
Cumplir 18 años y el sueño del auto propio es una ecuación que todo adolescente quiere resolver. Esa era la meta que Tobías Jovenich tenía cuando faltaba poco para terminar el secundario y soñaba con comprarse una coupé BMW de los años 80. Había ahorrado lo que ganó trabajando en el café de sus padres: “¿Por qué no usás esa plata para comprar un horno y hacerlo trabajar?”, tiró la idea su papá Santiago. Lo pensó. Nunca se había imaginado al lado de un horno como sí recorriendo las rutas argentinas, pero ese interrogante y la posibilidad de convertirse en un emprendedor no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
“Mis papás con un socio tienen su comercio en Belgrano y al lado alquilaban un garaje; y mi papá conocía bien el movimiento de la zona y del barrio del que somos vecinos. Entendió qué era lo que hacía falta”, admite Tobías quien aceptó la propuesta de la que participó a Francesco Larocca, hijo del socio de su padre de entonces de 15 años. Aceptó y embarcaron hacia un mundo desconocido. Hoy tienen tres locales de pizzas donde ofrecen no solo una variedad de sabores con influencia napolitana sino que cada espacio tiene una impronta única que se adapta a las necesidades de los comensales que llegan desde los distintos barrios de la ciudad.
“Jamás imaginamos en tener nuestro propio negocio y menos que se extendería. Cuando pasó no quisimos que fuera como una cadena sino que cada local tuviera su propia personalidad... Como si fueran hermanos”, le dice Tobías, estudiante de arquitectura, a Infobae.

La historia
La Fina fue la primogénita. La que le dio vida al garaje en desuso que el papá de Tobías pronosticó como un lugar con futuro. Luego llegaron La Épica -abierta en plena pandemia- y La Santa, de reciente inauguración. “El nombre de La Fina salió mientras estábamos jugando y tirando opciones. Y tiene que ver con lo que es la verdadera pizza napoletana -lo pronuncia en italiano-, con la masa fina que tiene, con el aspecto del garaje, que es chico, y con la clientela”, cuenta sobre la idea que comenzó a cocinarse en un viaje familiar a Nueva York y que recién cuando estuvo frente al horno ató.
“Tanto Fran como yo éramos fanáticos de las pizzas y solíamos comerlas. En ese viaje con mi familia recorrimos muchas pizzerías y me gustó el estilo que tenían, el sabor, el aspecto... Todo lo que representaba y esa fue la idea que quise implementar en nuestros locales”, señala.
—Una vez aceptada la idea de cambiar el sueño del auto por comprar un horno ¿cómo siguió la historia?
—El horno era la primera inversión y seguí todo lo demás. No estaba muy seguro, pero acepté y ahí se sumó Fran, mi socio, y arrancamos con La Fina. Con él nos conocemos desde que teníamos 12 y 15 años, respectivamente. Él conectaba bien como la pata que faltaba para concretar el proyecto y si bien siempre nos llevamos bien, éramos conocidos, pero compartir este proyecto nos hizo muy amigos.
—¿Cómo fue para vos encarar este proyecto con 18 años?
—¡No tenía mucha noción de dónde me estaba metiendo! Era todo muy nuevo y salido de la nada. Fue un cambio muy fuerte el empezar con un negocio y asumir esas responsabilidades, casi fue un madurar de golpe. Me costó caer en que en verdad teníamos un negocio.
—¿Cuándo caíste en esa realidad?
—Creo que fue en el segundo o tercer día de estar abiertos cuando me crucé en la calle a unas personas que llevaban las cajas de nuestras pizzas. Entendí que nos estaban eligiendo y me dije: “¡Guau!”. ¡Fue muy fuerte!

—Además de buscar qué ofrecer en la carta y darle una característica bien napolitana desde allí ¿qué buscaron ofrecer con cada local?, porque son bien distintos...
—Quisimos que cada local fuera único y que la gente notara eso, quisimos que la gente que trabaja en nuestros locales tengan una onda similar entre sí, pero también un estilo bien propia y que vaya con la propia mística de cada local. Creo que lo hemos logrado.
—Hablando sobre las personas que allí trabajan: ¿cómo fue la primera selección de personal siendo ustedes nuevos en el rubro?
—Justamente de nuestra inexperiencia partimos porque no sabíamos nada de nada y durante mucho tiempo fue todo “prueba y error”. Yo tenía muy poca noción de lo que era administrar un local y Fran igual o menos. Pero así abrimos hasta que buscamos gente nueva y que fue llegando luego de un proceso muy largo hasta que logramos formar este equipo que hoy tenemos y que nos gusta. Actualmente tenemos 50 empleados.
—¿Cómo fue para ustedes atravesar la cuarentena con un negocio prometedor, pero con menos de un año?
—Fue duro como para todos, pero por suerte la pizza es un producto que puede venderse por delivery o take away, lo que hizo que todo se simplificara. A otros gastronómicos se les complicó más, pero no perjudicó mucho a La Fina. Es más, en plena pandemia abrimos nuestro segundo local, La Épica, frente al Parque Saavedra.

