
Justo José de Urquiza, reciente vencedor de Juan Manuel de Rosas en Caseros, el 3 de febrero de 1852, se propuso organizar el país. Escuchó los consejos y opiniones de su círculo de confianza, integrado por Santiago Derqui, Juan Gregorio Pujol, Francisco Pico, Luis de la Peña y Benjamín Gorostiaga sobre cuáles serían los primeros pasos a dar para llegar a una institucionalización.
Peña propuso mandar circulares a las provincias para llegar un acuerdo en la convocatoria de un congreso. “¡Eso es muy lento!”, respondió Urquiza. “Nos exponemos a cada uno brinde su opinión y a demoras interminables. Reunamos a los gobernadores en una conferencia y salimos pronto del paso”.
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Derrocado Rosas, la ciudad de Buenos Aires era un hervidero. En los días siguientes a Caseros, todos estaban a la expectativa de lo que haría el entrerriano, se trataba de mantener el control en las calles y los vecinos salían armados de sus casas. Muchos temían represalias de los vencedores.
La gente de Urquiza sabía que el principal obstáculo para la reunión de un congreso constituyente serían los porteños.
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El 6 de abril organizó en Palermo, antiguo baluarte rosista, una reunión de la que participaron el gobernador de Buenos Aires Vicente López y Planes, el general Benjamín Virasoro, de Corrientes y jefe de su estado mayor y Manuel Leiva, delegado de Santa Fe y que además era su secretario privado. Esas provincias autorizaron a Urquiza la dirección de las relaciones exteriores. Así se estableció en lo que se conoció como el “Protocolo de Palermo”.

El objeto de la reunión a la que convocó Urquiza fue “para formar el preliminar de la Constitución Nacional”.
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Desde marzo algunos políticos como Pujol y Derqui instaban a Urquiza a firmar el decreto de la capitalización de Buenos Aires, sancionada por el Congreso de 1826, además de una reunión del Congreso y organización del gobierno provisional, pero no obtuvieron entonces consenso. El otro, de Valentín Alsina, que logró un amplio apoyo, era que en esa reunión se circunscribiese a dónde, cuándo y cómo se reuniría el Congreso Constituyente que nos daría una Carta Magna.
El 8 de abril Urquiza invitó a los gobernadores a una reunión que se llevaría a cabo el 20 de mayo en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos.
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Urquiza tenía especial predilección por esa ciudad. En 1841 su gente lo asistió cuando debió refugiarse en la isla Tonelero, cuando estuvo amenazado por las tropas de José María Paz y Fructuoso Rivera, en los años duros de las luchas entre unitarios y federales.

En San Nicolás de los Arroyos habían tenido lugar diversos hechos históricos: por allí pasó en septiembre de 1810 Manuel Belgrano al frente de su ejército; el 4 de marzo de 1811 se desarrolló el primer combate naval contra los españoles; por allí pasó José de San Martín al frente de sus granaderos para ir a pelear a San Lorenzo, entre tantos hechos. Desde el año anterior había sido declarada ciudad.
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Bernardo de Irigoyen, de entonces 29 años, fue comisionado por Urquiza a convencer a las provincias de poner en marcha una cooperación rápida y abierta.
Las reuniones se realizaron en la casa que el tucumano Pedro Alurralde había comprado en 1849. Era una construcción típica de principios del siglo XIX. El propio Urquiza lo había nombrado juez de paz del partido el 8 de febrero de ese año. En tiempos de Rosas, Alurralde había desertado del Ejército de la Confederación y se había pasado a las filas del gobernador entrerriano.
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San Nicolás explotó con las visitas. Al no existir hospedajes para todos, muchos vecinos abrieron sus casas. Así fue como, por ejemplo, el gobernador de Buenos Aires se alojó en la casa de Francisco Javier Acevedo y Bernardo de Irigoyen en lo de José Melián, un militar guerrero de la independencia.

El 20 se iniciaron las deliberaciones con 11 gobernadores: Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, San Luis, Mendoza, San Juan, Catamarca, La Rioja, Tucumán y Santiago. Nueve gobernadores habían sido recibidos previamente en Rosario al son de marchas militares.
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Por su parte los gobernadores de Salta, Jujuy y Córdoba no llegaron a tiempo y suscribieron el acuerdo con posterioridad. El de Catamarca, que no pudo ir, y nombró al propio Urquiza como su representante.
Se sesionaba en las tardes y en las noches.
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Debían ponerse de acuerdo con el temario a desarrollar, para lo cual se constituyeron en comisión los ministros que acompañaban a los distintos gobernadores. Volvió a salir el tema de la capitalización de Buenos Aires, lo que provocó violentas discusiones, que el propio Urquiza terció al proponer que se elaborase un proyecto donde estuvieran armonizados los distintos puntos de vista que serían las bases de la organización nacional.

