Sarah Ferguson, la Duquesa de York, es uno de los personajes más curiosos de la realeza británica (Ibl/Shutterstock)
Sarah Ferguson, la Duquesa de York, es uno de los personajes más curiosos de la realeza británica (Ibl/Shutterstock)

Sarah Ferguson no era lo que se dice una belleza tradicional ni una joven reservada. Era un petardo, pura chispa, simpática, un poco desfachatada, muy pecosa, pelirroja y bastante alta (mide 1,72 m). Eso sí, acarreaba con pasado noble y un comprobado parentesco con las familias reales del Reino Unido. Así que el día que se casó con “su” Príncipe Azul (Andrés de Inglaterra era uno de los sucesores al trono, ese que su madre Isabel II no soltó todavía) el cuento de hadas y tules y piripipís resultó mágico para todos los que seguían de cerca la historia. Como un cuento de hadas.

Pero ya sabemos que las apariencias engañan y que la vida es mucho más compleja que cualquier ficción.

A Sarah (Fergie le diremos de ahora en más, el sobrenombre con que se la conoce en todo el mundo), como le había pasado también a su amiga del alma Lady Di, las cosas no se le dieron en bandeja como el futuro parecía prometer. Lo cierto es que ella, por candidez o por demasiada audacia, quién sabe, no dejó jamás de meter la pata en ese mundo donde el protocolo y la imagen lo son casi todo.

Sarah Margaret Ferguson nació en Marylebone, en Londres, el 15 de octubre de 1959. Era la segunda hija del mayor Ronald Ivor Ferguson con su primera mujer, Susan Mary Wright (quien luego será conocida como Susan Barrantes, debido a su matrimonio con el argentino Héctor Barrantes) (David O'Neil/ANL/Shutterstock)
Sarah Margaret Ferguson nació en Marylebone, en Londres, el 15 de octubre de 1959. Era la segunda hija del mayor Ronald Ivor Ferguson con su primera mujer, Susan Mary Wright (quien luego será conocida como Susan Barrantes, debido a su matrimonio con el argentino Héctor Barrantes) (David O'Neil/ANL/Shutterstock)

Con Lady Di eran “como hermanas, todavía la extraño”, dice Fergie hoy, a más de 22 años de la trágica muerte de la Princesa de Gales en el túnel bajo el Puente del Alma, en París. Hace muy pocos meses eso justamente le confesó al canal de televisión español Telecinco, y agregó: “A Diana la mostraban como la santa y a mí como la pecadora. Diana era mi mejor amiga”.

Ambas eran muy compinches. Se habían casado con dos hermanos de la familia real, tenían que sobrellevar el duro mundo de la monarquía y lidiar con sus estrictas reglas. Las consortes de los herederos al trono tenían problemas de alimentación y de autoestima: se confesaban sus miedos, dichas y desdichas.

La vida, tras los muros del palacio, no era en absoluto rosada.

La siempre querida Fergie, que nunca perdió su simpatía a pesar de los resbalones de su vida, acaba de cumplir 60 años el pasado 15 de octubre. Buen momento para intentar contar su ajetreada existencia llena de desatinos, amantes, tragedias, polémicas ridículas, escándalos y deudas. Porque en su historia, sin riesgo a exagerar, hubo de todo.

En 1981, junto a su gran amiga Lady Diana. Ferguson asegura que eran
En 1981, junto a su gran amiga Lady Diana. Ferguson asegura que eran "como hermanas" (Graham Wood/Daily Mail/Shutterstock)
El pelo colorado de
El pelo colorado de "Fergie", su gran marca distintiva (John Curtis/Shutterstock)

Abandono y rebeldías

Sarah Margaret Ferguson nació en Marylebone, en Londres, el 15 de octubre de 1959. Era la segunda hija del mayor Ronald Ivor Ferguson con su primera mujer, Susan Mary Wright (quien luego será conocida como Susan Barrantes, debido a su matrimonio con el argentino Héctor Barrantes). Su hermana mayor, Juana Luisa, le lleva dos años.

