
Parecía que 2020 no podía ser peor para esta familia de Bariloche. Sin embargo, el domingo pasado descubrieron que las cosas podían ponerse aún más difíciles. La crisis económica que está dejando la cuarentena más larga del mundo también se siente en esa ciudad, que vive casi exclusivamente del turismo. Desde marzo, Sergio Ávila y su esposa Andrea, ambos de 51 años, venían haciendo malabares para sostener la economía familiar.
El hombre es chofer de taxi, una actividad decaída por la falta de turistas; mientras que ella siempre trabajó en hotelería, uno de los sectores más castigados por la pandemia. El mes pasado y luego de recibir un diagnóstico devastador, Andrea tuvo que someterse a una cirugía de cáncer de intestino y ahora se encuentra haciendo quimioterapia. El matrimonio vive con su hijo menor, Gonzalo, de 19 años, que es estudiante.
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Los tres vivían en una casa histórica de Bariloche -de 87 años de antigüedad-, una de las primeras que se levantó en la ciudad, ubicada a solo cinco cuadras del Centro Cívico. La vivienda de madera integraba el Patrimonio Histórico de esa ciudad, y se encontraba en las calles Quaglia y Anasagasti. Hace dos años que la familia la alquilaba, hasta que el domingo pasado un voraz incendio los dejó sin nada. “Nos quedamos sólo con lo que teníamos puesto. Perdimos todo, absolutamente todo”, le cuenta Sergio a Infobae.

La tragedia ocurrió en horas de la tarde, cuando las temibles llamaradas arrasaron por completo con la casa y con todo lo que encontraron en su interior: “El día estaba hermoso. Después de almorzar fuimos con mi mujer a caminar por la costanera del Lago Nahuel Huapi. A la media hora, me llama un vecino para decirme que la casa se estaba prendiendo fuego. La dejé sola a mi esposa y me tomé un taxi. Llegué lo más rápido que pude, pero ya no quedaba nada. Trabajaban cinco dotaciones de bomberos y el fuego era terrible. Era una casa de madera muy antigua, fue una de las primeras que tuvo la ciudad. Se prendió fuego muy rápido. Desde las sillas, la mesa, el televisor, los sillones, el lavarropas... perdimos todo. Todo. No quedó nada. El dolor y la impotencia de lo que nos pasó son terribles. Nos quedamos en la calle. No sabemos adónde vamos a ir a parar”, lamenta Sergio.
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Desesperado, el hombre recurrió a las autoridades locales, pero aún no obtuvo ninguna solución. Los únicos que se ocuparon de ayudarlo fueron sus vecinos, sus conocidos y aquellas personas que se conmovieron con su drama. Desde el domingo, viven en el monoambiente de su hijo mayor.

“Estoy esperando una respuesta del Municipio y de Acción Social, para que nos den una solución. Necesitamos ayuda, no pretendo que me regalen nada, pero todavía nadie se acercó. No nos ofrecieron ningún lugar, al menos para que podamos acomodarnos hasta ver cómo salimos de esto. Me dijeron que me iban a llamar pero, por ahora, no tuve ninguna respuesta, admite con tristeza.
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“Soy chofer de taxi, ni siquiera dueño. Como Bariloche es una ciudad turística, está todo parado. Mi mujer tampoco tiene empleo, porque trabaja en un hotel y solo por temporada. Ella es paciente oncológica, así que encima está dentro del grupo de riesgo del COVID-19. La cuarentena frenó todo y ya casi no teníamos ingresos. Ahora no tenemos nada de nada. Acá ya no hay trabajo, incluso, están cerrando los negocios. Yo ganaba como para comer y pagar los impuestos. Juntaba lo que podía, pero ahora estoy peor, porque me quedé sin nada. No sé qué vamos a hacer”, lamenta.
Sergio se muestra visiblemente preocupado por la salud de su mujer y cuenta que intenta estar tranquilo para no inquietarla aún más. “Mi señora fue operada el mes pasado. ¡No sé que más nos puede pasar este año! Perdimos todos nuestros recuerdos... todos nuestros objetos de valor sentimental y material. Nuestra vida se fue entre las llamas. Cuando llegué al incendio, ví como nuestra historia familiar se estaba consumiendo entre los escombros de la casa. El dolor que tenemos es inmenso”.
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Por el momento, se desconoce la causa del incendio que destruyó por completo la propiedad. Aunque Sergio presume que pudo tratarse de un desperfecto eléctrico por la antigüedad de la casa. “Tuvimos que irnos a vivir a la casa de mi otro hijo, Agustín, para no tener que dormir en la calle. Necesitamos un techo, nos quedamos sólo con lo puesto”.
A través de una publicación en Twitter, una amiga de la familia hizo pública la situación, pidiendo ropa y cualquier tipo de objeto que se necesita usualmente en una casa: “Se nos quemó todo. No tenemos ni un tenedor, ni una silla, ni una remera”, dice Sergio. Las donaciones de ropa llegaron no solo por las redes sociales, sino también, por la solidaridad de sus vecinos que se acercaron a la familia.
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Sin embargo, a pesar de que aún necesitan mucha ayuda para recuperar todo lo que perdieron, Sergio solo hace hincapié en una petición: “Necesito un trabajo fijo. Sólo pido eso. No quiero que me regalen nada. Quiero trabajar y que, hasta que pueda recuperarme, me presten o alquilen un techo para poder vivir. Pero no quiero nada gratis, quiero pagarlo con el fruto de mi trabajo. No quiero nada regalado, quiero seguir peleándola como lo hice siempre”.
Afortunadamente, muchas personas les donaron ropa, pero aún necesitan recuperar todo lo que el fuego les quitó. “Necesitamos de todo, porque no tenemos nada de nada. La casa de al lado, donde vive otra familia, también quedó destruida. Nos ayudamos con las donaciones que recibimos, por ejemplo, la ropita de bebé que nos llega a nosotros se la damos a ellos, que tienen chicos”, contó Sergio.
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“Yo necesito un trabajo fijo, así puedo solucionar todo. Siempre trabajé y estoy acostumbrado a eso, porque con el trabajo uno siempre sale adelante”, finalizó con un dejo de esperanza en su voz.
Quienes deseen ayudar a esta familia, pueden contactarse directamente al teléfono de Sergio Ávila +5492944899781 o a su mail avilasergio478@gmail.com
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