
Recuperar la soberanía de nuestros cuerpos. Liberarnos de talles que no nos encajan, porque se piensan en serie bajo fórmulas que funcionan solo a veces y en otras latitudes. Militar el goce y resetear las miradas para reconocernos sensuales. Animarnos, sin miedos. O mejor aún: animarnos con miedos, pero acompañadas. De eso se trata ElleVanTok, la marca de lencería erótica que María Eugenia (Maru) Arabéhèty creó hace seis años para revolucionarlo todo.
“Hacemos talles inclusivos para distintos cuerpos, géneros y edades. Amamos las arrugas, las celulitis, los rollos, las várices, los pelos, las estrías, los poros. Trabajamos con las mujeres y con la comunidad LGBTIQ porque son a quienes privaron de sus deseos. Se anularon los cuerpos, se mostraron estándares de belleza casi ficticios, y a las que quedábamos por fuera de esos cánones se nos dificultó el acceso al placer. Por eso, conocer nuestra sensualidad es un poder y lograr transmutar situaciones de dolor hacia vivencias placenteras, orgásmicas, es liberador y muy valioso”.
Maru conversa con Infobae mientras ve caer las primeras nieves desde su casa en Bariloche. Hace un tiempo emigró del barrio de Almagro cansada del ritmo y la violencia de la ciudad.

Maru acostumbra patear tableros. Se define como una persona intuitiva, que se la juega por ideas que aparecen antes de los por qué. La convocan los desafíos, las ganas de encontrarse en ese punto en que finalmente todo cierra.
“Cuando cumplí 30 falleció mi papá. Nos llevábamos muy bien. Fue uno de los momentos más incompresibles que viví. Y a partir de ese sentir quise dejar de diseñar para otras empresas. Me di cuenta de que era la oportunidad de hacer mi camino. Pero no se trataba solo de diseñar, también quería dar un mensaje, hacer cosas con un propósito real”.
Con el título de diseñadora de indumentaria de la Universidad de Buenos Aires, Maru dio clases durante 15 años en la facultad. En Polonia y en Alemania se especializó en lencería y descubrió los beneficios de vivir en lugares que respetan los talles diferenciados de taza y espalda. De vuelta en Argentina se presentó a un concurso de Triumph y quedó finalista por cranear un corpiño con calce perfecto. Los planetas comenzaban a alinearse para darle forma al proyecto propio.

“La idea fue que cualquiera pudiera usar ElleVanTok. Crear prendas que integren, que permitan sentirse parte y gustarse. Aunque puede sonar banal, la realidad es que es muy difícil no tener qué ponerte. Pero no era un tema de tamaños únicamente. Lo erótico siempre fue parte de mí y quería fomentar la exploración de nuestros cuerpos. Cuerpo y mente están interconectados, y aceptar y amar nuestro cuerpo nos ayuda a amarnos a nosotras mismas”.
Maru cree fuertemente en esa comunión. Durante sus años en Polonia enfermó de cáncer. No lo compartió con su familia, no quería angustiarlos, pero se propuso dar vuelta el diagnóstico: “Empecé a meditar y a cambiar mi manera de ver las cosas, para abordar todo con más positivismo. Así pasé de un estadío grado 4 a la curación total”.
Resiliencia
Cuando piensa en ElleVanTok Maru imagina a un personaje femenino, pero el nombre surgió como un juego de palabras al escuchar una canción de King Crimson. Significa “palabras mayores”, porque el objetivo era que sus diseños permitieran hablar de temas relevantes, importantes para el bien común. La imagen que acompaña es un cuervo, un guía espiritual que lleva mensajes de cambio por el mundo, consciente del pasaje de la vida a la muerte y del equilibrio perfecto entre la luz y la oscuridad.

“La violencia de género me interpela por ser mujer, por haber sido acosada y abusada de niña, por haber vivido intentos de violación y de secuestro, y padecer la cosificación de los hombres. Pero a medida que fui creciendo comencé a escuchar a otras mujeres que habían vivido historias similares a las mías. Me parecían demasiadas y sentí que exponer esos relatos era fundamental para tomar consciencia y sanar. Entendí que mi misión era acompañar y ayudarlas a salir adelante. Creo que las experiencias de sufrimiento son las que después permiten empatizar con dolores parecidos o muy distintos de otras personas. La marca está atravesada por mis vivencias. A veces pierdo la cuenta de dónde empieza una cosa y otra”.
Maru se tiró a la pileta y fue a por todo. Además de habilitar el goce a distintas corporalidades con productos sensuales y de alto voltaje, las colecciones de bodies, tops, mallas, bombachas, sostenes y tangas de ElleVanTok generan trabajo para las que más lo necesitan a través de estrategias de cuidado ambiental.

Por ejemplo, la fabricación de los arnés hot está a cargo de mujeres que estuvieron privadas de su libertad y hoy se nuclean en la cooperativa de trabajo YoNoFui, y el packaging 100 por ciento algodón con el que se entregan las prendas es obra del taller textil Cuñá Mbareté, que manejan mujeres en situaciones de vulnerabilidad del Barrio Nuevo, en el oeste del conurbano bonaerense.
Las alianzas también se tejen en pos de la sustentabilidad del medio ambiente, con menos desperdicios y apostando a la exploración de materiales compostables, biodegradables y plantables. Como las etiquetas, que contienen semillas para que germinen amapolitas, flores blancas, linos y amarantos; o los tarjetones impresos con tintas ecológicas.

“Los pilares son los talles inclusivos, la integración social y la innovación sostenible. Es un emprendimiento de triple impacto que empodera a las comunidades más vulnerables, convirtiendo el dolor en amor y creando oportunidades para que muchas personas proyecten vidas más justas y felices”. Maru está convencida, y convence.
Si no puedo verme sexi, no es mi revolución
ElleVanTok se vende online y en 15 tiendas de reventa mayorista a lo largo y ancho del país. Un showroom en Bariloche y el “Búnker Feminista” en CABA son las “bases de operaciones”. En el local porteño se realizan talleres de sexualidad, diversidad, violencias, se pasan pelis eróticas, se presentan libros… es un espacio de sinergia y comunidad entre mujeres.

Lo mismo ocurre con la ropa interior. El enganche no termina con el ticket de compra. Al contrario, la aventura recién comienza. Así lo cuenta la diseñadora: “Una vez que son usuarias nos escriben constantemente contándonos sus experiencias con sus cuerpos, con las otras personas, cómo modificaron sus actitudes, cómo iniciaron una valoración distinta. Participan de las campañas, se sacan fotos para las redes, se muestran, como un paso necesario hacia la autoaceptación, como si se tiraran del trampolín más alto”.

Mujeres que por primera vez se sienten deseables con sus curvas desobedientes a la norma que estandariza, que controla, que define. Mujeres que se animan al cuero, a las tachas y a las trikinis para desarmar un destino que las excluía del erotismo. A ellas, Maru Arabéhèty les propuso una revolución: “Esta es la revolución de las gordas, de las viejas, de las feas, de las trans, de las pobres, de las marginadas, de las víctimas, de las encarceladas. Esta es nuestra revolución”.
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