Cuando ella tenía solamente doce años su madre Susan las abandonó a las dos en Gran Bretaña y se fugó a un país lejano, la Argentina. Iba corriendo detrás de su gran amor el polista Héctor Barrantes. Fergie quedó desolada. Tiempo después reconocería que ese hecho la marcó de por vida, que se había sentido “despreciable e incapaz de ser amada”. Para colmo, su padre también se volvió a casar con otra Susan… Deptford y tuvo tres hijos más. Con ellos convivió Fergie toda su adolescencia.

Cuando Sarah tenía solamente doce años su madre Susan las abandonó a las dos en Gran Bretaña y se fugó a un país lejano, la Argentina (Alan Davidson/Shutterstock)
Cuando Sarah tenía solamente doce años su madre Susan las abandonó a las dos en Gran Bretaña y se fugó a un país lejano, la Argentina (Alan Davidson/Shutterstock)

Luego estudió para ser secretaria, en la London Secretarial College, y rápidamente salió al mundo laboral. Una ex compañera de trabajo relató que Fergie “era el terror de los jefes porque se acostaba y se levantaba muy tarde”.

Su primer novio fue un hombre diez años mayor que ella: Kim Smith-Bingham. En 1982 rompieron y ella comenzó otra relación con el empresario de la Fórmula 1, Paddy McNally, que le llevaba quince años Paddy era viudo y tenía dos hijos. Ella quería formalizar, pero él se escabullía. En eso estaban cuando la vida de Fergie dio el gran vuelco.

Con Lady Di, durante un partido de polo en 1981 (Alan Davidson/Shutterstock)
Con Lady Di, durante un partido de polo en 1981 (Alan Davidson/Shutterstock)

Sangre bien azul

Sarah Ferguson es una auténtica aristócrata británica por nacimiento: sus antepasados están nada menos que relacionados con la Casa de Estuardo. Por parte de padre es descendiente del rey Carlos II de Inglaterra. Pero su sangre adoptaría todavía un tinte azul más intenso cuando se casó con Andrés de Inglaterra, el tercer hijo de la reina Isabel II y Felipe de Edimburgo.

Junto al príncipe Andrés, su futuro marido, a bordo de una de las embarcaciones pertenecientes a la familia real británica, en 1984, dos años antes de dar el sí (Mike Walker/Shutterstock)
Junto al príncipe Andrés, su futuro marido, a bordo de una de las embarcaciones pertenecientes a la familia real británica, en 1984, dos años antes de dar el sí (Mike Walker/Shutterstock)

Si bien se conocían desde la infancia, nunca habían coincidido realmente hasta que Lady Di, ya casada con el príncipe heredero Carlos de Inglaterra, los presentó en las tradicionales carreras de Ascot en 1985. Lady Di intuía que, entre su amiga del alma y su cuñado, la cosa podía andar... no se equivocó.

Andrés y Fergie congeniaron a la perfección. A los dos les gustaban las mismas actividades y disfrutaban de la vida nocturna. Andrés el consentido de su madre, el favorito y al que más le han perdonado sus pecados y sus andanzas de playboy, parecía que sentaría cabeza cuando empezaron a salir. Los monarcas creían que la chispa de la noble pelirroja sería un soplo de aire fresco para la acartonada Corona. No podían predecir el grado de huracán que alcanzaría esa brisa...

Lady Di fue la gran Celestina que unió a Ferguson con el príncipé Andrés (Everett/Shutterstock)
Lady Di fue la gran Celestina que unió a Ferguson con el príncipé Andrés (Everett/Shutterstock)

El 17 de marzo de 1986 hicieron público su compromiso: él mismo diseñó el anillo que le dio a Fergie. Y se casaron el 23 de julio de 1986, en la Abadía de Westminster. Ese día la Reina les otorgó los títulos de duques de York, condes de Inverness y barones Killyleagh. Fergie, además, recibió automáticamente el tratamiento de Su Alteza Real.

Andrés y
Andrés y "Fergie" se casaron el 23 de julio de 1986 (Shutterstock)
Como ocurrió con otras bodas reales, los novios fueron saludados por el público en las calles de Londres (Shutterstock)
Como ocurrió con otras bodas reales, los novios fueron saludados por el público en las calles de Londres (Shutterstock)

Dos años después, el 8 de agosto del 1988, nació Beatriz, la mayor. El 23 de marzo de 1990, nació la segunda hija: Eugenia. Fergie inspirada por la maternidad se decidió a escribir su primer libro para chicos y terminó haciendo varios. Quería tener trabajo y ganar su dinero. Pero no le resultaría fácil. No faltaba mucho para que comenzaran los “reales” problemas.