—Imagino que fue todo un desafío.
—¡Lo fue! Tuvimos que buscar nuevas formas de vender además de las conocidas. Ya eran los meses en los que se podía comenzar a estar en los parques y ofrecimos reposeras a los clientes para comer su pizza y disfrutar del parque; eso fue un gran estallido, una gran carta.
—¿Cuándo surgió la idea de las reposeras?
—Cuando elegimos el local supimos que el parque sería protagonista de La Épica, para unirlo y aprovecharlo. La idea mutó, se adaptó al contexto y cuando se pudo sacamos las reposeras para que nuestros clientes las disfruten. Eran los momentos en que los encuentros sociales se daban solo al aire libre y eso fue lo que ofrecimos y la gente tomó el programa “pizzas + amigos + parque”. En el verano había gente haciendo fila por las reposeras. ¡No salían una o dos pizzas por pedidos sino ocho o diez!
—Y el nombre, tan significativo, ¿a qué se debe?
—No queríamos repetir nombres, pero sí que tuvieran una conexión de pizzerías y no una franquicia. A mi papá se le ocurrió cuando abrimos el segundo local hacer esa distinción y nosotros quisimos jugar con el articulo “la” y que de esa manera le indique que un cliente que está ahí y no elije La Fina solo por la pizza sino por como fue atendido y reproducir eso que la distingue: tomamos el ADN del primer local para que se repita pero con su propia personalidad y evolución, como si fuera un hermano. Además, abrimos el segundo local en un contexto complicado del país y eso para nosotros fue algo épico.

—¿Cuándo llegó La Santa?
—Hace poco, recién tiene un mes. Abrimos el 5 de noviembre y se dio de una manera rara porque no buscaba abrir otra pizzería porque estaba más que conforme con las otras dos, pero estando en Devoto vimos la locación y sentimos que había que hacerlo otra vez. Nos vibró ese lugar y nos presentó un nuevo desafío: hacer una versión mejorada de lo que aprendimos en estos dos años. Estoy más que satisfecho con el resultado.
—Administrativamente ¿qué diferencias notás?
—¡Muchas! Si comparo el primer mes de este local y el primero en lo que fue tanto la administración como en el armado se notan las mejoras y nuestro aprendizaje.
—¿Estás feliz con el resultado que ves en cada local y en tu vida como emprendedor?
—¡Obvio! Todo el proceso de aprender todo lo que aprendimos y arrancando de cero fue un gran esfuerzo, fue un paso a paso y estamos felices de que se nos quieran conocer y reconocer, por qué no, el esfuerzo de dos jóvenes que hay detrás de todo esto porque arrancamos sin nada. Que se nos acerquen y nos digan que dejamos un ejemplo es lo que más contento me pone.

—¿Qué mensaje le dejás a otras personas que tienen el deseo de emprender, pero aún dudan en hacerlo?
—Que de la misma manera que nosotros arrancamos, siendo inexpertos, que se animen y lleven adelante el proyecto que tengan. ¡Pueden hacerlo! ¡Si cuando tenía 18 alguien me hubiera dicho que en tres años iba a tener 50 empleados a cargo les decía que estaba loco! Es importante contar con el apoyo de la familia cuando se emprende, como nosotros contamos.
El fanatismo como comensales de las pizzas mermó para Tobías y Francesco luego del primer año de trabajo codo a codo y a pura pizza, todos los días y todo el día. “Sentimos que es un producto muy fiel con la gente porque a todo el mundo le gusta. Nuestra idea es que la dinámica sea también fiel a la inspiración que encontramos en aquellas pizzerías neoyorquinas que hicimos a nuestro gusto y que siga siendo un punto den encuentro entre quienes se quieren”, finaliza.
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