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Murió Beto Cabrera, el inolvidable humorista que hizo historia junto a Mario Sánchez en el recordado Dúo de Dos

Tenía 92 años y falleció en España, donde vivía desde hacía décadas, según informó su hijo Fabián en sus redes. Figura emblemática de la radio y la televisión de los años 60 y 70

Dos hombres de traje y corbata en un escenario. Uno sostiene un objeto, el otro cubre su boca. Público y fondo con decoración de círculos
Beto Cabrera y Mario Sánchez, integrantes del Dúo de Dos, en momentos en que tenían un pograma en Teleonce
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La risa de toda una generación quedó un poco más huérfana. Murió Alberto Pedro Cabrera, el inolvidable Beto Cabrera, uno de los grandes nombres del humor argentino de las décadas del 60 y del 70, un artista capaz de hacer reír con una simple mirada, una imitación o una canción. Así lo comunicó su hijo Fabián a través de sus redes sociales.

Tenía una versatilidad poco frecuente: era humorista, cantante, imitador y animador, pero, sobre todo, un hombre que encontró en el escenario el lugar donde conectar con el público. Había nacido el 24 de noviembre de 1933 en la Ciudad de Buenos Aires y construyó una carrera que quedó grabada en la memoria de millones de argentinos gracias a la radio primero y a la televisión después.

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Su historia artística comenzó en uno de los semilleros más importantes del humor nacional: La revista dislocada, el histórico ciclo radial que revolucionó el entretenimiento argentino y del que surgieron algunas de las figuras más importantes de la época. Aquel programa, que debutó por Radio Argentina, reunió un elenco extraordinario integrado por Nelly Beltrán, Héctor Pasquali, Ángel Bazo, Iván Grey, Eduardo Almirón, Mario Durán y el propio Beto Cabrera, al que más tarde se sumarían Raúl Rossi, Mario Sánchez, Calígula, Mengueche y Jorge Marchesini. En ese universo de sketches, imitaciones y personajes comenzó a moldear un estilo propio que rápidamente conquistó a la audiencia.

También en ese tiempo había incursionado en el cine y participó de la película Disloque en el presidio, estrenada en 1965.

Primer plano de un hombre sonriente de cabello oscuro y abundante, viste camisa a rayas horizontales rojas, blancas y azules con saco marrón
Beto Cabrera posa sonriente en un retrato fotográfico de medio cuerpo, con el cabello castaño peinado hacia atrás y una camisa a rayas.

Sin embargo, el momento que cambiaría definitivamente su carrera llegaría algunos años después, cuando el destino lo cruzó con quien terminaría convirtiéndose en su compañero inseparable sobre el escenario: Mario Sánchez. Juntos formarían uno de los binomios humorísticos más exitosos de la televisión argentina, El Dúo de Dos, una sociedad artística que trascendió generaciones y que convirtió sus actuaciones en un clásico del entretenimiento familiar.

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La historia del nacimiento del dúo parecía sacada de uno de sus propios sketches. Corría 1966 y Mario Sánchez era suboficial auxiliar de Aeronáutica. Durante el día reparaba transmisores y cumplía funciones técnicas; fuera del horario militar, alimentaba su pasión por las imitaciones. Fueron sus propios compañeros quienes le hablaron de otro suboficial que por las mañanas trabajaba en la Dirección de Contabilidad y por las noches brillaba en La revista dislocada. Ese hombre era Beto Cabrera.

Mario decidió ir a conocerlo. Años más tarde, Cabrera recordaría aquel primer encuentro con la sinceridad y el humor que lo caracterizaban. “Cuando lo vi no me pareció gran cosa”, confesó entre risas. Sin embargo, decidió incorporarlo como guitarrista a sus actuaciones. El verdadero milagro ocurrió una noche inesperada. Beto quedó afónico antes de salir al escenario y le pidió a Mario que improvisara cualquier cosa para salvar la función. Sánchez intentó hacerlo con absoluta seriedad, pero el resultado fue exactamente el contrario: el público estalló en carcajadas. Sin buscarlo, acababan de descubrir una química irrepetible. “Así nació el dúo”, resumiría Cabrera años después.

Dos hombres sonríen, uno a la izquierda con esmoquin y pajarita, y otro a la derecha con traje y corbata. Fondo oscuro con texto borroso
Beto Cabrera y Alfredo de Angelis sonríen ante la cámara en una fotografía tomada durante el período de su programa El paquete del dúo.

