
El 7 de abril, la vida laboral del paramédico cordobés Jeremías Rojo, de 26 años, empezó a cambiar drásticamente. Él no lo imaginaba entonces, pero su historia formaría parte de una viralización en las redes sociales, entrevistas con medios de comunicación y un despido por parte de su empresa envuelto en la polémica.
Ese 7 de abril, empleados del servicio interurbano de Córdoba, clave en la conexión de las principales ciudades de la provincia con las localidades del interior, anunciaron un paro en reclamo de mejoras en las condiciones laborales.
Rojo trabajaba en el servicio de ambulancias de la empresa de emergencias médicas Corpus SRL. El problema es que el profesional de la salud vive en Oliva, ciudad ubicada a unos 50 kilómetros de su lugar de trabajo.

Al no disponer de un ómnibus de la empresa Córdoba Coata y sin que su compañía le facilitara un medio de transporte, el profesional se vio obligado a realizar cada día 50 kilómetros de ida y otro tanto de vuelta para poder trabajar.
“Con el colectivo, tardaba en llegar una hora. Con la bici, cada viaje me llevaba 3 horas. Por ejemplo, si tenía que entrar a trabajar a una guardia a las 18, ya cerca de las 13:30 salía de mi casa. Cuando llegaba a mi trabajo me tenía que bañar ahí y después arrancar la jornada”, le cuenta Rojo a Infobae en un diálogo telefónico.
“Al principio lo llevaba bien, pero con el pasar de las semanas me empezaba a angustiar en los viajes. Me preguntaba si valía la pena seguir haciendo semejante esfuerzo. Pero mis obligaciones para con la gente en medio de una pandemia de coronavirus eran más fuertes y decidí seguir”, completó Rojo, que está en pareja con Julieta y tiene dos hijos, Mateo de 6 años y Yamila, de 3.
A finales de junio, Rojo todavía acudía a su trabajo en bicicleta. Ya habían pasado más de dos meses y aún continuaba con sus 100 km diarios de pedaleo para cumplir con sus obligaciones laborales.
Una mañana muy fría de los primeros días de julio, el paramédico se encontraba agotado y padecía la temperatura. Por eso se decidió a hacer dedo: “Lo había hecho un par de veces. Generalmente, cuando me preguntaban, mentía sobre mi profesión y decía que era panadero, porque nadie quería meter a un paramédico adentro de su auto. Pero a este hombre le dije la verdad, me la jugué”, relata.
El conductor del vehículo se vio sorprendido con su historia personal, le sacó una foto, grabó un pequeño video y decidió subirlo a las redes sociales. En cuestión de horas, la imagen de Jeremías Rojo arriba de su bicicleta de pequeño rodado se viralizó en todos los rincones de Córdoba.
Las publicaciones en las redes, las entrevistas de los medios locales y la difusión del caso llevaron al gobierno provincial y a la concesionaria Dragón S.A. a donarle una moto 100 cc. para que pudiera realizar el trayecto más rápido y de una manera más segura.
“No podía creer que tuvieran ese gesto conmigo. No podía más de la alegría. Iba a poder estar más tiempo con mi familia y no iba a tener que estar en casa todo el tiempo tirado descansando”, reflexiona hoy.

Sin embargo, después de ese gesto solidario, la relación del paramédico con su empresa comenzó a distorsionarse.
“En esos meses de julio, la ciudad donde vivo, Oliva, volvió a la fase 1 de la cuarentena. Había 360 casos positivos de COVID-19 y eso, en una ciudad de 18.000 habitantes es un número muy alto. Por eso, la empresa me dijo que me quedara ese tiempo en casa hasta que se levantara la fase 1”.
Durante ese período, Rojo permaneció como voluntario en el Centro de Operaciones de Emergencias de Oliva en medio del combate contra la pandemia de COVID-19 y con el intento de frenar la propagación del virus en esa localidad.
De manera afortunada, ya para mediados de marzo, la transmisión del virus fue controlada y se abandonó la fase 1 de aislamiento a la que estaba sometida.
Rojo podía regresar a su trabajo. Lo haría el 28 de agosto.

“Ese 28 volví a mi lugar de trabajo y apenas llegué, me dijeron que no había espacio para mí en las ambulancias, que mi puesto ya había sido ocupado por otra persona, y me dijeron que me vuelva a mi casa. Agarré la moto y me volví”, explica.
A los tres días, la compañía de emergencias volvió a citarlo para una reunión.
“Cuando fui de nuevo, el 1º de septiembre, mi jefa me llamó para una reunión”, advierte Rojo a Infobae.
“Y ahí me dijo: ‘No dilatemos más la cosa. Esta situación no da para más. Hay muchos de tus compañeros que no se sienten cómodos con que te hayan regalado una moto y la empresa quedó muy mal parada con todo esto. Además, venís de una zona roja de contagios. Así que no vamos a contar más con tus servicios’”.
El paramédico se quedó estupefacto con la explicación de su superior: “No me esperaba que me dijera algo así. No podía creerlo. Además, no me mandaron telegrama ni nada porque me habían contratado en negro”, explica el paramédico.
Y agrega: “Incluso, después muchos de mis compañeros me dijeron que ellos no se habían quejado de nada y que no habían dicho nada de lo de la moto”.
Infobae se puso en contacto con la empresa de emergencias Corpus SRL, desde donde se afirmó que los directivos no podían hablar al respecto debido a un problema de salud de un familiar. “En los próximos días, la gerencia de la empresa hará un descargo sobre la situación”, se afirmó desde la compañía a este medio.

Mientras tanto, la situación de Jeremías Rojo volvió a quedar al límite. Tanto él como su pareja se encuentran sin trabajo y hoy en día no disponen de ningún ingreso económico para la familia.
“Mi pareja cuidaba a una anciana que murió hace unas semanas y se quedó si nada. Y yo necesito volver a trabajar cuanto antes. Más allá de que en mi trabajo gano entre 114 y 115 pesos la hora y no llego a cubrir la canasta básica, necesito ganar algo de plata para mantener a la familia”.
Mientras busca un ingreso en cualquier rubro, Rojo está convencido de que aún en la pandemia y con los riesgos que eso conlleva, su responsabilidad está ligada a la salud: “Me gusta estar ahí cuando la gente más lo necesita y dar un paso adelante cuando la mayoría de la gente da un paso atrás”.
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