Escándalos, chimentos, rumores y polémicas

Durante los primeros años de su matrimonio Fergie sumó kilos. Subió de peso y los medios periodísticos y las permanentes fotos no se lo dejaban pasar. Todo lo que hacía era de dominio público. Era angustiante. Mientras tanto, su marido Andrés estaba siempre afuera: con sus misiones en la Marina, como piloto de la Royal Air Force, y cumpliendo con los deberes de la realeza. La distancia entre ellos se volvió un insondable abismo. Pasaban juntos solo 40 días al año. Demasiado poco. Empezaron los chimentos y los escándalos. Fue inevitable. “Pasé mi primer embarazo sola. Cuando Beatriz nació Andrés estuvo diez días y se tuvo que ir. Cuando yo lloraba me decían ¡Crecé y maneja la realidad!”, relataría años después.

Ferguson con Beatriz, su hija mayor, que nació en 1988 (Mike Walker/Shutterstock)
Ferguson con Beatriz, su hija mayor, que nació en 1988 (Mike Walker/Shutterstock)

Los diarios comenzaron a publicar rumores de romances de la inquieta Fergie con otros hombres. Entre ellos figuraba el megamillonario texano Steve Wyatt. Lo había conocido mientras estaba embarazada de su segunda hija, en 1989, en el festival británico de ópera de Houston.

David Leigh (coautor del libro La Duquesa de York, sin censura) lo resumió así: “Fergie se enamoró locamente de él. Lo conoció en un momento de su vida en el que estaba con muy baja autoestima y sentía que Andrés no estaba ahí para sostenerla (..) Ella fue a Texas y se encontró con este hombre extremadamente buenmozo, rico y protector y se enamoraron (...) Andrés puede haber sido, y todavía ser, su mejor amigo, pero Steve Wyatt fue el verdadero amor de su vida”. Según el mismo autor, Fergie “quedó devastada cuando Wyatt empezó otra relación y, finalmente, se casó con Cate Magennis. Ahí terminó su sueño de que algún día podrían vivir juntos”.

Wyatt sería el responsable de la ruptura del matrimonio real luego de que los sorprendieran de vacaciones juntos en Marrakech. En marzo de 1992 los duques de York anunciaron su separación.

(Steve Back/Daily Mail/Shutterstock)
(Steve Back/Daily Mail/Shutterstock)
Una postal familiar, en 2001 con Andrés y las princesas Eugenia y Beatriz (Alan Davidson/Shutterstock)
Una postal familiar, en 2001 con Andrés y las princesas Eugenia y Beatriz (Alan Davidson/Shutterstock)

Sin embargo, no todo terminaría allí. Fergie volvería enseguida a equivocarse tomando un sendero más espinoso todavía. Empezó a salir con un amigo de Wyatt: John Bryan, que también era su asesor financiero. En agosto de 1992 unas fotos tomadas por unos paparazzi, en el sur de Francia, desataron la feroz tormenta: en las fotografías se veía claramente a John Bryan chupando y lamiendo los dedos de los pies de la Duquesa de York. Ella, como si fuera poco, estaba en topless. El Daily Mirror las publicó en primera plana y los medios del mundo pagaron fortunas para tenerlas, las revistas del corazón mostraban a los amantes en sus tapas… La noticia se vendía como pan caliente. El escándalo fue mundial y mayúsculo.

Cuando, en el soñado castillo de Balmoral, en Escocia, donde estaban todos juntos pasando unos días de verano, esa fatídica mañana, pusieron los diarios en la mesa del desayuno, fue como si hubiese explotado una bomba atómica. Ya no era cómo se vestía Fergie o si era perezosa o si descuidaba los aburridos modales de la realeza. Ahora había ocurrido un hecho grave para la imagen de la Corona. Nadie quiere recordar esa mañana donde el escarnio descendió sobre ellos. La relación de Fergie con la familia real quedó hecha trizas. El más enojado fue Felipe, el marido de la Reina.

