La hora del miedo: cómo fueron los asesinatos de Augusto Vandor y Emilio Jáuregui tras el Cordobazo

El crimen de Augusto Timoteo Vandor sacudió al país
El crimen de Augusto Timoteo Vandor sacudió al país

Tras el Cordobazo del 29 de mayo de 1969, las placas tectónicas espirituales sobre las que se asentaba la Argentina comenzaron a moverse mostrando lo peor de una sociedad silenciada y postergada por múltiples razones. El PBI anual indicaba que el país había crecido un 8,2% y el 13 diciembre de 1969 se inauguraba el túnel subfluvial Hernandarias que une Paraná y Santa Fe, una obra pública estratégica postergada varios lustros que liga a la Mesopotamia con el resto del país. Sin embargo, el descontento con el régimen castrense que había depuesto al presidente constitucional Arturo Illia, en 1966, era muy grande. Ayer tratamos cómo se fue corriendo el velo que nos llevó al drama de los setenta. Hoy el final del último año de la década del sesenta que había sido inaugurada por la presidencia de Arturo Frondizi.

En 1968, Augusto Timoteo Vandor parecía estar caminando sus últimos días como dirigente sindical metalúrgico. Había desafiado en innumerables ocasiones a Juan Domingo Perón. Según me relató Héctor Villalón, un día hacia fines de 1968 lo tanteó a Vandor escribiéndole un corto mensaje de fin de año. Pocos días más tarde, Villalón recibió un mensaje de respuesta y salutación en el que le hablaba de su "ventura personal" y "cordialidad" (guardo copia del mensaje).

Pensándolo bien, para Don Héctor –como yo lo distingo – o El Pájaro, según la liturgia del peronismo, ese corto mensaje tenía un trasfondo. Podría pensarse de la siguiente manera: si mi adversario me responde es porque mi adversario podría sentarse a conversar. Como Don Héctor tenía llegada a la quinta 17 de Octubre y por eso cierta autoridad, lo convocó a viajar a Francia. Por ese entonces Villalón escuchaba de Perón las dificultades de un "divorcio" entre el sindicalismo (en Buenos Aires) y el poder político (en Madrid). Don Héctor habló con Juan Domingo Perón…y lo invitó a mantener un encuentro en París. En la capital francesa. El Lobo –como se le decía al metalúrgico- escuchó ciertos planteos que le hizo Don Héctor, aconsejándole acercarse a Puerta de Hierro.

Vandor, en un momento le dijo: "Estoy dispuesto a volver a abrazar a Perón" pero "¿cómo le explico lo de Mendoza y el congreso de Avellaneda?" (cuando intentó hacer un "peronismo sin Perón"). Villalón recuerda que hicieron "un acuerdo honestísimo" y convinieron un encuentro con Perón.

La cita fue en Irún, un pueblito vasco, bordeado por el río Bidasoa que hace de frontera entre España y Francia. Vandor llegó varias horas antes, se alojó en el hotel acordado, y esperó el arribo del General. Cuando Juan Perón llegó se alojó en otro piso y le hizo avisar de su presencia a Augusto Timoteo Vandor. Almorzaron, luego caminaron por los jardines y en un momento, Perón que hasta ese entonces hablaba de cualquier cosa, se detuvo y le dijo: "Mire Vandor, usted sabe qué hizo el Movimiento en Avellaneda. Pero los movimientos que no aceptan corrientes internas no sobreviven". Vandor entendió rápidamente. Sus inquietudes le habían sido trasladadas a Perón por Villalón y el General acababa de responderle y perdonarlo. Todo lo demás carecía de importancia porque Vandor volvía a pararse al lado de Juan Domingo Perón.

“Argentina: la hora del miedo” fue el título de la revista “Primera Plana”
“Argentina: la hora del miedo” fue el título de la revista “Primera Plana”

El encuentro peronista no terminó ahí. Vandor se trasladó a Madrid, fue a vivir a la casa de Villalón y "tuvo con Perón tres reuniones más y acordaron lo esencial entre ellos". Al momento de morir, el 30 de junio de 1969, el dirigente metalúrgico había reestablecido su relación con su jefe. Como Enrique IV había transitado el camino de Canosa, en abril de 1969, para que le levantaran la excomunión.

