
Esa mujer extremadamente flaca, de rostro severo y andar ceremonioso, y que hacía un mes y días había cumplido los 45 años, ingresaba el miércoles 10 de marzo de 1976 al edificio de la Confederación General del Trabajo, que había inaugurado su marido siendo presidente el 18 de octubre de 1950.
El horno no estaba para bollos. Ante una situación económica descontrolada, debía convencer a los dirigentes gremiales. Muchos de los sindicalistas no disimulaban su enojo ante el anuncio de un magro aumento del veinte por ciento de los salarios.
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El ministro de Economía Emilio Mondelli había asumido el 4 de febrero, y había sido el establishment el que lo convenció de dejar la presidencia del Banco Central para hacerse cargo de Economía en reemplazo de Antonio Cafiero. El flamante funcionario había anunciado el viernes anterior un plan económico cuyo contenido tenía el visto bueno de la CGT y de las 62 Organizaciones.

No todos en el peronismo estaban de acuerdo con las medidas de Isabel. El gobernador bonaerense Victorio Calabró había afirmado que ese plan había sido creado para “matar de hambre a los obreros”. Había sendos pedidos de diputados para interpelar al titular de la cartera de Hacienda, que confirmaba que una semana más tarde iría a la Comisión de Presupuesto y Hacienda.
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Isabel firmó ese día el Decreto 906 que establecía un aumento salarial del veinte por ciento en las remuneraciones vigentes al 31 de diciembre de 1975. Además, se creaba un Consejo de las Remuneraciones, la Productividad y la Participación, que dependería de los ministerios de Economía y Trabajo, y que quedaría sin efecto cuando el Congreso votase una ley en ese sentido.

La presidenta entró por la calle Azopardo 802. Vestía una chaqueta blanca y una camisa blanca con lunares azules. En el salón Felipe Vallese (que lleva el nombre de un obrero metalúrgico de 22 años miembro de la Juventud Peronista, desaparecido en 1962) a su derecha se ubicó Lorenzo Miguel, secretario general de la UOM desde 1970, y a su izquierda Casildo Herrera, un dirigente textil que desde el año anterior era secretario general de la CGT. Y junto a Herrera, el ministro Mondelli.
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“Muchachos, no me lo silben mucho al pobre Mondelli…” pidió Isabel.
El acto se transmitió por cadena nacional, y el locutor dio la bienvenida “en la casa de los trabajadores organizados”. Primero habló Herrera, quien destacó que a los trabajadores no los movía ningún interés personal, y que estaban comprometidos para poder salir de la crisis. El líder de la CGT hizo un llamado “a todos los sectores” para terminar con la evasión de divisas, con la especulación, y contra aquellas maniobras que producían más inflación.
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Habló de un “esfuerzo compartido” y sostuvo que el peso de la crisis no podía caer en las espaldas de los trabajadores. “Hay otros sectores que tienen más para dar”, advirtió.
Luego se leyó el Decreto 906, de cinco artículos, que establecía la creación del Consejo de las Remuneraciones y la Productividad. Los presentes aclamaron a “Isabel”.
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La presidenta dio un discurso de unos 15 minutos. “Para salir de esta situación transitoria requiere de la unión de todos los argentinos y su voluntad para superar esta emergencia”, comenzó. Dijo que tendrían que estar en el banquillo de los acusados los que denuncian la quiebra del gobierno.

La mandataria los identificó como “hombres de mala fe, apátridas y antiargentinos, traidores a la Nación, que empujan al país al caos, por eso sufrimos esta agresión económica, como la destrucción del salario real, especulación, aumento de precios o por reclamos salariales imposibles de satisfacer”.
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“El desabastecimiento, la usura y otras formas de terrorismo económico completan el cuadro de agresión”, denunció Isabel.
Para Isabel, la tarea en la que estaba empeñado el gobierno era una guerra. “Debemos ser custodios del orden económico”, exhortó.
Alabó a la audiencia que seguía su discurso: “Ustedes los trabajadores son los primeros en acudir a esta convocatoria para el esfuerzo de la recuperación nacional”.
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Habló de que había una subversión armada y política de los que acaparan y contrabandean artículos esenciales y los especuladores. “Buscan una Argentina vacía, inactiva y desocupada. O vencemos a las fuerzas de la antipatria con la justicia social y el trabajo organizado o perecemos por el egoísmo individual de unos pocos o de algunos irresponsables”.
Después del discurso, firmó un documento que dejaba en manos de los trabajadores la custodia de la productividad, la remuneración y la participación en la actividad creadora de la empresa.
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“Este gobierno hará tronar el escarmiento que quedará en la historia con la razón de la justicia puesta en la defensa de cada uno de los hogares argentinos." Todos recordaron en 1951 cuando el gobierno peronista lanzó una campaña contra el agio y la especulación, Perón habló en los mismos términos.
El acto cerró con los presentes cantando la marcha peronista, mientras Isabel, con ademanes, alentaba a los presentes.
“Por ahí veo caras medio tristonas. Es lógico, porque cuando hay que ajustarse el cinturón las caras se ponen serias”.
Al salir, habló con los periodistas, los que fueron blanco de desaprobación de la audiencia durante el discurso. “Yo digo que quiero paz, pero hay que dar uno que otro tirón de orejas y una que otra sacudida”.
“Yo sé todo, todo lo escucho, no como dicen por ahí que estoy aislada. Bueno, porque no quiero decir esa palabra que se usa hoy”. Hacía referencia a lo que popularmente todos llamaban “el entorno”.
Ese día, el ministro de Defensa, José Deheza, se reunió con los comandantes de las tres fuerzas para evaluar la escalada terrorista en Córdoba y se hablaba de que Ricardo Balbín, el líder del radicalismo, buscaba reunirse con Deolindo F. Bittel, vicepresidente primero del Partido Justicialista, para armar una estrategia política que permitiese llegar a los comicios de marzo de 1977, que se habían adelantado a diciembre de ese año. Balbín pretendía que en esas elecciones se aplicasen las mismas reglas usadas en los comicios de 1973.
Sin embargo, los hechos de las horas siguientes echarían por tierra los planes, tanto del oficialismo como de la oposición.
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