Beto de la Torre fue el primero en entrar en el banco Río de Acassuso, aquel 13 de enero de 2006, y el primero en ser detenido, pocos días después. Y el que más años (ocho) preso estuvo en comparación con sus compañeros
Beto de la Torre fue el primero en entrar en el banco Río de Acassuso, aquel 13 de enero de 2006, y el primero en ser detenido, pocos días después. Y el que más años (ocho) preso estuvo en comparación con sus compañeros

Cada vez que entra en un banco, Rubén Alberto De la Torre se siente raro. Algo en él, por dentro, enciende una especie de alarma. Como si sus gestos, mirada o movimientos estuvieran por liberarse hacia lo prohibido. El músculo tiene memoria. Pero el ladrón retirado oprime sus deseos y al final es un cliente más. Saca número, va hacia las cajas de atención y en vez de “arriba las manos” espera en un silencio incómodo que sea su turno.

"Para un asaltante, entrar en un banco da más adrenalina que a un empleado o gerente y hasta un cliente que tenga que retirar un palo. Salvando las distancias, es como el futbolista retirado que entra en una cancha: le van a dar ganas de patear la pelota”, dice “Beto” De la Torre a Infobae.

Fue el primero en entrar en el banco Río de Acassuso, aquel 13 de enero de 2006, y el primero en ser detenido, pocos días después. Y el que más años (ocho) preso estuvo en comparación con sus compañeros.

-¿Cuándo entra en un banco le dan ganas de robarlo?

-No. Pero me corre algo por todo el cuerpo. Miro las cámaras, el lugar, la gente, como si fuera a robarlo. Pero es una costumbre que me quedó. Solo voy a hacer trámites. Como cualquier ciudadano. Ahora tengo cuenta en un banco, quién le hubiera dicho. Pero no voy a dar el nombre de la entidad.

-¿Extraña delinquir?

-Claro que extraño, era un orgasmo para mí. Pero asumí mi retiro. La vejez, las ganas de disfrutar de la libertad, no terminar en cana ni causar daño a nadie, todo eso hace que ahora quiera vivir del lado legal.

-La tecnología también atenta contra el ladrón, ¿no?

-Sin dudas. Está complicado ahora. Hasta reconocimiento facial hacen, y hay cámaras por todos lados, rompieron la intimidad del ladrón. Lo desnudaron. Te filman desde que salís hasta que llegás a un lado. La tecnología nos va a sociabilizar de prepo a todos los chorizos. Yo no quiero masticar más reja. Pero el hampa nunca se termina. Siempre habrá chorros. Por dos motivos: uno natural y otro por conveniencia del sistema. Necesitan fabricar ladrones. Somos un mal necesario.

-¿Qué sintió al volver a disfrazarse como el día del robo?

-Un cosquilleo. Fue un robo histórico que jamás se nos va a borrar de la memoria.

De la Torre captado por las cámaras de seguridad durante el asalto
De la Torre captado por las cámaras de seguridad durante el asalto

En la película El robo del siglo, De la Torre es interpretado por Rafael Ferro. “Beto” había sido el asaltante que entró en el banco disfrazado de médico: delantal blanco y estetoscopio. Una peluca completó ese disfraz inverosímil que no había sido elegido al azar: la figura de médico o de maestro es muy familiar entre las personas. Los rehenes iban a sentir una especie de protección ante esa autoridad ficticia, y quizá también iba a confundirlos cuando tuvieran que describir al ladrón: es probable que solo se refirieran “al tipo de guardapolvo blanco”, sin reparar en algún rasgo particular.

Pero eso era en la teoría, porque en la práctica un testigo habló de los ojos celestes de ese ladrón, los mismos ojos que ahora miraban con calma. Este hombre que me hablaba en confianza, había sido señalado por los rehenes como el ladrón alto, vestido con delantal y peluquín que iba de acá para allá con una escopeta. Su rol no había sido menor: fue el primero en entrar en el banco. En la banda era uno de los que más experiencia tenía en este tipo de hechos.