"Por lo que a mí respecta, tengo bien en claro que a Vandor lo mataron porque estaba jugando bien. Entiendo que esta es la clave de todo. Para Vandor habían quedado lejos sus errores pasados, sobre todo aquel grande de Mendoza. Entonces los diarios y revistas exaltaban su figura. A medida que se fue rectificando también fue virando el monopolio de la prensa. Cuando trascendió que 'se había reconciliado con Perón', le apuntaron sus cañones y ya no lo largaron. La campaña arreció en los últimos meses hasta extremos sin precedentes, luego que Vandor rompiera el fuego con la movilización metalúrgica por el problema de las quitas zonales, y posteriormente surgieran las 62 Organizaciones como la fuerza decisiva en el paro nacional del 30 de mayo", escribió en un informe Jorge Daniel Paladino, el delegado de Perón.

"Creo, de todos modos, que el asesinato es decidido –incluso con algunos detalles que revelan apuro-, cuando el Movimiento descubre la trama que están tejiendo quienes pretenden negociar en nombre de una masa que no les pertenece, promoviendo nuevos paros que les han pedido los 'compradores'. La decidida actitud de las 62 Organizaciones, intimando a la unidad como condición previa para cualquier otro movimiento, frustra la maniobra. Pero también condena a Vandor porque los nuevos enemigos personalizan en él la eficacia del contragolpe de las 62. El apuro por matarlo, en la víspera del nuevo paro que trata de hacer el sector de Paseo Colón el 1º de Julio, revela que se quería influir en ese sentido. Se especuló, evidentemente, que el crimen obligaría a parar a los metalúrgicos y estos arrastrarían otros gremios. Aunque por otras causas, de esta manera se obtendría el ambiente de paro que de otro modo no se podía conseguir".

Augusto Timoteo Vandor, en 1966
Augusto Timoteo Vandor, en 1966
Párrafo del informe de Jorge Daniel Paladino al ex presidente Perón
Párrafo del informe de Jorge Daniel Paladino al ex presidente Perón

"El otro objetivo del crimen era la unidad. Estuve permanentemente con los compañeros de las 62 y, especialmente, con los compañeros metalúrgicos (…) Hablamos y analizamos los hechos. Las conclusiones ya se las doy al principio, mi General: La unidad se va a hacer como se venía gestando con Vandor. Más todavía: En cierto sentido la muerte de Vandor será contraproducente para sus autores. Porque permitió explicar en un nivel más amplio qué es la unidad que queremos y por qué hay que hacerla. Se trata de rescatar la dirección del proceso para las 62, es decir, para el peronismo. Impedir que los aventureros e intermediarios negocien las masas como cosa propia y definir, de una vez para siempre, que quienes quiera o necesiten hacer arreglos con los justicialistas deben pasar por Madrid (…) La muerte de Vandor no le servirá de nada a los asesinos porque –como dicen los metalúrgicos—'el mejor homenaje es terminar lo que Vandor empezó' (…) El féretro fue llevado a mano a la Chacarita y la policía dijo que 6.000 personas acompañaron el cortejo. Pero sin contar las concentraciones parciales, había no menos de 40.000 personas en el cementerio", reconstruyó Paladino.

José Ignacio Rucci y Luis Uriondo. Atrás Jorge Daniel Paladino (1969)
José Ignacio Rucci y Luis Uriondo. Atrás Jorge Daniel Paladino (1969)

La historia del crimen contada por Dardo Cabo en 1969

El santiagueño Luis Negro Uriondo comenzó su militancia peronista a los diecisiete años, cuando integró el grupo Uturunco que copó la comisaría de Frías, Santiago del Estero, en la madrugada del 24 de diciembre de 1959. Días más tarde fueron detenidos por la policía tucumana y Uriondo fue a parar a la cárcel (era menor de edad). Luego, como suele aclarar el Negro, algunos continuaron la pelea bajo la influencia castrista pero él no, simplemente, porque era peronista. En 1989 llegó a diputado nacional por el PJ santiagueño y luego se desempeñó en el gobierno nacional.

Llegó a Buenos Aires a fines de 1962 y el santiagueño Ramón Tito Castillo lo llevo al Movimiento Nueva Argentina (fundado el 9 de junio de 1961), al que se incorpora. En ese tiempo lo integraban entre otros Dardo Cabo, Miguel Ángel Titi Castrofini, Chacho Ferreyra de Castro, Jorge Money, Alejandro Giovenco, Andrés Ramón Castillo, María Cristina Verrier (esposa de Cabo), Víctor Chazarreta y varios más.