Ferguson, durante un evento solidario en Surrey (Mike Hollist/ANL/Shutterstock)
Ferguson, durante un evento solidario en Surrey (Mike Hollist/ANL/Shutterstock)

Mucho tiempo después el mismísimo succionador de dedos reales reveló a la prensa que una vez, mientras él y la Duquesa hacían el amor, ella recibió una llamada de su marido Andrés. Mientras ellos continuaban con su sesión amorosa, ella recibió ¡otra llamada! Era su ex amante Steve Wyatt, amigo de John. Enredada en las comunicaciones Fergie habría atendido a Wyatt y puesto en espera la llamada de Andrés. Bryan también contó que la relación con Fergie era tan intensa que ella había decidido dejar de tomar el antidepresivo Prozac porque les restaba placer. Seguramente las primicias hot le reportaron un buen dinero a este amante traidor.

Seguir adelante sin mirar atrás

La pelirroja Fergie siguió adelante a pesar de todos los ciclones. En 1993 creó su fundación Niños en Crisis. Ese año fue también cuando protagonizó una pelea con su cuñado Eduardo, hermano de Andrés, que la acusó de ser quién divulgara a la prensa su reciente romance con Sophie (quien luego sería su mujer). Pero no había sido así, la persona que había pasado los datos había sido un empleado de la familia real. Fergie se enfureció, esta vez la acusación había sido muy injusta. Fue con su cólera hasta la mismísima reina que dispuso una tregua.

Finalmente, el 30 de mayo de 1996, Fergie y Andrés concretaron, de mutuo acuerdo, el anunciado divorcio. Ella perdió el título de Su Alteza Real, pero pudo conservar el de Duquesa de York. Escribió, entonces, el libro My Story (Mi historia), con la editorial Simon & Schuster.

Tras su divorcio, Fergie siguió adelante a pesar de todos los ciclones. En 1993 creó su fundación Niños en Crisis. Ese año fue también cuando protagonizó una pelea con su cuñado Eduardo, hermano de Andrés, que la acusó de ser quién divulgara a la prensa su reciente romance con Sophie, quien luego sería su mujer (Jamie Wiseman/Shutterstock)
Tras su divorcio, Fergie siguió adelante a pesar de todos los ciclones. En 1993 creó su fundación Niños en Crisis. Ese año fue también cuando protagonizó una pelea con su cuñado Eduardo, hermano de Andrés, que la acusó de ser quién divulgara a la prensa su reciente romance con Sophie, quien luego sería su mujer (Jamie Wiseman/Shutterstock)

La muerte de su madre Susan, en el sur de Argentina en un accidente de auto el 19 de septiembre de 1998, representó un tremendo golpe para Fergie. Cuando se lo comunicaron ella estaba en Italia, pasando unos días de vacaciones, con su hija Eugenia, en la casa de su novio de entonces el conde Gaddo della Gherardesca.

Susan (que ya era viuda de Barrantes desde 1990, pero continuaba viviendo en la Argentina, un país que había adoptado como propio) se estrelló con su camioneta en la ruta 23, a pocos kilómetros de su estancia El Pucará, cerca de Salliqueló. El vehículo Land Rover que manejaba chocó frontalmente contra una Renault Trafic a las nueve y cuarto de la noche. Susan, que no llevaba puesto el cinturón de seguridad, fue decapitada por el impacto de la colisión. Tenía sólo 61 años. Fergie viajó desconsolada a velar sus restos en la estancia argentina.

La muerte en Argentina de su madre, Susan Barrantes, fue uno de los mayores dolores en la vida de
La muerte en Argentina de su madre, Susan Barrantes, fue uno de los mayores dolores en la vida de "Fergie" (Osd Photo Agency/Shutterstock)

Deudas siderales y pésimas ideas

Después de su divorcio Fergie intentó varias veces empezar una nueva vida. Por un tiempo, se mudó a los Estados Unidos. Había decidido trabajar para poder pagar sus deudas y empezar una carrera profesional.

Si bien luego de la separación Fergie no era bien recibida por la familia real, lo cierto es que con Andrés no había significado el fin de su relación. Por el contrario, construyeron -increíblemente- una sólida amistad.

