Lisandro Bonelli, jefe de gabinete de Ginés: “Volvimos a la cuarentena estricta porque en 25 días íbamos a estar en problemas”

El funcionario es, además, sobrino del ministro. Aquí habla de lo que encontraron cuando asumieron, la cantidad de casos que hoy consideran "aceptables", por qué dice que "lo de Insaurralde no sirvió" respecto del plasma, qué ministros quieren más flexibilización, cuándo Argentina va a tener acceso a la vacuna y su preocupación por el aumento de enfermedades "no Covid"

Lisandro Bonelli, jefe de Gabinete del ministerio de Salud (Maximiliano Luna)
Lisandro Bonelli, jefe de Gabinete del ministerio de Salud (Maximiliano Luna)

El despacho de Lisandro Bonelli (43) está apenas a un salón y una puerta del que ocupa su jefe, el ministro de Salud Ginés González García. Tienen cosas en común: son de San Nicolás, hinchas de Racing y además, son sobrino y tío. Algo que al jefe de gabinete de la cartera no le hace ruido: “No me es incómodo para nada. Es una alegría, un aprendizaje permanente, porque además estamos construyendo políticas de Estado. Lo acompañé en su gestión del 2002, y cuando se fue a Chile como embajador me ofreció un lugar, pero le dije que no”.

En el 2013, Bonelli asumió como diputado provincial. Renovó la banca en el 2017 por el Frente Renovador y ahora, que regresó a Salud, está con licencia en la legislatura bonaerense. En las últimas semanas, sobre todo después de algunos errores en las filminas que difundió el presidente Alberto Fernández (que se confeccionan en la cartera de Salud) cobró más protagonismo. Sobre el estilo de su tío, es tajante: “Es mejor ministro ahora que en su gestión anterior. Aprendió de algunos desaciertos, modeló su personalidad. Es más amplio, escucha más…”.

Con la llegada del gobierno de Alberto Fernández, Salud volvió a tener categoría de Ministerio, después de haber sido, en el último período del macrismo, una Secretaría. Cuando arribaron al edificio que comparten con Desarrollo Social, asegura, “la decisión fue recuperar al ministerio. Decidimos dividirlo en tres áreas: Secretaría de Acceso, que maneja los distintos programas sanitarios; Secretaría de Calidad, que se encarga de la política de Recursos Humanos y hospitalarios; y la de Equidad, para romper las diferencias del sistema sanitario argentino y achicar la brecha entre el sector público y privado”.

Casi sin respirar, hace un diagnóstico de lo que encontraron: “no había ni un ministerio ni una política sanitaria. Hoy el Estado nacional es el rector en esas políticas. Ese rol se había perdido. Y rápidamente recuperamos programas que se habían discontinuado: Remediar, Salud sexual, Vacunación.... Entre los logros de la gestión anterior estaba la vuelta del sarampión a la Argentina. Lo frenamos: hace poco más de tres meses, crucemos los dedos, que no tenemos un caso. Este año compramos tres millones de vacunas antigripales más que el año pasado. Y vimos que muchas enfermedades que tienen que ver con infecciones respiratorias, como bronquiolitis, neumonía e influenza están en los niveles mínimos”.

-Pero eso también sucede por la cuarentena…

-Sí, por supuesto que ayuda, pero también por la cobertura de vacunación que hemos hecho. Hoy, el 75 u 80 por ciento de las enfermedades respiratorias son Covid.

"Entre los logros de la gestión anterior estaba la vuelta del sarampión a la Argentina. Lo frenamos: hace poco más de tres meses, crucemos los dedos, que no tenemos un caso", indica Bonelli (Maximiliano Luna)
"Entre los logros de la gestión anterior estaba la vuelta del sarampión a la Argentina. Lo frenamos: hace poco más de tres meses, crucemos los dedos, que no tenemos un caso", indica Bonelli (Maximiliano Luna)

-Hubo un delay entre la llegada de la pandemia y la reacción del gobierno... ¿Los sorprendió?

-¡Al mundo lo sorprendió la pandemia! Hubo una frase de Ginés que sacaron fuera de contexto…

-Dijo que no iba a llegar...