El 28 de septiembre de 1966, dieciocho miembros del MNA desviaron el vuelo Nº 648 de Aerolíneas Argentinas y desembarcan en Puerto Stanley, Islas Malvinas, en lo que dio en llamarse Operación Cóndor. A Uriondo no le tocó viajar. Los cóndores terminaron todos detenidos en la Argentina. "Mientras el grupo estuvo preso el que 'bancaba' todo fue Augusto Vandor, y la plata me la traía El Negro Alberto Campos", me dijo un amigo de Cabo. Ironías de la época: unos años más tarde Dardo Lito Cabo aparecerá ligado al asesinato de Augusto Timoteo Vandor y Campos asesinado por la Columna Norte de Montoneros.

El relato

Un día, entre el 20 y 30 de julio de 1969 (el 31 nació Martín su primer hijo), Uriondo recuerda que se citó con Castrofini en el café La Ópera de Corrientes y Callao. Uriondo acababa de llegar de Jujuy y quería saber qué pasaba. Titi no fue solo. También llegó Edmundo Calabró –sindicado como subjefe de Nueva Argentina—y más tarde llegó Dardo Cabo. A más de cuatro décadas de aquel encuentro, Uriondo todavía tiene presente el clima de cierta tensión que ya existía entre Castrofini y Cabo. Comenzaron a discutir hasta que Castrofini le preguntó:

-¿No tuviste que ver con la Operación Judas?

Y Cabo comenzó a relatar: "Dejamos la camioneta y entramos (a la UOM), porque pusimos las bolas". No dio nombres y contó que Vandor "cae cuando sale de la oficina…cuando nos vamos dejamos una bomba."
El 26 de febrero de 1974, la revista La Causa Peronista, órgano de Montoneros (sucesora de El Descamisado y El Peronista), dirigida por Rodolfo Galimberti, publicó una nota titulada: Quiénes y cómo mataron a Vandor donde, nuevamente, sin identificar, se relata con detalles cómo se asesinó al dirigente metalúrgico.

La muerte fue reconocida por el Comando "Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis" del Ejército Nacional Revolucionario. En la novela Quién mató a Rosendo de Rodolfo Walsh se acusa al vandorismo de haber asesinado, en 1966, en la confitería La Real, de Avellaneda, al dirigente sindical Rosendo García y a Blajaquis, quien en ese tiempo era el jefe barrial de Acción Revolucionaria Peronista (ARP), liderada por John William Cooke, adherente de la revolución castrista.

Los tiempos de la extrema violencia

El 26 de junio ardieron con explosivos trece supermercados Mínimax, con el pretexto de que pertenecían a Nelson Rockefeller. Esos hechos, así quedó para la historia, fue realizado por las proto-FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) que saldrían a la luz al año siguiente con la ocupación del pueblo de Garín, provincia de Buenos Aires, cuyos jefes habían recibido instrucción militar en Cuba –lo mismo que Jáuregui y su esposa—en el marco de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad). Con el paso de los años, conocí y pude entrevistar a algunos de los que intervinieron en esos atentados a la cadena Minimax.

Ficha de contacto en el aeropuerto Ruzync, Praga, de Emilio Jáuregui, su esposa y otros militantes viajando desde La Habana, con pasaportes falsos, rumbo a Buenos Aires en el marco de la “Operación Manuel”. El registro es de la Inteligencia checoslovaca
Ficha de contacto en el aeropuerto Ruzync, Praga, de Emilio Jáuregui, su esposa y otros militantes viajando desde La Habana, con pasaportes falsos, rumbo a Buenos Aires en el marco de la “Operación Manuel”. El registro es de la Inteligencia checoslovaca

El asesinato de Augusto Timoteo Vandor fue el primero de una larga lista de asesinatos de uno y otro lado, que sumergirían a la Argentina en un baño de sangre. Me atrevo a decir que la muerte del secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica fue un llamado de atención, la antesala de la guerra civil que viviríamos en la década del setenta.

En mi casa la violencia política golpeó la puerta cuando nos enteramos de la muerte de Emilio Mariano Jáuregui el 27 de junio de 1969, en momentos que participaba de una manifestación contra la visita de Nelson Rockefeller, gobernador del estado de Nueva York y prominente figura del Partido Republicano, a Buenos Aires. Me tocó acompañar a mi madre al velatorio de Emilio, por la simple razón del enorme cariño que profesaba a su amiga Julita López Pinedo de Jáuregui. Lo que vi me llamó la atención. Los jóvenes que allí estaban, sus consignas, el odio que flotaba en el salón, el mismo salón en donde velarían años más tarde a Rodolfo Ortega Peña.

