Hace ocho años se producía el primer matrimonio igualitario en la Argentina luego de la aprobación de la ley que dio paso a un escaño más de igualdad en la sociedad. "Y el primero en América Latina", corrige José Luis David Navarro, el primer hombre que se casó con otro de su mismo género, Miguel Ángel Calefato, en la ciudad de Frías, en Santiago del Estero. Porque no fue en la cosmopolita Buenos Aires que comenzó toda esta cuestión, sino en esa provincia del noroeste argentino.

"Habíamos seguido todo el proceso de los debates de las discusiones en el Congreso, estábamos a la expectativa –cuenta a Infobae José Luis David, de 73 años, que usa esos tres nombres para no provocarle un síncope a los otros dos José Luis Navarro del padrón argentino, que quién sabe quizás sean todavía homofóbicos–. Esa noche se hizo demasiado tarde y nos quedamos dormidos".

"A la mañana siguiente, cuando supimos que estaba aprobada, nos fuimos a pedir turno en el registro civil", agrega Miguel, el otro prócer del matrimonio igualitario.

Miguel, también de 73 años, es de Buenos Aires, "porteño, porteño, de La Boca", aclara, para dar cuenta de su emigración que tuvo rasgos amorosos hacia aquel norte provinciano.

"Esta es una ciudad de 40 mil habitantes, pero expandidos en todo el departamento: nos conocemos todos –indica José Luis David, un arquitecto reconocido en esa ciudad–. Cuando fuimos al Registro Civil nos dijeron que era muy nueva, que debían esperar instrucciones de la provincia. Pero nos adelantamos".

"La llamé a Rosita, la secretaria del registro, que preguntó: ¿cuáles son los datos del arquitecto? –recuerda Miguel–-. Y le pidió sus datos. Y preguntó: '¿Y los datos de la novia?'"

No hay novia, dije yo —dice José Luis David—, hay novio. Me voy a casar con él por la ley que se acaba de aprobar.

—Casi se cae desmayada Rosita —se ríe Miguel. Pero todo con muy buena onda.

Y así, en Frías, Santiago del Estero, comenzó la historia de los matrimonios igualitarios en la Argentina. Y América Latina, como les gusta a los actuales esposos presumir.

—¿Cómo lo tomó la sociedad de una ciudad tan chica? —pregunta Infobae.

—Salvo la llegada de medios de varias ciudades fue bastante normal —contesta José Luis David para describir ese caso, en 2010, atípico—. Hace 35 años que estamos juntos conviviendo.

—¿Cómo se conocieron?

—Yo hice un viaje solo a Mar del Plata —dice José Luis David—. Estaba casado con mi mujer y me fui solo en febrero de 1984.

—Ese mismo 7 de febrero amanecimos juntos y luego nos fuimos juntos a vivir.

—¿Usted estaba casado, José Luis David? —pregunta Infobae.

—Cuando conocí a Miguel había tenido relaciones gay y heterosexuales. Mi ex esposa es una mujer maravillosa. Pero cuando lo conocí pateé el tablero. Reuní a mi esposa y a mis padres y les dije.

—¿A los tres juntos?

—Sí. La primera reacción de mi ex esposa fue de dolor, de sentirse traicionada, encima con un hombre. Para la sociedad era más fácil si hubiera sido traicionada con una mujer. Luego no tuve más contacto con ella, sé que se casó y tiene hijos. Mis padres lo tomaron de una manera fantástica.

—Y usted, Miguel, ¿estaba casado?

—Pero si a mí me decían Elizabeth Taylor por la cantidad de matrimonios que tenía —dice y ríe.

—¿Por qué decidieron casarse?

—Yo creo que fue una reivindicación civil porque el tema del amor no necesita ningún papel ni ningún trámite -explica José Luis David.

—Lo que yo creo más importante es que pudimos mostrarles a otras generaciones que la libertad puede costar pero es súmamente importante. Y se puede hacer una vida coherente, sana y no vivir con agresiones —agrega Miguel—. Creo que somos seres humanos como los heterosexuales: voy al baño, pago mis impuestos. Cuando en un programa de Santiago nos hicieron un reportaje le dije al periodista: "¿Usted cree que me casé por la torta o para bailar el vals? No, me caso para tener lo que usted tiene y yo no tengo".

—Es una cuestión de derechos.

—Si yo no estuviera casado y viviera en esta casa hermosa que hizo José y me pasara algo, podría venir un familiar y pegarle una patada y desalojarlo. Pero hoy estamos casados.

Como la pareja no quería crear aspavientos, le preguntaron a Rosita a qué hora debían ir a firmar el matrimonio sin la mayor presencia de gente posible. "Vengan a la hora que quieran", respondió la secretaria del Registro Civil.

"Nos levantamos, desayunamos, estábamos de jean, sin smoking. Al volver a casa había una radio de la ciudad esperándonos —cuenta José Luis David—. Luego empezaron a llegar regalos de bodas de clientes míos, de una casa de electrodomésticos, de viveros… Estábamos anonadados. Cuando estábamos construyendo la casa, el grupo de albañiles con el que siempre trabajo cuando llegamos al día siguiente de nuestra boda nos prepararon una cabeza guateada, que es una cabeza de vaca que se prepara en un pozo en la tierra".

—¿No hubo discriminación en Frías?

—Al casarnos pasamos por la plaza -dice Miguel- y había grupos de adolescentes. Íbamos en el auto con las ventanillas cerradas porque nos dijimos este grupo de pendejos puede ser capaz de cualquier cosa. Pero cuando pasamos los pendejos fueron al cordón de la vereda a saludarnos y a levantar su dedo índice, felicitándonos.

—¿Y la Iglesia Católica?

—No se metió —dice José Luis David—. Pero no hay que olvidar que nuestro querido Papa dijo que éramos un plan del demonio y que veníamos a destruir la familia o que Chiche Duhalde dijo que veníamos a llevarnos a los niños…

—¿Piensan que hay un paralelo con lo que dice la Iglesia hoy sobre la legalización del aborto?

—Estamos a favor de la despenalización del aborto, no quiere decir que promovamos el aborto a mansalva. Se penaliza a la madre y no al padre. Y estamos a favor de la legalización para proteger a las mujeres que mueren por abortos ilegales.

—Me habían llegado rumores de que ustedes estaban separados.

Miguel y José Luis David, esposos, ríen los dos. Y Miguel dice:

—José es una persona muy pasional, es bravo. Yo soy tranqui.

—En consecuencia lo expulso y lo puteo tres veces por día. Pero estoy seguro de que no podría vivir sin él.

Así, un nuevo aniversario del amor sin límites suena en las campanas de Frías, Santiago del Estero, República Argentina.