Junto a la reina, en 2004. La relación entre ambas siempre fue tensa, según los expertos (Tim Rooke/Shutterstock)
Junto a la reina, en 2004. La relación entre ambas siempre fue tensa, según los expertos (Tim Rooke/Shutterstock)

En 2001 Fergie escribió Reinventing Yourself (Reinventándose), un libro de autoayuda con historias inspiradoras y estrategias para bajar de peso. No era otra cosa que su propia lucha. Una lucha también por poder solventar su glamorosa vida. Protagonizó realities, escribió libros infantiles y sobre su historia personal y promocionó sus productos para adelgazar. Durante años tuvo un contrato exclusivo con la compañía Weight Watchers, la organización norteamericana antiobesidad: era su embajadora. Estaba en la tele y en las tapas de las revistas de la marca. Una vocera real para un problema real: “Esa relación con Weight Watchers cambió mi vida -dijo hace muy poco- Ellos me buscaron por mis problemas de control de peso y me pidieron que fuera su vocera. Fue un importante punto de inflexión: empecé a tomar control sobre mi peso, mi salud, mi vida personal y mis finanzas”. En otra entrevista reconoció que ella era “una comedora emocional". "Cuando la vida era difícil, y lo sigue siendo, intentas comer como una forma de compensar los sentimientos”, señalaba.

Pero lo cierto es que las finanzas de Fergie siguieron siendo un desastre. La empresa británica Handmade, que había anunciado un acuerdo con la Duquesa de York para comprarle sus derechos de comercialización de los libros Tea for Ruby y Little Red, lo suspendió. Fergie, que en ese entonces rondaba los 50 años, estaba ahogada por las deudas. Se empezó a desesperar. Además, la empresa que tenía con su amigo Todd Morley, Hartmoor (para comercializar sus distintas actividades en los medios de comunicación y del mundo editorial), en Nueva York, cerró sus puertas con deudas por 780 mil euros.

Pese a su colapso financiero, Ferguson mantuvo una vida ostentosa (Tim Rooke/Shutterstock)
Pese a su colapso financiero, Ferguson mantuvo una vida ostentosa (Tim Rooke/Shutterstock)

Fergie le pidió ayuda a la Reina, pero ella no soltó una libra y le sugirió recortar gastos. A pesar de estar separada de Andrés, Fergie seguía con diez personas a su servicio y mantenía un estilo de vida que no era acorde a su estado financiero. Así estaban las cosas cuando una mala “idea salvadora” la habría terminado de hundir.

En 2010 fue grabada con una cámara oculta, por el tabloide News of the World, en un departamento del barrio de Mayfair, queriendo venderle a un supuesto empresario indio “acceso irrestricto” al Príncipe Andrés: “Puedo abrirte cualquier puerta”, le dijo. Ella le aseguró poder conseguirle lo que quisiera de su Andrés. Le pidió a cambio medio millón de libras esterlinas (hoy unos 640 mil dólares). El empresario, que era en realidad un periodista, le dio como adelanto un bolso con el equivalente a unos 40 mil dólares. La Duquesa fue grabada tomando la valija con el efectivo. Otro escándalo vergonzoso del que la monarquía debía despegarse. Fergie se defendió, luego, en el programa de Oprah Winfrey diciendo que estaba alcoholizada cuando eso ocurrió. Lo único cierto es que Fergie necesitada ese dinero. Y la habían pescado.

Otro de los grandes escándalos que protagonizó: en 2010 fue grabada con una cámara oculta, por el tabloide News of the World, en un departamento del barrio de Mayfair, queriendo venderle a un supuesto empresario indio “acceso irrestricto” al Príncipe Andrés (Osd Photo Agency/Shutterstock)
Otro de los grandes escándalos que protagonizó: en 2010 fue grabada con una cámara oculta, por el tabloide News of the World, en un departamento del barrio de Mayfair, queriendo venderle a un supuesto empresario indio “acceso irrestricto” al Príncipe Andrés (Osd Photo Agency/Shutterstock)

Sus deudas, según The Sunday Telegraph, ya ascendían a ¡seis millones de euros! Un asesor de la corona le recomendó declararse en bancarrota. Hasta el premier de entonces, David Cameron, estaba al tanto de los dislates económicos de la Duquesa. El estudio británico de abogados Davenport Lyons le reclamaba, por su parte, una deuda de 240 mil euros. Justo, este mismo año, se le había terminado el lucrativo contrato de dos millones de dólares anuales con la organización antiobesidad Weight Watchers, que durante años le había dado el aire económico que necesitaba. Por su necesidad de cash Fergie habría accedido muchas veces a hablar con los programas de chimentos, donde llegó a contar sus problemas de depresión y con el alcohol.

