De afuera es una casona palermitana más: está pintada de blanco, resaltan algunas molduras y llaman la atención sus ventanales con vitrales antiguos. Pero ingresar allí no es para todos. Sólo se llega con cita previa y son pocos los que acceden. Es otro mundo, donde todo pasa a puertas cerradas.
Nicolás Márquez (39) -licenciado en relaciones de trabajo- está a cargo de este espacio singular en el país. En las palabras de su creador, su emprendimiento -llamado La Restinga-, es “una marca de ropa de lujo”, aunque hay más que eso en esta casa de 400 metros cuadrados.
Antiguamente un atelier de arte construido en 1930, en planta baja se presenta la línea informal de ropa. Al fondo está la barra con una selección de bebidas internacionales que invita a tomar una pausa ya sea en el sillón capitoné de cuero o en el patio con enredaderas bajo la parra y el olor a uva fresca.
Y en el primer piso está el alma del lugar, la sastrería.

Los clientes que son recibidos no van sólo a comprar un traje. ”Es una experiencia a puertas cerradas, 360°, completamente hermética. Arranca desde una cita previa con un servicio de concierge que está disponible las 24 horas todos los días del año. Cuando el cliente llega, tiene un valet parking para dejar su auto”, describe Márquez.
Una vez que se cruza la puerta de madera, empieza el secreto. El mayordomo recibe a cada persona con su bebida preferida, que puede ser un whisky escocés, una copa de champagne francés o un chocolate, té o café. Además, ya tienen lista la colección según sus gustos y preferencias previamente investigados por el customer relationship manager.
“Es una experiencia de compra única porque pueden diseñar su traje desde la tela hasta la moldería. Comprar es una anécdota más que se agrega a venir”, agrega.

Otra de las claves en el servicio es que no termina, porque hay un seguimiento. “Termina de generar una lealtad, una fidelidad y un compromiso que entendemos que también nos diferencia”, resalta Márquez.
El dueño de esta sastrería VIP es de Necochea, vino a Buenos Aires a estudiar licenciatura en Relaciones del Trabajo en la UBA, a los 23 años se especializó con posgrado en Negociación en el CEMA y finalmente obtuvo una maestría en Agronegocios en la UdeSA. Hace apenas seis años que lanzó su marca de lujo. Antes de introducirse en este universo pasó casi una década en el mundo agro corporativo, con una gran proyección.
“Pero llegó un momento que no era feliz. Necesitaba un cambio. Un poco por rebeldía, otro por insatisfacción, emprender fue lo único que se me ocurrió”, confiesa.
Al principio no tenía una idea clara y tuvo varios tropiezos. Pero un viaje a Berlín -donde tuvo su propia experiencia a puertas cerradas-, lo hizo cambiar de parecer. Entonces, se propuso replicarlo en la Argentina, apuntando a un nicho conocedor que disfruta de la calidad de la ropa y atención. Y no se equivocó.
Durante casi un año tuvo dos trabajos, hasta que se animó a dar el gran salto: “Me enorgullece y me reconforta que al ser uno de esos clientes que viajó y disfrutó de esto, pude traerlo al país”.

El nombre de su proyecto es un homenaje a sus orígenes: “La restinga es lo que se genera cuando baja la marea y queda la piedra al descubierto en el mar, a los costados de la playa. En Necochea pasé mi infancia frente a esos lugares”.
Así como algunos empezaron en un garage, Nicolás lo hizo en un departamento de un ambiente en Recoleta, un típico showroom. A los seis meses los clientes no paraban de llegar, se duplicaron y debió alquilar el espacio de Palermo donde se encuentra ahora. “Todo fue de manera orgánica y natural con una gran aceptación”, cuenta.
“La discreción -asegura Nicolás-, es la mayor confianza que nos deposita nuestro cliente”. Jamás dirá los nombres de quienes viven la experiencia de vestirse allí. Pero sí tiene varias anécdotas. “Nuestros clientes tienen perfiles son muy distintos. Vienen desde deportistas de élite, jueces, diplomáticos, políticos y dueños de empresas. El desafío más grande que tuvimos sin lugar a dudas fue vestir presidentes. Primero por la responsabilidad y después por todos los protocolos de seguridad que tienen a su alrededor ”, reconoce. En el G20 que tuvo lugar en nuestro país en 2018 se acercaron funcionarios de Paraguay, Australia y Corea del Sur. Pero quien se llevó toda la atención fue el primer mandatario de una superpotencia. “Tuvimos que sortear varios obstáculos para poder estar unos diez minutos con él y hacer bien nuestro trabajo”, recuerda de esa visita.
¿Qué eligió? “Ese presidente tiene un look clásico, escogió un ambo azul de seda y lana. Es lo que eligen la mayoría de los políticos. Los líderes necesitan comunicar también con su manera de vestir”, asegura.

Reinventarse en la pandemia
“Nosotros estuvimos casi 30 días cerrados. Cuando pudimos reabrir nos encontramos con otro panorama, porque muchos de nuestros clientes vienen referidos de hoteles, wedding planners o personal shoppers, y no había casamientos ni se trabajaba en oficinas de forma presencial”, relata.
“Entonces decidí escribirles una carta personalizada a cada uno de nuestros clientes contándole nuestra situación actual y nuestro nuevo servicio en el hogar de cada uno de ellos. La verdad es que fue emocionante el apoyo incondicional que tuvimos. Siempre digo que nuestro cliente es especial porque es exigente, pero valora mucho lo que hacemos”, reconoce.
Ingenioso, durante algunas semanas Nicolás trasladó el concepto de puertas cerradas al domicilio del cliente, para no perder el vínculo con cada uno. ”Lo hicimos respetando la distancia social y tomando recaudos de todos los protocolo”.
La pandemia y el contexto mundial desfavorable dejó en stand by la proyectada expansión a Estados Unidos a México del negocio, pero Nicolás asegura que el desembarco a distintas capitales al mundo será inminente.
Quizás al comienzo, y por sus características, en esta suerte de “club de caballeros” era impensado que las damas tuvieran lugar. Nicolás se anima a otro desafío: hacer sastrería femenina como lo hacen las marcas europeas. “A nivel mundial durante los últimos años el rol de la mujer se ha ido transformando, tomó lugar en puestos de liderazgo y con esto se modificó su manera de consumir y vestir, por eso decidimos acompañarlas abriéndoles las puertas de nuestra casona para que vivan las mismas experiencias que el hombre”.
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