-Bueno, ya está… Lo que sorprendió al mundo fue la velocidad y capacidad de transmisión que tiene este virus. No obstante, como gobierno, actuamos antes que muchos países. Declaramos la emergencia epidemiológica el 23 o 24 de enero. A finales de febrero dimos el primer mensaje: que la gente deje de viajar. Y cuando miramos la totalidad de nuestras acciones -llámense cuarentena, cierre de escuelas, limitación del transporte público- en promedio tomamos entre 20 y 25 medidas antes que el resto de los países. Se actuó con anticipación. No se puede hablar de éxito cuando se pierden vidas humanas. Pero nos va mucho mejor que al mundo. Es incontrastable eso.

-Hoy tenemos más de 64 mil casos. Y estamos subiendo en la tabla de infectados. ¿Se dispararon los contagios?

-Cuando hicimos la primera hipótesis de crecimiento de la curva veíamos para mediados de mayo unos 250 mil casos. Y eso no sucedió. En gran parte por las acciones que tomó el gobierno nacional en conjunto con todas las jurisdicciones. Y por la responsabilidad que tuvieron los ciudadanos, eso fue importante.

-Pero eran 250 mil casos si no se hacía nada…

-No, no, eran 250 mil casos con la cuarentena. Veíamos ese escenario. Y aplanamos enormemente la curva de crecimientos. Hoy la situación es dispar. En el interior del país, a excepción de Resistencia (Chaco) y algún lugar como el Alto Valle del Río Negro, la situación está controlada. De hecho, el 85 por ciento del país flexibilizó la cuarentena. No es el caso del AMBA, donde restringimos nuevamente la movilidad social y las actividades productivas. Pero además, con la cuarentena logramos no sólo aplanar la curva, sino fortalecer el sistema sanitario. Es una de las pocas cosas positivas que van a quedar después de esta pandemia. Por cantidad de camas, respiradores y elementos de protección personal que hemos sumado. Arrancamos el 20 de marzo con 8.500 camas de terapia intensiva y hoy estamos arriba de 11.600 entre el sistema público y el privado. Y no me quedaría sólo con lo cuantitativo: logramos achicar la brecha y le dimos más equidad: el 72 por ciento de las camas UTI eran del sector privado y el 28 del público. Hoy estamos 60 a 40.

-Los respiradores están íntimamente ligados a las UTI. ¿Cuántos faltan llegar a los centros de salud del total que compraron?

-Sucede algo similar. Le agregamos 2.400 y compramos 1.600 más, que todavía faltan entregar. Si sumamos los que se compraron para los hospitales modulares son 4.160 respiradores que vamos a agregar al sistema sanitario. Del total que había, el 65 por ciento estaban del sector privado. Hoy está en 50 y 50 con el público. Son datos importantes en cuanto a la equidad también.

-¿De qué depende la entrega de esos que faltan?

-De la capacidad que tengan los proveedores. Argentina tiene dos empresas grandes, las cordobesas Tecme y Leyton, que ahora se asoció con Mirgor, que está en Río Grande, en Tierra del Fuego. A ellas les compró el Estado Argentino. Arrancaron con una entrega semanal de 150 respiradores y hoy están en algo más de 300.

La vista de Bonelli: 9 de Julio hacia el Obelisco (Maximiliano Luna)
La vista de Bonelli: 9 de Julio hacia el Obelisco (Maximiliano Luna)

-Cuando se escucha que la capacidad del sistema sanitario se va a saturar si se disparan los casos, se habla de la limitación de la cantidad de respiradores. ¿De qué depende que se siga ampliando el número de ellos si hay más internados graves?

-Si no hubiésemos hecho la ampliación de respuesta del sistema sanitario, hoy ya tendríamos complicaciones en términos de saturación o stress, como lo llaman algunos. Ahora, si no logramos controlar la curva de contagios, si se descontrola -y por eso la cuarentena que empezamos ahora, que tiene ese objetivo-, no hay sistema sanitario que pueda dar respuestas. Se ve en el mundo. Nueva York es, a nivel mundial, la ciudad con mayor cantidad de camas y de respiradores per cápita. Pero se les descontroló la curva de contagios y tenían que estar contando los muertos en las esquinas. Y ni en el gobierno nacional ni en cualquiera de las jurisdicciones quieren que pase eso.

-¿El porcentaje de ocupación cuál es exactamente?

