Primero fue la incesante caminata de los perros por la habitación, sobre la cama, luego un fuerte ruido seguido de un trueno y, finalmente, el corte de luz a las 6.30 de la mañana. El martes 12 de marzo, Silvia Chirino no encontró palabras para implorar ante lo que estaba sucediendo.
Salió de la cama para ver de cerca qué pasaba y el agua le llegaba a las pantorrillas, pero a medida que avanzaba subía y le llegó a tapar las rodillas. Como pudo, desesperada, filmó cada uno de los espacios de la casa en la que convive con los 60 perros rescatados de las calles y mostró la inundación que estaba sufriendo: “Mis hijos no tienen un lugar donde acostarse”, dice mientras se ve a los animales con el agua hasta el cuello. Al igual que cientos de familias de la provincia de Buenos Aires, el temporal dejó estragos en la localidad de Avellaneda y el refugio Amores en adopción no pudo escapar de esa situación desesperante.
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Con el paso de las horas, el agua comenzó a bajar y las consecuencias de la fatal tormenta quedaron a la vista. “Perdí todo, no quedó nada”, resume abrumada, pero a la vez agradecida: “Por suerte, la gente es muy solidaria y ya comenzamos a recibir algunas donaciones”, cuenta la mujer que hace 24 años fundó el refugio en el barrio Villa Castellino, en Avellaneda.
Ahora está limpiando cada espacio de la casona y nota cuáles son las nuevas necesidades: “Alimento para ellos, sábanas, mantas y frazadas para sus camitas”, pide la mujer.
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Quedar bajo el agua
En 2014, el barrio sufrió una inundación que no se compara con esta. “En ese momento, entró agua por el garaje, pero bajó rapidísimo, nada que ver con lo que fue esta vez, pero en toda la localidad, no solamente acá”, remarca. Según datos que difundió Defensa Civil de la provincia, Avellaneda fue una de los distritos del sur de Buenos Aires más afectados por las tormentas de la semana pasada además de zona oeste.
“¡Lo del martes pasado fue terrible! El agua no bajaba sino que crecía, creo que esto pasa porque porque no hace manutención de los de los desagües pluviales ni nada, las boca de tormentas siempre están tapadas. ¡Es un desastre! - admite la protectora de animales-. Aquella vez, en 2014, entró muy poca agua, apenas mojaba los pies, y bajó muy rápido aunque siguió lloviendo”.
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Volviendo a esa noche, cuenta: “Cerca de las 4 de la madreugada, estaba sentada en la cama (porque me relajo mirando series turcas durante la noche) y con el ruido de la lluvia no podía dormir. Empecé a sentir que lloraban y ladraban los perros, sentía que iban y venían por el pasillo. Me pregunté qué estaba pasando porque a esa hora duermen. Pero el problema era la inundación”, recuerda el inicio de la pesadilla.

Afligida, Chirino continúa consu relato: “Era tanto el ruido y lo inquieto que estaban que no me quedó más que levantarme, estaba todo oscuro. Cuando piso el suelo, me doy cuenta que mi dormitorio estaba inundado, ya tenía agua hasta la mitad de la pierna; cuando salí hacia el comedor, me llegaba hasta la rodilla... ¡Sentía una desesperación! ¡Toda mi casa estaba inundada! ¡En mi vida había visto algo igual!”.
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Los perros caminaban entre el agua, desconcertados y sin saber qué hacer. Algunos se subieron a un muro que divide espacios, otros se juntaron en algunos escalones. Silvia sólo pensaba en ellos cuando, a las 6.30 se cortó la luz. La desesperación era completa.
Cuando el agua bajó, notó que lo que hizo por años para que sus perros estuvieran cómodos ya no existía: “No había colchones, no había mantitas, nada...”, cuenta. Cuando la luz del día ayudó, comenzó a levantar lo poco que flotaba y pudo rescatar.
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Pese a las graves consecuencias del temporal en la zona, cuando los vecinos del partido se enteraron de que el refugio estaba bajo el agua no demoraron en hacerle llegar ayuda. “La gente ya comenzó a donar cosas y mi amigo Javi, que hace traslados, las va a buscar donde sea. Él pone su vehículo, Ya mandaron algunas sábanas, por ejemplo”.