Pero su carrera delincuencial se derrumbó por la delación de su esposa, Alicia Di Tullio, quien según la versión instalada lo habría denunciado a él y a sus compañeros porque pensaba fugarse con una presunta amante.

-¿Sigue enojado con Di Tullio, su ex mujer?

-Sí. No la perdonaría nunca a Alicia porque las traiciones no se perdonan. Las traiciones de ese tipo, porque era una persona que no estaba en la banda ni en la Policía. No era justo que traicione y no estaba en los códigos que manejábamos nosotros en ese momento. Si yo la perdono a ella, traiciono a un montón de gente que confió en mí, que tuvo consecuencias por esto... entonces no sé, que la perdone Dios. Por ella caímos yo y todos mis compañeros. Esto no quiere decir que vaya a tomar represalias. Eso jamás, porque a cada cual la vida le da el vuelto, así que capaz que me lo dio a mí de alguna manera, pero cada cual recibe lo suyo.

-Tanto la historia oficial como la película refieren que su ex lo delató porque usted iba a fugarse y dejarla por otra mujer...

-Es mentira, una gran mentira que está dando vueltas siempre. La hago fácil para que se entienda: si yo me quiero ir con otra mujer, no lo hago de un día para el otro. Es algo que viene barajado, entonces, yo no llego con plata a mi casa, como hice. Me voy directamente, me meto en un hotel, no sé... me voy con otra mujer y a mi señora le mando después plata para vivir y para mi hijo. No estaba en mis planes abandonar a mi familia ni irme con otra mujer. Así que eso es otra mentira.

-¿Y cuál es la verdad?

-Ella sacó dinero de una plata que no había que tocar por un año y empezó a repartir a los hijos, que caían a la casa con bolsos. Bueno, la hija, por ejemplo, iba con revistas con precios de autos, de departamentos, empezaron a presionar. Una presión que no correspondía. Ahí es donde vienen todas las discusiones y terminó sacándome 300 mil dólares de un bolso, lo llevó a lo de la hija, había libras esterlinas también y algunas joyas. Y a partir de esa discusión levanta el teléfono y me manda preso.

Alicia Di Tullio denunció a la banda, entre ellos su ex esposo (Facebook)
Alicia Di Tullio denunció a la banda, entre ellos su ex esposo (Facebook)

-Ella dice que usted la agredió...

-Es todo mentira. Se pone en evidencia que el motivo de ella de mandar preso a todos es la plata. Porque en una parte también es como que quiso extorsionar a la banda: que a ella le correspondía plata por haber estado al lado mío, que cada uno le diera 50 mil dólares. Le dije: “vos estás loca” y ahí empezó otra discusión. Esa mujer se mareó con el dinero, se mareó con la plata mía, tenía un odio de que la gente tuviera algo…

-También dice que lo mantuvo.

-¿Cuándo? Yo no soy un mantenido ni lo fui nunca. Y es más, la casa donde estuvo viviendo todos estos años conmigo era de mi hermana, yo se la terminé comprando a mi hermana, la puse a nombre mío y de ella y después con un ardid ella la puso a su nombre estando yo detenido. Hizo un truco con un escribano, y es como que la parte mía se la vendió al hijo. Toda una chinchurria, así que el interés de ella es apropiarse de cosas, pero no de cosas de gente desconocida, entonces… ni la convierte en ladrona ni merece los 100 años de perdón que dice que merece el que le roba a un ladrón. El que roba a un conocido se le llama rastrero.

-¿La pasó mal en la cárcel?

-Gracias a Dios no me quebró la cárcel, los años que me dieron, no me quebraron las injusticias. Me puse a estudiar, a tratar de superarme y prácticamente hice tres carreras, casi cuatro, que están todas sin concluir pero eso me abrió mucho la cabeza y me ayudó a conectarme, a poder dialogar, proyectarme y tener constantemente cosas para hacer. El dinero va y viene, sí es importante y lo necesité mucho en su momento. Pero después escribí un libro junto a Luis Beldi y tengo otros proyectos. Ahora estoy por hacer un taller textil, para hacer serigrafía, estampado. Lo voy a hacer en mi casa hasta que recupere mi otra casa en Capital que está viviendo esta señora Di Tullio. Entonces, cuando recupere esa casa, me voy para Capital y dejo en esta casa montado un taller. Yo sigo para adelante, tratando de meterme en algún bolo o algún proyecto como actor, que también me gusta mucho. Estudié teatro y eso me ayudó mucho a participar en la miniserie Un gallo para Esculapio y en la misma película El robo del siglo, donde hago un cameo.