-55 por ciento. Viene subiendo un punto y medio a dos por día. Volvimos a la cuarentena estricta porque nuestro cálculo fue que con este nivel de crecimiento en 25 o 30 días íbamos a tener complicaciones.

-Si no se hubieran ampliado las UTI, la ocupación estaría en el 75 por ciento entonces.

-Y un poquito más también.

-¿Aplanar la curva hoy significa mantener unos 2.000 casos por día o bajarlos?

-Hay que bajarlos.

-¿Cuál sería un número aceptable?

-Varía mucho… El sistema sanitario tiene un grupo de internados en terapia por Covid-19 y otros que no están por Covid-19. Si a esta última variante la bajamos, vamos a tener mayor capacidad. Todo esto es muy flexible y cambia por dos o tres valores. Hoy el 90 por ciento de los internados están por no Covid-19. Hay muchos por trauma, porque al flexibilizar la cuarentena hubo más accidentes. Ahora eso debería bajar. El objetivo es que los casos sean los mínimos.

-Pero cuál sería la cantidad de casos aceptables.

-En el Conurbano, unos 1.300 a 1.500. Y acá en Capital entre 400 y 500.

-Estaríamos casi en 2.000 entonces…

-Más o menos. Deberían ser menos. Varía mucho el número de días que estén internados en terapia los que son no Covid. Los que tienen Covid-19 y llegan a terapia representan el 4 por ciento de los contagiados, y trabajamos con un indicador de 15 días en promedio que están internados allí cada uno.

"¿Qué nos pasó después de Insaurralde? Empezó a llamarnos la gente  y a decir “yo quiero plasma, yo quiero plasma…”. Y la verdad, todavía no hay nada concreto", señala Bonelli sobre la esperanza que se instaló en ese tratamiento contra el Covid-19 (Maximiliano Luna)
"¿Qué nos pasó después de Insaurralde? Empezó a llamarnos la gente y a decir “yo quiero plasma, yo quiero plasma…”. Y la verdad, todavía no hay nada concreto", señala Bonelli sobre la esperanza que se instaló en ese tratamiento contra el Covid-19 (Maximiliano Luna)

-¿Esos 15 días eran los mismos al principio de la pandemia, o con algún protocolo de tratamiento se logró bajar ese tiempo?

-No, es como al principio. Es un simulador que armamos y nos da lo mismo.

-Hay países con la misma cantidad de casos, pero con muchos más muertos. ¿Tienen alguna explicación?

-Es lo que te contaba: la respuesta del sistema sanitario. El promedio del porcentaje de muertos sobre contagiados, la letalidad, es en general mucho mayor que el nuestro. Acá estamos en una letalidad del 2.5, es baja. No vemos otra explicación.

-Se habla de la efectividad del plasma que donan aquellos que superaron la enfermedad.

-No hay una evidencia. Estamos haciendo dos o tres experimentos en el Posadas con 30 pacientes, pero no hay una conclusión científica aún. Hay que manejarlo con mucho cuidado. Yo sería bastante cauto con eso, no cantaría victoria. De hecho, lo que hizo Insaurralde no sirvió.

-¿No?

-Genera expectativas… ¿Qué nos pasó después de Insaurralde? Empezó a llamarnos la gente y a decir “yo quiero plasma, yo quiero plasma…”. Y la verdad, todavía no hay nada concreto. Por suerte Insaurralde salió bien, pero no se sabe si fue por el plasma o por otras cosas.

-En el mundo ya se anunciaron pruebas con vacunas. ¿Nuestro país va a tener acceso inmediato?

-Si… ahora empezaron en Brasil. Hablamos con los laboratorios, con Pfizer y un par más. Nos han dicho que tienen capacidad operativa para que cuando se descubra la vacuna poder producirla en escala a nivel país. Pero por lo que nos contaron, los más optimistas dicen que no habrá una venta masiva antes de fin de año. Esa es la realidad. Por eso hoy la única vacuna efectiva, aunque suene medieval, es la cuarentena. El mundo que intentó por otro lado, no haciendo cuarentena, ya vio las consecuencias.

-¿Cómo se convence a la gente de volver a la cuarentena estricta después de 100 días, con la angustia del encierro, la crisis económica, los negocios cerrados…?