El acuerdo que se votó consta de 19 artículos, más uno adicional. Se declaró al Pacto Federal del 4 de enero de 1831 (base legal de la Confederación Argentina, que promovía el federalismo) como ley fundamental de la República; también se debía convocar a un Congreso General Constituyente a realizarse en la provincia de San Fe y se decidió que cada provincia estuviera representada por dos diputados. Ese Congreso General debería dictar una Constitución Nacional. Además, se dispuso que Urquiza fuera Director Provisorio de la Confederación Argentina.
El entrerriano, encargado de las relaciones exteriores, debía reglamentar la navegación de los ríos, las postas y correos y la supresión de las aduanas interiores y los derechos de tránsito. “Una de las cuestiones que le interesaban a Urquiza era la libre navegación de los ríos para que los grupos económicos que apoyaban al líder entrerriano pudieran comerciar sin problemas”, explicó a Infobae el profesor Ricardo D. Primo, historiador local.
Según algunas versiones, Urquiza apuró el trámite para que el acuerdo quedase firmado el 31 de mayo, así entraba dentro de los festejos de la semana de Mayo.

Cuando se rubricó el acuerdo, las calles de San Nicolás hirvieron de gente que agitaba banderas argentinas, se dispararon salvas de cañones y se cantó el himno.
El contraste de la alegría y el espíritu festivo de San Nicolás fue la ciudad de Buenos Aires, que al enterarse del contenido del acuerdo puso el grito en el cielo. “Se ha creado una dictadura irresponsable, que le permitirá al vencedor del tirano (Rosas) actuar con todo discrecionalismo, además de que los poderes que le otorgan lesionan y humillan la autonomía bonaerense”, denunciaron.
El 21 de junio, la legislatura porteña se reunió en pleno. Rechazó que todas las provincias tuviesen el mismo número de representantes, lo que le impedía imponer su posición y también se opuso al nombramiento de Urquiza. Y menos el punto que indicaba que cada provincia debía aportar para el mantenimiento del gobierno un porcentaje de lo recaudado en su comercio exterior; Buenos Aires sintió que era seriamente afectada. Además, argumentaron, el gobernador Vicente López y Planes, que había sido nombrado por Urquiza el 4 de febrero, asistió a San Nicolás sin la autorización de la legislatura.
El cuerpo rechazó el acuerdo y Vicente López y Planes, gobernador de Buenos Aires, renunció. Rápidamente, entusiasmados, los porteños entregaron la gobernación al presidente de la legislatura, Manuel Guillermo Pinto. La alegría les duró hasta el día siguiente cuando recibieron un oficio de Urquiza, determinado a cumplir con la primera de sus obligaciones, que es “salvar la Patria de la demagogia, después de haberla libertado de la tiranía”. Haciendo uso de sus facultades, el Director Provisorio asumió el mando de la provincia y repuso a López, quien terminaría renunciando en julio.
Finalmente, con la revolución del 11 de septiembre de 1852, realizada por los opositores, llevaron a desconocer el Acuerdo.
El 1 de mayo de 1853 el país sancionó su Constitución y al año siguiente Urquiza fue el primer presidente constitucional por un plazo de seis años. Y también supuso la separación del Estado de Buenos Aires de la Confederación, situación que se mantuvo hasta 1860.
“No siempre San Nicolás fue la ciudad del acuerdo”, destaca Ricardo Primo. “Cuando se instaló Somisa fue la ciudad del acero y desde 1985 es la ciudad de la Virgen. También es la ciudad donde vivió el pintor Cándido López, que se destacó por sus cuadros de la guerra de la Triple Alianza. Muy cerca de la Casa del Acuerdo tenía su estudio, y algunos de sus cuadros se exhiben en el museo”.
“Luego de que Bartolomé Mitre resultara victorioso en Pavón, por el inexplicable retiro de Urquiza del campo de batalla, la calle donde está la casa del Acuerdo se llamaba De la Paz y mandó cambiarle el nombre por el De la Nación, hecho que contribuyó a que mucha gente fuera perdiendo la referencia del importante hecho que allí había tenido lugar”, destacó el historiador.
La histórica casa fue cayendo en el olvido. En 1910 el diputado González Oliver presentó un proyecto de expropiación y convertirla en museo. La falta de fondos y la burocracia hizo que el museo recién fuera inaugurado en 1937. En el medio hasta fue intrusada.
Hoy recuperó el esplendor y la vida que había cobrado en 1852, ostenta el mismo status junto a la Casa Histórica de Tucumán y el Cabildo, ya que en sus salones se dio el primer paso para que el país tenga su Ley Fundamental.
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