Esto ya lo he contado en otro de mis trabajos. Recuerdo al padre de Emilio Jáuregui relatar a voz en cuello cómo su hijo había sido cercado por la Federal, cerca del barrio de Once, y rematado en el suelo a balazos. La Policía, sin embargo, afirmó que Jáuregui portaba una pistola Walter 765 en la que faltaron algunas cápsulas. La versión policial fue rechazada el 28, durante una conferencia de prensa organizada por Luis Cerruti Costa, ex Ministro de Trabajo y Previsión en el primer gobierno de la Revolución Libertadora y cuñado del general Eduardo Señorans, en ese momento jefe de la SIDE.

Para entones, Cerruti Costa –como abogado de la CGT de los Argentinos- había girado ideológicamente hacia la izquierda revolucionaria, y terminó en 1973 siendo director del periódico El Mundo, un medio financiado por el PRT-ERP. Jáuregui estaba "marcado" desde hacía tiempo y eso lo sabían muy pocos. Para aquella época, Emilio había viajado (en 1966) por China, Viet Nam del Norte, Checoslovaquia y Cuba, una tournée que consistía toda una definición ideológica. En sus gestiones clandestinas "enganchó" también a dos amigos en la fracasada intentona de Jorge Ricardo Massetti y su Ejército Guerrillero del Pueblo, la primera experiencia guevarista que sucumbió en Salta entre 1963 y 1964, y que produjo el primer héroe nacional en la guerra contra el castrismo en la Argentina, el gendarme Juan Adolfo Romero.

El 31 de julio un grupo comando ocupó una radio en Córdoba y difundió una proclama con una arenga que calificaba de "infame generación de traidores" a los miembros del gobierno. En estos tiempos de confusión, la proclama fue grabada por Fernando Abal Medina, al año siguiente, fundador de Montoneros, con entrenamiento militar en Cuba y uno de los asesinos de Pedro Eugenio Aramburu.

En los días de finales de agosto, los títulos de los principales medios de la Argentina publicaban repetidas palabras ligadas a la cuestión militar: planteo, conspiración, presión. La tapa misma de Primera Plana titulaba con La ofensiva de Lanusse y revelaba una serie de intrigas nacidas alrededor de un encuentro reservado que Onganía mantuvo el 29 de junio de 1969 con el jefe de la Brigada X, general Eduardo Rafael Labanca. El artículo del semanario más importante para la clase dirigente informaba sobre el malestar de Lanusse por ese cónclave del que no fue informado por su subordinado y que condujo al retiro a Labanca (24 de julio), un militar del sector "nacionalista".

Tras varias movilizaciones de estudiantes y obreros, el 16 de septiembre la ciudad de Rosario vuelve, por segunda vez en el año, a ser víctima de fuertes saqueos y choques con las fuerzas de seguridad. Lo que dio en llamarse el Rosariazo volvía a poner sobre la mesa el descontento social y político con la dictadura, sobre el que cabalgaron grupos subversivos muy bien comandados. Comenzó días antes con un paro ferroviario y a pesar de que el gobierno puso en vigencia la Ley 14.467 de Defensa Civil, que ponía al personal bajo la severidad del Código de Justicia Militar, alrededor de 200.000 personas salieron a la calle para protestar, ejerciendo el control de la ciudad, sobrepasando a las fuerzas policiales. Como había ocurrido con el cordobazo, al día siguiente fuerzas del Ejército ocuparon la ciudad y luego de mucho esfuerzo restablecieron la calma.

En las primeras semanas de 1970, Alejandro Agustín Lanusse recibió un memorándum "Secreto" de su Estado Mayor que, entre otros pronósticos, decía: "El Presidente de la República ha perdido autoridad no solo ante el país sino en el Ejército […] En particular, se le reprocha la mala elección de sus colaboradores (civiles y militares) y, fundamentalmente, el marginamiento total de la Fuerza en la conducción de la Revolución."Fue el primer llamado de atención por escrito.

El 29 de mayo de 1970 -Día del Ejército – es secuestrado y asesinado el ex presidente de facto (1955-1958) Pedro Eugenio Aramburu. Fue la presentación en sociedad de la organización armada Montoneros. El 8 de junio la Junta de Comandantes en Jefe dispuso no librarle ningún "cheque en blanco" más al Presidente y Juan Carlos Onganía presentó su renuncia. En julio nacieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores creaba el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y decretaron el inicio de "la guerra popular prolongada". El drama argentino presentaba su peor faceta. Comenzaban los dramáticos setenta.

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