-El gobierno -tanto el nacional, como de las provincias- ya lo planteó. Hay que mostrar las consecuencias de un desborde de contagios, y eso significa que un médico debe decidir a quién le da el respirador y a quién no. Nadie quiere llegar a eso. Acá, quienes tienen decisión, sean del color político que sean, están juntos en esa idea. Si no hacemos esto, lo que veremos es un sistema sanitario que no puede dar respuestas. Excepto algún desocupado de la política o algún librepensador que sale a opinar o ataca, hay unidad política vengamos de cualquier partido. Y tan mal no nos esta yendo.

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-¿Cuándo se termina esto?

-Lamentablemente, nadie sabe. Hubo países que cantaron victoria y tuvieron que ir para atrás, como Nueva Zelanda, donde regresó el coronavirus. Yo estoy convencido que si los ciudadanos seguimos comportándonos de manera responsable, cumpliendo con el distanciamiento, el poco uso del transporte público, los que están en riesgo cuidándose más, la salida de esta pandemia va a ser más temprano que tarde.

-Y si fuimos responsables, ¿por qué pasamos en poco tiempo de 500 casos a más de 2000?

-Si, en 20 días. Fue de la mano con la flexibilización, la apertura de la movilidad. Al virus lo llevan las personas. Si la gente se mueve más, aumentan los contagios. Acá los escenarios de cura son que se descubra la vacuna, que la cepa se debilite o que se contagien todos los susceptibles.

-¿Qué se podría haber hecho mejor?

-Es difícil la respuesta… Yo no hubiera flexibilizado tanto en el AMBA.

-¿Con quienes tuvieron más discusiones dentro del gabinete por ese tema?

-No, no…

-Pero por algo se flexibilizó. Alguien lo habrá pedido…

-¿Vinculado a la actividad económica? Por supuesto cada uno plantea desde su lugar la preocupación, pero todo está supeditado a la cuestión sanitaria. Por supuesto, Kulfas plantea la cuestión productiva, Guzmán la caída de la recaudación, pero te repito: todo se subordina a cómo vaya lo sanitario.

-El coronavirus parece que ocupa el 100 por ciento de la salud en la Argentina: toda la atención, todo el presupuesto. ¿Qué está pasando por debajo en términos sanitarios?

-Desde hace un mes, o algo más, nosotros estamos preocupados por las enfermedades que no son Covid. Cuando esto comenzó y se decretó la cuarentena, hablamos con el sector público y el privado, y les dijimos que pospongan todas las cirugías programadas para liberar camas. Eso en su momento sirvió, y tuvimos disponibilidad de camas. Claro, empiezan a explotar las cuestiones de salud por otro lado. Uno puede tener algo que no es grave, pero si no se lo trata, puede llegar a serlo. Hoy vemos que hay complicaciones vinculadas a infartos por personas que no quieren acercarse a los centros de salud por miedo a contagiarse, subieron las enfermedades crónicas como diabetes, oncológicas… Por eso permanentemente estamos diciendo que vayan al médico, que no tengan miedo.

-Eso es consecuencia también de ver la cantidad de personal de salud que se contagió en los hospitales.

-Cuando miramos la cantidad de contagiados, estamos en un 8 por ciento. En España, por ejemplo, arriba del 20 por ciento de los infectados fue personal de salud. Diría que somos de los países que mejor hemos trabajado para cuidarlos.

-Esa falta de consultas, cirugías y estudios, debe pegar fuerte -como sucede hoy con cualquier empresa argentina que no trabaja por el aislamiento- en los centros privados de salud.

-Ahí hay que separar lo que son los financiadores de los prestadores. Los financiadores hoy gozan de buena salud: obras sociales y prepagas. ¿Por qué? Están dando pocas prestaciones. El otro día me lo decía el presidente de una de las principales prepagas:”A nosotros nos aumentó la cantidad de afiliados”. Y en el caso de las obras sociales, el gobierno nacional ha reintegrado toda la plata que el Estado les adeudaba. Alrededor de 15 mil millones de pesos en tres meses. Los que vienen complicados desde hace varios años son los prestadores, clínicas y sanatorios. Ahí logramos ponerlos dentro del ATP, brindarles algunos beneficios impositivos. Y una vez por semana nos reunimos para seguir conversando.

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