Fergie caía una y otra vez, pero siempre se levantaba. Y, aunque parezca increíble, su relación con Andrés lo soportaba todo. No hubo escándalo que pudiera minar esa natural sintonía fina que siempre habían tenido.

Ferguson con el tiempo se convirtió en una de las caras de
Ferguson con el tiempo se convirtió en una de las caras de "Weight Watchers" (ITV/Shutterstock (764776q)

A tal punto se llevaban bien que, llegando el año 2013, hubo serios rumores de una posible reconciliación. Finalmente, no cuajó.

En 2015, Fergie bajó 25 kilos y recobró su alegre chispa. Había nuevamente resucitado. Pero en abril de 2016 fue nombrada en las rutas del dinero de los Panama Papers. Sospechas de evasión… y otro escándalo más a sortear.

Ese año también ella decidió ponerle proa a una demanda un tanto jugada: le entabló juicio al magnate de los medios, Rupert Murdoch, por haberla engañado con aquella cámara oculta en 2010. Otra vez el dinero de por medio: pedía 28.2 millones de euros de indemnización por considerar que el tabloide -que ya no existe- la había desprestigiado como empresaria impidiéndole continuar ganando plata con sus proyectos y humillándola internacionalmente. En enero de 2018 fue por más: aumentó la cifra de su reclamo a 45 millones de euros. Una maniobra más que peligrosa. Si llega a perder, es ella la que deberá pagar 2.5 millones de euros. Nadie sabe cómo podría llegar a financiar semejante monto.

Sus detractores dicen que sólo se mueve por dinero y que es una oportunista. Otros la defienden con pasión y aseguran que es una buena persona y que siempre quiso trabajar, y hasta les resulta simpática su incomodidad con las normas (N K/Keystone USA/Shutterstock)
Sus detractores dicen que sólo se mueve por dinero y que es una oportunista. Otros la defienden con pasión y aseguran que es una buena persona y que siempre quiso trabajar, y hasta les resulta simpática su incomodidad con las normas (N K/Keystone USA/Shutterstock)

Sus detractores dicen que sólo se mueve por dinero y que es una oportunista. Otros la defienden con pasión y aseguran que es una buena persona y que siempre quiso trabajar, y hasta les resulta simpática su incomodidad con las normas. De lo que no hay dudas es que Fergie es resiliente, una sobreviviente siempre dispuesta a volver a empezar. Reinventándose todas las veces que haga falta.

El amor después del amor

Fergie siempre apuesta fuerte. Este año, 2019, los rumores de reconciliación entre ella y Andrés volvieron a correr. Poco antes de que se casaran su sobrino Harry (el hijo menor de Lady Di y Carlos de Inglaterra) con la actriz norteamericana Meghan Markle, en mayo de 2018, Fergie había obtenido finalmente ¡el perdón de la reina Isabel! El de su ex lo había tenido desde siempre: llevan ya bastante tiempo viviendo juntos bajo el mismo techo en la residencia oficial de Andrés, el Royal Lodge de Windsor. Hace un par de meses hasta se mencionó un posible “nuevo casamiento” entre ellos. Nada de esto fue confirmado, pero ellos ríen, se divierten, viajan y posan juntos para las fotos.

Cada tanto, hay rumores de reconciliación entre Fergie y Andrés (Blitz Pictures/Shutterstock)
Cada tanto, hay rumores de reconciliación entre Fergie y Andrés (Blitz Pictures/Shutterstock)

Andrés confesó a un medio, como intento de explicación a los vaivenes sentimentales y familiares: “Uno primero es príncipe, después soldado y, por último, marido”. Fergie también habló con otros medios, les dijo que Andrés siempre será “su príncipe”, y agregó: ”Sí, vivo en el Royal Lodge con mi apuesto príncipe, que es el príncipe más guapo de todos”.

Parece que en esta pareja nada definitivo está dicho todavía.

Este año también trascendió que Fergie iba a lanzar su propia marca de lifestyle: Sarah Senses. Eso al menos anunció su asistente, Antonia Marshall. La firma vendería aromatizadores de ambientes y diferentes tés.