-En la serie hace de gendarme y en la película de policía.

-En ficción hago de lo que sea. Igual he llegado a robar disfrazado de cana. Lo importante es que en la actualidad tengo muchos proyectos. Un libro comandado por Andrés Calamaro, otro con relatos míos, quizá un documental del robo. En la actualidad trabajo con dos estudios jurídicos, hago escritos, excarcelaciones, todo ese tipo de cosas. Ser estudiante avanzado de Derecho me sirvió para esa actividad. Además compro autos, los arreglo y los vendo. Motos también. No me puedo quejar, por eso todos los años viajo a Corrientes a agradecerle al Gauchito Gil a prenderle una velita.

"Cometí decenas de robos. Fue una vida, no un día. Una vida haciendo lío. A esta altura lo veo como un camino equivocado, por más que haya producido una moneda en su momento, me dio muchos sinsabores"

-¿Cuántos robos cometió?

-Decenas. Fue una vida, no un día. Una vida haciendo lío. A esta altura lo veo como un camino equivocado, por más que haya producido una moneda en su momento, me dio muchos sinsabores. Perdí una familia, perdí cariño, perdí tiempo, perdí vivencias. En la cárcel se pierde un montón de cosas. Ahora, ya con unos cuantos años afuera, trato de disfrutar de lo que puedo, de lo que fue mi familia, rearmando de a poco. Tengo nietos, sobrinos... Por suerte se perdieron los años pero no el cariño y estamos tratando de recuperar todo a través del recuerdo. Cuando entré en la cárcel eran bebés y cuando salí eran hombres.

-¿Se arrepiente de haber sido ladrón?

-Estoy arrepentido de lo que hice, pero no me arrepiento de quién soy. Porque por suerte no dejé mal rastro de mi camino, así que puedo ir a cualquier lado, cualquier barrio, cualquier villa, cualquier lugar importante, cualquier penal, porque fui presidente de la comisión de ex detenidos. Puedo entrar a cualquier penal, a cualquier lado sin que me puedan dar una puñalada. Algunos hechos pagué, otros pude zafar. Pero seguro cometí más de 100 robos. En una época eran varios por día.

-¿En qué se equivocó?

-En muchas cosas. Hasta con la compañera que elegí, Alicia Di Tullio. Vuelvo a ella. Es una mentirosa... maldita la hora que se la presenté a los muchachos antes del robo. Fue un gran error. Ella aprovechó la situación para quedarse con algunas pertenencias, propiedades, cometió una estafa por la cual estuvo denunciada en algún momento, está usurpando mi casa y se resiste a irse, siempre con ardides y artimañas, poniendo a los hijos de por medio.

-¿Alguno de la banda la perdonó?

-Sé que dos compañeros míos la perdonaron, y los felicito por la grandeza y la capacidad de su persona. Pero yo no la perdono. Porque lo que cometió conmigo es imperdonable porque tiró una familia por la ventana por plata... porque no puede decir que fue por infidelidades ni nada de eso, porque dentro de la pareja fuimos los dos infieles. Y es la madre de mi hijo... Es una mujer que se pone en evidencia con sus declaraciones, que yo andaba con mujeres de la villa sin dientes, ¿y eso que tiene que ver? A mí me interesa la persona y estoy más cómodo en una villa que en otro lado, y una mujer que no tiene dientes quizá tiene un corazón más grande. Los corazones no tienen dientes… Yo no discrimino a nadie. Te das cuenta de que ella es una mujer discriminadora. En su misma declaración dice que si hubiésemos puesto 50 mil dólares cada uno, hubiera terminado todo el problema. Se mareó por la plata y no por la infidelidad mía, la cual ella no desconocía.

