pasos resultaron también enigmáticos. Uno era Aníbal Gordon, un violento delincuente que pronto integraría la Triple A y luego los grupos de tareas armados por el general Guillermo Suárez Mason, que estaba preso en la cárcel de Caseros. El otro era Jorge Villarino, un ladrón conocido como el rey de la fuga, que salió de Devoto, igual que Chiappe. Quedará una futura investigación saber si alguien fue el cerebro de la salida de esos tres personajes tan distintos entre sí.

El recuerdo de Cazes Camarero coincide con el relato del autor del libro "La conexión latina". Osvaldo Aguirre incluye un dato inquietante: Chiappe no figuraba en la lista de liberados elaborada por el Ministerio del Interior, pero sí aparecía en preparada por el Servicio Penitenciario Federal.

Amor por la Argentina

Sin embargo, el 7 de agosto de 1973, dos meses y medio después de su salida, al menos irregular, y cuando nadie conocía su paradero, Chiappe se presentó ante el juez que tenía la causa por el tráfico de heroína en los tribunales de la Capital. Lo acompañaba uno de sus abogados, Horacio Longhi, y el mismísimo Roberto Pettinato, que dijo a los periodistas haber ido hasta La Falda, donde Chiappe tenía un campo, para tomar contacto y acompañarlo hasta los tribunales. Según una versión dada por la mujer de Chiappe, el abogado Longhi, que era un hombre del Justicialismo, habría tomado contacto con Pettinato para que éste lo acompañara hasta los tribunales.

Al día siguiente, el juez Eduardo Valdovinos dictó prisión preventiva y el hombre de labios gruesos volvió a la cárcel. Estuvo detenido hasta mayo de 1974 cuando, abultada fianza de por medio, salió en libertad.

 
Chiappe no figuraba en la lista de liberados elaborada por el Ministerio del Interior, pero sí aparecía en preparada por el Servicio Penitenciario Federal
Chiappe no figuraba en la lista de liberados elaborada por el Ministerio del Interior, pero sí aparecía en preparada por el Servicio Penitenciario Federal

A los 54 años, Chiappe regresó a su casa de La Falda con su joven mujer y su hija, dispuesto a vivir tranquilo, lejos de los negocios del tráfico de heroína.

La vida del corso transcurrió apacible hasta que Luciano Benjamín Menéndez, ya consumado el golpe de Estado de 1976, lo hizo capturar y lo trasladó hasta el Centro Clandestino de Detención cordobés de La Perla. Poco después, viajaba extraditado a los Estados Unidos.

Una vez allá, la Justicia norteamericana le ofreció reducir la pena si colaboraba brindando información sobre las operaciones de su organización. El corso, formado en la escuela de la omertá, se negó rotundamente a vender a sus cómplices.

Pero no sólo querían interrogarlo sobre el tráfico de drogas. La Justicia también intentaba establecer una conexión del viejo cómplice de Chiappe, Lucien Sarti con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy.

Cierto o no, Chiappe permaneció mudo. Los norteamericanos fueron duros: lo condenaron a veinte años de prisión, de los cuales cumplió doce.

Lo llamaban “Labios gruesos” Vivió 88 años eludiendo a las policías de todo el mundo. Murió en La Falda, Córdoba, y se llevó los secretos de la mafia corsa en Argentina (Gentileza La Voz)
Lo llamaban “Labios gruesos” Vivió 88 años eludiendo a las policías de todo el mundo. Murió en La Falda, Córdoba, y se llevó los secretos de la mafia corsa en Argentina (Gentileza La Voz)

En 1988 salió libre, viajó a Córcega y a Francia con el propósito de regresar a la Argentina y radicarse de nuevo en La Falda. No pudo cumplir con sus planes porque las autoridades argentinas negaron el permiso.

Chiappe no se desanimó y en 1995 viajó como turista con la intención de quedarse. Cuatro años después, batalla legal mediante, fue expulsado del país.

Pero el corso de labios gruesos sabía que los candados y los expedientes son retórica si se sabe tocar la tecla indicada. Al tiempo volvió a entrar a la Argentina y se quedó con su esposa en La Falda. Esa vez nadie lo molestó.

No volvió a ser noticia hasta abril de 2009, cuando la prensa publicó que un anciano de 88 años, que padecía de demencia senil, había muerto en una clínica cordobesa. Su nombre: François Chiappe.

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