Con sus hijas Beatriz y Eugenia en 201 (David Hartley/Shutterstock)
Con sus hijas Beatriz y Eugenia en 201 (David Hartley/Shutterstock)

El aspecto físico

La relación de Fergie con su aspecto físico, como con el amor, también transitó infinitos altibajos.

Fergie le dijo a Telecinco este año: “He tenido problemas con mi peso… Poco a poco empecé a entender qué estaba haciendo con mi vida. Me di cuenta de que me estaba haciendo daño, era como si estuviera perdida (...) Me pusieron el nombre Duquesa de Pork (Fergie se había convertido en la portavoz de Weight Watchers después de que la prensa británica la hubiera bautizado “Duquesa de Pork”, que significa cerdo en inglés) Me han humillado mucho (...) Dijeron que el 80 por ciento de las personas preferían acostarse con una cabra antes que conmigo (...) Pero soy una persona fuerte”, sostuvo con su digna sonrisa. Otro punto en común con su amiga la mítica Lady Di, que había sufrido también un trastorno de la alimentación: la bulimia.

 (Tim Rooke/Shutterstock)
(Tim Rooke/Shutterstock)

La estética constituyó un permanente desafío para Fergie, mantener un buen aspecto físico le dio siempre mucho trabajo. Con los años también empezó ocuparse de su cara. En una entrevista al Daily Mail confesó ahora que había recurrido a un tratamiento con láser para mejorar el cutis: “Se realiza sin dolor, no es invasivo, no requiere recuperación y se termina en menos de 90 minutos”. La médica que se lo hace es una amiga suya: Gabriela Mercik, a quien conoció en 1992 en una misión humanitaria en Polonia. Además del láser facial se ha aplicado bótox, hilos tensores, rellenos orgánicos, inyecciones de vitaminas y ha hecho ¡infinitas dietas!

Caridad, hijas y bodas onerosas

Si bien Fergie no fue invitada al casamiento real de William con Kate Middleton, en abril de 2011, sí lo fue al de Harry y Meghan Markle, celebrado el 19 de mayo de 2018. Sus relaciones con la familia real parecen haberse estabilizado. Reina la paz.

En familia, durante la tradicional carrera de Royal Ascot (David Hartley/Shutterstock)
En familia, durante la tradicional carrera de Royal Ascot (David Hartley/Shutterstock)

Fergie, nobleza obliga, hay que decir que siempre estuvo ligada al trabajo caritativo. Hoy es patrona y expresidenta de la Motor Neurone Disease Association y, por segundo año consecutivo, Embajadora Global de la casa Ronald McDonald. También sigue colaborando con Unicef y la emergencia infantil internacional. El año pasado con su fundación, de noviembre de 2018 a febrero de 2019, juntó una cifra astronómica para la educación infantil: 2,8 millones de libras esterlinas (unos 3.6 millones de dólares).

Su vida personal discurre también con mayor tranquilidad. Su hija menor, Eugenia, se casó el 12 de octubre 2018 con Jack Brooksbank, en la capilla San Jorge. En este casamiento (que costó más de 3.2 millones de dólares y enojó a demasiados contribuyentes) se conocieron su hija mayor, Beatriz, y un multimillonario italiano, dedicado a los negocios inmobiliarios, Edoardo Mapelli Mozzi, con quien acaba de anunciar su compromiso.

Sarah Ferguson, Fergie, exesposa del duque de York y madre de Beatriz y Eugenia, saluda a los medios gráficos antes de entrar en el castillo de Windsor para asistir a la boda del príncipe Harry y Meghan Markle
Sarah Ferguson, Fergie, exesposa del duque de York y madre de Beatriz y Eugenia, saluda a los medios gráficos antes de entrar en el castillo de Windsor para asistir a la boda del príncipe Harry y Meghan Markle

Buenmozo, de 34 años, Edoardo está separado y tiene un hijo pequeño. Aunque, para variar con los temitas jugosos de la familia, parece que tan separado no estaba cuando conoció a Beatriz. Tan rápido avanzó todo que ya viven juntos y se prevé boda para el año entrante. De hecho, ya posaron los seis juntos para una foto oficial: Andrés y Fergie, las dos hijas y los dos yernos.

