Rocío Girat y Marian Gómez
Rocío Girat y Marian Gómez

Suficiente calvario atravesó Marian Gómez durante 16 años en los que su padrastro y el padre de este la violaron. Cuando le preguntan si el episodio que vivió con la Policía de la Ciudad en la estación Constitución en octubre de 2017 le cambió la vida pone un freno. Dice que sí, pero que ya atravesó el infierno. La joven de 26 años está acusada de resistencia a la autoridad y lesiones leves contra dos agentes de la fuerza tras un episodio que cruza versiones entre las partes: de un lado, el de ella, que fue detenida por besar a su esposa; del otro, que no respetó las reglas ni a la autoridad.

Desde el Ministerio de Seguridad porteño aseguran que la chica terminó detenida porque junto a su esposa, Rocío Girat fumaba en un lugar prohibido. Gómez ríe con cierta ironía: "Me defendí a la agresión de la Policía, que no me respetó por cómo me percibo, por mi condición sexual, que no respetó a mi pareja; les decíamos que estábamos casadas, y nos terminaron pidiendo la libreta de matrimonio".

Marian tiene 26 años y vive en Buenos Aires hace tres. Nació y se crió en Olavarría, de donde se fue porque no soportaba la idea de estar cerca de sus violadores, Guillermo Sosa (actualmente preso en Sierra Chica) y su padre, Osvaldo Sosa, quien cumple con prisión domiciliaria. Ambos fueron condenados por el abuso de ella y de sus dos hermanas a ocho años de cárcel, plazo que finaliza este año.

Lo que ocurrió en Constitución puso de nuevo a Marian en el mundo de los juzgados y los abogados pero esta vez la acusada es ella. "Me pone nerviosa, incómoda. Llegar a juicio por este tema y no llegar a juicio por haber sido abusada, ya que acordaron un juicio abreviado, realmente me pon mal", confiesa entre susurros, y cree que si hubiera podido tener abogado particular la condena hubiese sido mayor.

Gómez y su esposa (Instagram: @rusa.gomez)
Gómez y su esposa (Instagram: @rusa.gomez)

El juicio contra Gómez continuará el próximo martes, con la presentación de pruebas materiales: específicamente videos que grabaron testigos del hecho. En uno de ellos, se escucha a Marian admitir que le pegó a la oficial Karen Villarroel, de 26 años, y que tuvo problemas con el agente Jonathan Rojo, de 32

-En ese momento estábamos en el lugar fumando. Cuando se acerca el empleado de Metrovías a pedirnos que no fumemos había más gente, y yo se lo digo, y agrego que no había carteles de no fumar. Y entonces llama al policía, Jonathan Rojo, quien me trata como varón.

-¿Qué te dijo?

-'Che, pibe, apagá el cigarro'. Y le digo que soy mujer, que no había señales, que había más personas.

Entonces Gómez cuenta que apagó el cigarrillo y que intentó junto a su esposa irse de Constitución: "Pero él no me deja, pone sus manos en mis tetas, en mis pechos, me corre para atrás, y me dice 'no pibe, no te vas, vas a ser detenido'".

En ese momento, admite Marian, empezaron los "forcejeos" con los dos agentes de la Policías de la Ciudad. "Y terminamos los tres golpeados, los dos policías y yo".

La pareja, durante su casamiento
La pareja, durante su casamiento

Gómez relata que les reclamó a los policías que no las estaban respetando ni a ella ni a su esposa, y que los agentes no les creían que eran matrimonio. "Rojo le termina pidiendo la libreta de matrimonio, y obvio que se la dimos porque la teníamos encima".

En la primera audiencia del juicio declararon Gómez, Girat, Rojas, Villarroel, personas que vieron el hecho y tres empleados de Metrovías. Marian Gómez contó en la sala que cuando el agente le preguntó el estado civil y ella dijo "casada", él anotó "soltera"

Por eso la mujer no tiene dudas de que hubo animosidad de parte del policía. "Fue por mi condición sexual, hacía más de una hora que estábamos fumando, charlando, nos vieron constantemente, el cigarrillo no fue el problema, fue la situación, nos estábamos despidiendo y minutos antes de irnos aparecieron. Nunca había tenido problemas por mi condición sexual con policías", reconoció.

Gómez fue detenida y trasladada a la comisaría que la Policía de la Ciudad tiene en la estación Boedo de la línea E de subte. Allí permaneció durante alrededor de seis horas y, según cuenta, fue donde peor la pasó. "Lo que me hizo muy mal fue cuando me hicieron desnudar antes de entrar al calabozo. Me obligaron a abrir las piernas, levantar los brazos, agacharme y pararme tantas veces como ellos quisieron, fueron más de tres veces seguro", dice, y asegura: "Sentí que me violaban otra vez".

(Instagram: @rusa.gomez)
(Instagram: @rusa.gomez)

Gómez asegura que tuvo que hacerlo frente a tres mujeres policías que le dijeron que era parte del protocolo: "Cuando le comenté a mi abogado me dijo que estaba muy mal y que solo se hacía para entrar al penal. Estuve sola en el calabozo y afuera se empezaron a acumular agrupaciones feministas y del colectivo de lesbianas, gays, trans, y ahí me amenazaron y me dijeron que saque a la gent o iba a dormir en la comisaría".

No se compara con las violaciones que sufrió durante gran parte de su vida, pero Marian dice que después del episodio y de la exposición que tuvo el caso su vida se modificó y se le complicó conseguir trabajo.

"Se me cayeron trabajos, yo me dedico a mantenimiento de hogares, hago albañilería, pintura, herrería, y estuve seis meses sin trabajar", explica. Al principio le costaba porque quedó con dolores en el cuerpo producto, según cuenta, de los golpes de la Policía. "Creía que tenía una costilla fisurada, andaba con demasiado dolor, y la exposición a mucha gente no le gustó. Me cerraban la puerta en la cara de varios trabajos", relata.

-La versión del Ministerio de Seguridad de la Ciudad es que vos no hiciste caso a la prohibición de fumar y agrediste al policía. "En ningún momento es detenida por besarse", aclararon.

-Obviamente que la Policía de la Ciudad miente. Nunca van a decir que se equivocaron y nunca van a aceptar un error, los ciudadanos tenemos que obedecer a la autoridad cuando es orden legítima, Rojo me estaba dando una orden ilegítima porque no era la única.

-¿Con la situación que viviste, con el juicio y la posibilidad de que seas condenada, no te arrepentís de haber reaccionado?

-No me arrepiento de haberme defendido, si yo no me defiendo, ¿quién me defiende? ¿El Estado? El Estado ausente ahora me está acusando. Ojalá que sirva para que la Policía cambie, pero el Estado debe dar información, capacitar a funcionarios públicos en perspectivas de género.

-¿Habías tenido problemas por tu elección sexual antes o en Olavarría?

-Cuando me vine a buenos Aires creía que por ser una ciudad con diversidad y con el cartel que venden de que es un "lugar de oportunidades" no iba a tener problemas, pero al año me pasa esto. Si falta perspectiva de género en Capital imaginate en el interior, falta mucho más. Ahora se nota porque estamos cansadas y salimos a dar la cara para que se vean nuestros problemas.

-¿Tenés miedo de ser condenada o de ir a la cárcel?

-Tengo miedo, claro, no podría dormir tranquila sabiendo que tienen la decisión sobre mi libertad. Estoy en manos de una jueza, que debería aplicar perspectiva de género y fallar en consecuencia.

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