-¿Pero era infiel?

-Siempre tuve ese defecto de ser infiel, pero ella también fue infiel conmigo, así que hay que tener memoria. Al “ortiba” no se lo perdona en ningún ámbito, ni laboral ni delictivo ni del ámbito social. Es mala persona, persona resentida que trata de ganar algo.

Araujo, el cerebro de la banda
Araujo, el cerebro de la banda

-¿Qué opina de Fernando Araujo y de Luis Mario Vitette Sellanes?

-No los voy a separar porque de ellos sigo manteniendo esa imagen de equipo, que llevamos adelante un hecho que hoy es historia. En su rol fueron los mejores, no hay comparación con nadie. Para mí son buenos muchachos, que los juzgue alguien de afuera como hacen conmigo. Me juzgan a mí y me juzgan mal o me juzgan bien y yo sigo siendo quien soy. No voy a modificar mi vida ni mi forma de ser por la opinión de nadie. Si estoy equivocado trato a la noche de consultarlo con la almohada y reparar mi error. Y cuando me equivoco trato de repararlo o pedir perdón.

-¿Le pidió perdón a las personas que estaban en el banco ese día o tenían cajas de seguridad?

-Sí. Hasta lo hice por televisión. Una disculpa social por la gente que fue afectada, que estuvo en el momento del robo adentro del banco, que sufrieron esos nervios. O las personas que tenían dinero o joyas en las cajas de seguridad. Aprendí con los años a bajarme del caballo, a hacerme cargo de las cosas y pagar lo que haya que pagar. Lo importante de que no hubo maltrato, fue todo siempre tratando de preservar la vida de la víctima, tratando de evitar que hubiera disparos y no hubo sangre en el camino. Así que todos los hechos que pueden corroborarse en las causas que yo tuve no hay heridos, no hay muertos ni nada que se parezca. Solamente yo salí herido en alguna oportunidad.

Vitette Sellanes en Uruguay
Vitette Sellanes en Uruguay

-¿Qué opina de la película?

-Estuvo bien, entretenida, en algunas cosas no está lejos de la realidad, pero en otras cosas no es lo que realmente pasó. Está bien lograda, tiene buenos actores, buenas tomas. Pero en lo personal hay cosas que no ocurrieron, en ningún momento me cachetearon en la calle, ni Di Tullio ni nadie, son cosas que le dan un poquitito de emoción a la peli, cosas que no pasaron... pero estuvo buena, a la gente le gustó, salieron todos conformes. Ojalá nos podamos juntar todos y hacer un documental.

-¿Es posible que vuelvan a reunirse pese a las diferencias?

-Estamos en ese camino. Inevitablemente el grupo tiene que encontrarse nuevamente. Y tenemos que ponernos de acuerdo en algunas cosas, así que estamos con esperanzas de futuro y más laburo para adelante. Todos fuimos fundamentales para poder cometer ese magnífico robo, lo vivimos como una aventura porque hubo gente que lo pensó y lo materializamos. Pensamientos mágicos tenemos todos, pero si no tenemos cómo materializarlos no sirve. Eso funciona como un equipo: hubo cerebro, corazón, músculo, toda la fuerza necesaria y todos fuimos importantes. Todos cumplimos el rol al pie de la letra, las cosas salieron como tenían que salir. Sería lindo juntarnos todos otra vez. Recordar lo que vivimos y lo que sufrimos, las inclemencias del tiempo, todo lo que pasamos abajo del túnel, y las cosas que le fueron ocurriendo a la banda.

-Pero hay roces y egos en la banda...

-Para mí es como un equipo de fútbol y todas las cosas que pasamos juntos podemos volcarlas en un documental. Diciendo la verdad, haciéndonos cargo cada cual de sus cosas. Porque es de gente valiente asumir los errores. Quizá tengamos que decirnos en la cara lo que haya que decirse. Todos pusimos el pecho, antes ante 300 policías que rodeaban el banco. Y ahora, libres, cada uno sigue con su vida alejado del delito. Nadie fue más que nadie. Valoro todo el laburo de los compañeros, todos espectaculares. Abrazo para todos y para la gente que también está atrás de esta historia.