Beatriz, por las dudas, avisó que no hará recepción en el castillo de Windsor ni el tradicional paseo en carruaje por las calles. Esta vez todos parecen estar atentos a los murmullos de la plebe: no sería bien visto el dispendio. Los británicos ya vienen escaldados con el casamiento de William y Kate -en el 2011- que costó 46 millones de dólares y el de Harry y Meghan (2018) que requirió 43 millones. Si bien el de Lady Di y Carlos había ascendido a la cuantiosa suma de 113 millones de dólares, el mundo actual no está para estos disparates y las monarquías se sostienen de unos pocos hilos. Los contribuyentes, por las dudas, juntan firmas para no pagarlo de su bolsillo y sugieren que el millonario si está tan enamorado lo pague él… Fergie igual no podría colaborar con la causa y prefiere mantenerse al margen. Ya se sabe que ella no es buena haciendo números.

Sarah Ferguson durante la boda real de su hija Eugenia (REUTERS/Toby Melville)
Sarah Ferguson durante la boda real de su hija Eugenia (REUTERS/Toby Melville)
(REUTERS/Toby Melville)
(REUTERS/Toby Melville)

Otro sacudón y después...

Pero como si no tuvieran suficientes contratiempos, otra noticia hizo temblar a la familia este mismo año.

El suicidio, el 10 de agosto pasado, en la cárcel de Nueva York del poderoso millonario norteamericano Jeffrey Epstein, preso por pedofilia, roza a Andrés. El Duque de York y Epstein tenían una muy buena amiga en común: Ghislaine Maxwell, hija de otro magnate de los medios. De una fiesta en el departamento de Ghislaine salió a la luz una vieja foto en la que se ve a Andrés tomando de la cintura a Virginia Giuffre que, en ese entonces año 2001, tenía solamente 17 años. Virginia asegura que fue entregada por Ghislaine y Epstein y obligada a mantener relaciones sexuales con Andrés de Inglaterra al menos tres veces. Si bien muchos la llaman oportunista o fabuladora, en estos tiempos las cuestiones de esta índole no se zanjan así nomás. Más aún cuando, en 2010, momento en el que Epstein ya se había declarado culpable de otra acusación anterior (tener relaciones con una prostituta menor de edad), Andrés no tuvo empachos en mostrarse paseando con él por Central Park, en Nueva York.

El príncipe Andrés y Ferguson, juntos en la última edición de Royal Ascot en junio (Tim Rooke/Shutterstock)
El príncipe Andrés y Ferguson, juntos en la última edición de Royal Ascot en junio (Tim Rooke/Shutterstock)

El palacio de Buckingham tuvo que salir a decir algo: “El duque de York está conmocionado ante las recientes noticias sobre los presuntos delitos de Jeffrey Epstein. Su Alteza Real condena la explotación de cualquier ser humano, y la sugerencia de que pudiera haber participado, consentido o animado algo así es aborrecible”. Estaban tratando de sacar las papas del fuego a tiempo. Pero los ingleses y su flema parecen ser ignífugos.

Virginia, la menor que ahora tiene 35 años, habla de tres relaciones sexuales con Andrés: una en Nueva York, otra en Londres y la tercera en el Caribe. Ella tuvo que declarar en una audiencia extraordinaria recientemente, ante el juez Richard Berman, en Nueva York. El objetivo es que las víctimas del suicidado puedan relatar sus historias antes de que el caso pueda ser desestimado. Pero ella, que no es la única que apunta a Andrés, dice que el Príncipe sabía del comportamiento de Epstein. Él, obviamente, lo niega. Andrés y Fergie estaban en Balmoral cuando se supo del suicidio. Para huir del acoso por las declaraciones que lo involucran, él partió a Sotogrande, Cádiz. Allí juega al golf mientras este capítulo de su vida termina de escribirse.

(Alan Davidson/Shutterstock)
(Alan Davidson/Shutterstock)

Sarah, Fergie, la amiga de la trágica Lady Di, la endeudada empresaria, la pelirroja atrevida, está acostumbrada a estos avatares y a dar batalla. Por lo menos, esta vez, no es su persona la que está en la mira. Los sesenta la encuentran sonriente y espléndida, más estabilizada, con sus hijas independizadas, viviendo en un castillo encantado... con su ex príncipe de siempre. Quizá, a pesar de los combates por venir, tenga el corazón contento.

Para ella, el happy ending todavía es posible.

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