El clásico bar y restaurante de Palermo cerró intempestivamente sus puertas (Matías Baglietto)
El clásico bar y restaurante de Palermo cerró intempestivamente sus puertas (Matías Baglietto)

Le sucedió a El Secreto, el café en el que el cineasta Juan José Campanella rodó una de las escenas emblemáticas de El secreto de sus ojos y que había sido declarado "sitio de interés cultural" por la Legislatura porteña en 2014.

Le sucedió a Clo Clo, el mítico restaurante de la Costanera que reunía a famosos y políticos que después de tres décadas de esplendor dijo adiós.

En cualquier momento le sucederá a La Giralda, la confitería de la avenida Corrientes en venta, que se fundó a finales de la década del treinta y es célebre por sus chocolates calientes y sus churros.

Ahora el que pasa por una situación similar es El Preferido, el histórico bar de Palermo que a 123 años de su nacimiento cerró sus puertas el pasado sábado.

El restaurante es un emprendimiento familiar
El restaurante es un emprendimiento familiar

El antiguo local gastronómico de la esquina de Borges y Guatemala bajó sus persianas para sorpresa de vecinos y comerciantes de la zona que durante toda su vida lo vieron funcionando.

Ubicado en la misma cuadra en que vivió Jorge Luis Borges toda su infancia, El Preferido nació como un almacén con despacho de bebidas y con el tiempo devino en bar y restaurante.

Así se encuentran las ventanas del bar
Así se encuentran las ventanas del bar

De una sola planta, su construcción conserva un estilo con rasgos que remiten al siglo XIX. Su entrada está en la ochava, flanqueada por dos faroles.

El salón, pequeño y acogedor, tiene parte de sus paredes revestidas en boiserie y un mostrador distinguido por una barra de madera y frascos de conservas en aceite. La cocina, de raigambre española, delata el origen de sus propietarios.

Los vecinos de Palermo están sorprendidos por el cierre sorpresivo del lugar
Los vecinos de Palermo están sorprendidos por el cierre sorpresivo del lugar

Al tratarse de un negocio familiar las reseñas de expertos en gastronomía relatan que en sus épocas de almacén mucha gente solía entrar a tomar un vermú, y hace poco mas de una década, se comenzaron a incorporar comidas. El lugar siempre ofreció una carta de cocina simple y casera.

Desde el último fin de semana la postal con la que se encuentran los vecinos y turistas que circulan por la emblemática esquina es de una puerta principal cerrada, las ventanas anuladas y las persianas bajas, que acompañan al rosa inmutable de las paredes.

El menú contenía platos típicos españoles
El menú contenía platos típicos españoles

¿Qué pasó? ¿Por qué cerró? Infobae se comunicó con la familia del dueño, Arturo Fernández, desde donde sostuvieron que el cierre "no es definitivo". "Más adelante se abrirá nuevamente. Hay que hacer unas reparaciones", explicaron.

Sin embargo, la versión contrasta con la de comerciantes de la zona, que le indicaron a este medio que el cierre era una cuestión que "se venía comentando entre los vecinos".

Luis, empleado de una vidriería ubicada a 20 metros del lugar, dijo que Fernández, "un hombre mayor", no está pasando por un buen momento de salud.

Lo mismo repitieron desde un local gastronómico de la esquina contigua. "No trabajan más. Los hijos decidieron no atender más. Dicen que alquilaba, que no eran propietarios del local y decidieron cerrar", expresaron.

Y agregaron: "Lo que cuentan algunos cocineros del lugar es que se cansaron y el hombre estaba muy enfermo. Arreglaron con todos los empleados y les están pagando una indemnización".

El restaurante era uno de los lugares preferidos por los turistas que visitan la zona
El restaurante era uno de los lugares preferidos por los turistas que visitan la zona

La incertidumbre se replica en los transeúntes que se detienen al paso y se quedan mirando la postal hermética. Buscan un cartel que explique el intempestivo cierre, pero no hay nada.

"Olvídese. No tenemos por qué aclarar nada. No hubo venta. Esa información es privada", finalizó la comunicación con la familia Fernández. Sus habituales clientes, mientras tanto, no saben qué pasará.

Fotos: Matías Baglietto

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