De la Torre durante el juicio por el robo del siglo
De la Torre durante el juicio por el robo del siglo

-Fernando Araujo fue el ideólogo.

-Eso es indiscutible. El que trajo la idea fue Araujo. Pero liderazgo y jefatura nunca la tuvo nadie, no reconozco a ningún jefe. Cada uno fue jefe en el trabajo que tuvo que hacer, así que todos tuvimos que hacerlo bien. Sin trabajo en equipo no se hubiera logrado. Ahora Araujo, si querés nombralo capitán del equipo, fue el ideólogo, el cerebro y el que más impulsaba. Y después le dimos para adelante todos, le pusimos el corazón y el espíritu e hicimos lo mejor.

-¿Cómo hizo para aceptar entrar en un banco con una réplica de pistola pese a que usted siempre robó con armas cortas y largas?

–El arma que usé era de juguete. Era de mi pibe. Y para confundir a los peritos y ganar tiempo, antes de irnos del banco hicimos unas travesuras. Fue un gran golpe pero estoy arrepentido. Lamento haberme hecho conocido de esta manera... pero con esto también le podemos demostrar al mundo que los argentinos podemos hacer muchas otras cosas además de comer asado. Somos buenos en todo, en el deporte, en la ciencia, en la medicina, en la literatura, en el cine, y también en esto. En el choreo.

"Acá la posta es que el verdadero robo del siglo fue el del corralito. Mucha gente nos quiere y nos aplaude porque la estafa mayor la hizo el Estado", dice el ex ladrón

Cuando su hijo tenía seis años se le cayó un diente y se durmió esperando al Ratón Pérez. Esa noche, De la Torre robó a punta de pistola la recaudación de un colectivo. A la mañana siguiente, debajo de la almohada del nene, escondió una bolsa con 500 pesos en monedas. El niño despertó eufórico, a los gritos: “¡Papá, soy rico!”.

Según Beto, su mujer Alicia manoteó la bolsa. “¿A vos se también se te cayó un diente? Eso es del nene”, le dijo.

–Cuando jugaba con mi hijo, era un nene más. Le contaba cuentos, escuchábamos canciones infantiles, salíamos a pasear. Cuando llegaba de algún laburito, y lograba volver sano y salvo, lo primero que hacía era verlo dormir. Lo acariciaba, le daba un beso y me iba a acostar tranquilo.

Cuando estuvo detenido por el robo, dice que el distanciamiento de su familia lo deprimió. A una psicóloga de la cárcel le confesó que ese vacío existencial solo lograba llenarlo con un robo. “La carencia de afecto era reemplazada por la adrenalina de un asalto”, asegura. Quería ser a través del delito. Se le negaban los abrazos pero se le abrían las cajas fuertes. Ante la imposibilidad de ser querido como él creía que se merecía, se aferraba al dinero y a la adrenalina del delito como formas de la esperanza. Conocía el fracaso, pero eso no lo desalentaba: insistía en cuanto aparecía un plan criminal que podía salvarlo.

–Cuando llegué a casa el día del robo del siglo, en la televisión todavía transmitían la toma de rehenes. Pensaban que seguíamos ahí adentro. Nadie podía imaginarse que los ladrones estábamos cada uno en nuestras casas. Llegué embarrado, con la guita manchada. Una parte la escondí en el horno y la otra en la heladera. Mi ex mujer me traicionó. Pero acá la posta es que el verdadero robo del siglo fue el del corralito. Mucha gente nos quiere y nos aplaude porque la estafa mayor la hizo el Estado. ¿Quién hace más daño: un político corrupto o un ladrón de bancos? El corralito fue el robo perfecto porque no hay nadie preso. Lo nuestro fue una travesura en comparación con eso. En un momento llegué a pensar que las víctimas del corralito nos iban a venir a apoyar en el juicio. Pero me equivoqué. Era una fantasía. Pensar que ahora estamos en una película. Y la gente llena los cines.

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