Aún consternada, Chirino cuenta: “Todos los perros están bien, se asustaron pero están bien. Pude salvar los comederos y bebederos, así que eso no necesitamos. Si bolsones de comida porque una bolsa de 15 kilos dura un día”.
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Fomentar las adopciones de perros
Luego de separarse de su marido, con quien solía salir a rescatar perros en situación de abandono, lastimados o heridos, Silvia se dedicó de lleno a los perros. “Hace ya 24 años empecé a rescataros sola. Cambié a mi ex por los perros, y ellos son mis amores, mis hijos. Ahora son 60... ¡Bah, suelen ser 60! Es difícil que baje ese número porque la gente ya casi no adopta y cuando buscan perros piden que sean cachorros, chicos de tamaño... Estos son adultos, de más de 6 años, y de tamaño grande, pero se fomentó mucho a los perros de cartera y es lo que buscan...”, cuenta.
Además debe lidiar con el abandono constante. “No falta quien venga a dejar un perro abandono en la puerta, por eso en la puerta no pongo carteles ni nada, para que los que no conocen no sepan que acá hay un refugio. Sino me llaman para dar alerta avisando que hay un perrito tirado en la villa, hecho percha, lastimado... ¡Es un desastre! ¡Y sabés cómo duele eso!”, lamenta Silvia.
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Por eso, desde hace años busca la manera de concientizar sobre ser responsables con la vida de los animales. “Cuando alguien adopta un perro o un gato asume una responsabilidad. Hay que alimentarlos, claro. No es cuestión de llevarlo y si no lo pueden alimentar me lo tiran para que yo me haga cargo, no es mi obligación. ¡No! Cuando se adopta, al animal hay que darle de comer, llevarlo al veterinario, darles las vacunas cuando corresponda, si se enferman llevarlo a que lo revisen... Es como tener una criatura, un hijo más. Sino se tiene ese concepto y ese compromiso, mejor no llevarlo”.

“Por eso, estoy ayudando a la gente con sus propios animales. Entonces empecé a concientizar y explicarles: ‘¡Si es tu perro, pasealo vos! Sacalo con la correa’. Hay que controlarlos. Así, terminé educando sin querer a todo el barrio, ahora ya saben que hay que tenerlos con collar, con chapita y los datos; si no tiene para comprar la chapita, les dije que escriban en el collarcito el teléfono. Me pasó alguna vez que encontré a un perro, llamé a la persona y me dijo que lo dejó en la calle porque no lo quería más, ¡así te contestan¡ ¡A mi eso me pone mal, como loca! ¿Cómo hacen eso?”, pregunta sin comprender algunas malas acciones humanas.
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En estos años, Silvia realiza la tarea sola. A veces la ayuda su hermana o una amiga. “Mónica, que también que es otra proteccionista de hace mil años, me ayuda con las publicaciones de Facebook. Hacemos las dos lo mismo, somos muy amigas desde hace muchos años. Juntas entramos a muchas villas para rescatar perros que estaban en muy mal estado. Hubo un caso de un animal que lo levantamos de la basura, lo estaban prendiendo fuego. Es terrible, por eso reitero siempre, si van a adoptar perros sean responsables, denle una vida digna”, finaliza Chirino.
*Quienes deseen colaborar, recibe donaciones de artículos de limpieza, colchones usados, sábanas, mantas, frazadas de una plaza para los perros; calzado para ella en talle 38 o 39; ropa en talle XXL (prefiere “de entre casa” para estar más cómoda), alimento balanceado, paquetes de arroz, fideos. Además recibe donaciones en el alias mudar.belde.apuro.mp a nombre de Silvia Beatriz Ríos; mail: perritosparadoptar@gmail.com
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