Solo faltaba bautizar aquella sociedad artística que comenzaba a conquistar al público. El reconocido compositor Dino Ramos acercó distintas alternativas. Entre ellas aparecieron nombres tan insólitos como Dúo Deno o Aurelio y Mongo. Ninguno convencía del todo. Finalmente se impuso el más simple y efectivo: El Dúo de Dos, una denominación que con el tiempo se transformaría en una verdadera marca registrada del humor argentino.

La popularidad fue inmediata. Después de consolidarse en Telecómicos, la dupla dio el gran salto a la pantalla de Teleonce, donde entre 1969 y 1970 encabezó El paquete del Dúo, un ciclo que reunía humor, música, canciones, entretenimientos, invitados especiales y hasta entrega de premios para los televidentes y el público presente en el estudio. Emitido todos los sábados, el programa se convirtió en uno de los grandes éxitos del canal y terminó de consagrar a Cabrera y Sánchez como dos de las figuras más queridas de la televisión de aquellos años.

Detrás de cada sketch existía una complicidad que el público apenas alcanzaba a imaginar. Muchos creían que las carcajadas que se escapaban durante las actuaciones formaban parte de la rutina, pero Beto reveló que tenían otra explicación. “La gente piensa que somos dos caraduras porque nos reímos al actuar. Pero en realidad somos dos tímidos introvertidos”, contaba. Y enseguida levantaba el telón de la intimidad del espectáculo. “Lo que nadie sabe es que nos gastamos bromas pesadas mientras trabajamos. Cuando canto, Mario me habla al oído y me hace perder la letra. O me dice porquerías o empieza a señalarme las rubias de la platea”. Aquellas travesuras, invisibles para la mayoría de los espectadores, eran parte del combustible que alimentaba una química artística irrepetible.

Fotografía en blanco y negro de dos hombres. Uno con camisa y corbata come. El otro con traje sostiene un vaso y un pañuelo, con fondo de azulejos.
Mario Sánchez y Beto Cabrera en un alto en los estudios de Teleonce (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tras la disolución de la dupla, Cabrera continuó desarrollando una intensa carrera artística en solitario. Siguió recorriendo teatros, escenarios y programas de televisión hasta emprender un nuevo rumbo profesional en España. Allí decidió radicarse definitivamente, continuó actuando durante años y construyó una nueva etapa de su vida sin perder nunca el vínculo con el público argentino que lo había acompañado desde sus comienzos.

En los últimos tiempos, las redes sociales se habían convertido en una ventana cotidiana hacia su intimidad. Con el humor que jamás abandonó, incluso cuando la salud comenzaba a jugarle malas pasadas, compartía reflexiones, recuerdos y anécdotas con quienes seguían su carrera desde ambos lados del Atlántico.

Fue precisamente allí donde, a mediados del año pasado, empezó a hablar por primera vez de los problemas físicos que lo aquejaban. Lo hizo con la ironía que siempre lo caracterizó, aunque detrás de cada broma ya podía leerse una preocupación creciente. “Bueno, a partir del lunes tendré que sacarme sangre (más todavía), es decir un análisis de sangre para saber los motivos de mi anemia. Nuevos estudios antes de que me llamen de arriba... o de abajo... jajaja... de donde sea, si no me trato. Creí que no era para tanto... y así espero que siga saliendo a la luz mi problema... y yo que me creía tan fuerte... ya me estoy asustando otra vez”, escribió entonces.

Hombre mayor con cabello gris, gafas de sol oscuras, camisa a cuadros y chaleco oscuro, sentado en una silla con las manos entrelazadas
Beto Cabrera, figura reconocida, posa para la cámara con gafas de sol, camisa a cuadros y chaleco oscuro, sentado en una silla.

Con el correr de los meses, las referencias a su estado de salud comenzaron a repetirse. Entre recuerdos, fotografías de su carrera y publicaciones cargadas de humor, aparecían cada vez con mayor frecuencia comentarios sobre estudios médicos, controles y tratamientos. Sus seguidores respondían con mensajes de aliento, mientras él seguía manteniendo ese diálogo permanente que había construido con el público durante tantos años. Finalmente, en las últimas horas, llegó la noticia que nadie quería leer.

Las redes sociales rápidamente se poblaron de mensajes de despedida de colegas, amigos y admiradores que compartieron escenarios y momentos de vida junto al humorista. Una de las primeras en expresarse fue la cantante Edith Scandro, también radicada en España. “¡Qué pena enorme! Nos deja no solo un gran artista sino un ser cercano, un amigo especial cuyas reflexiones esperábamos y leíamos todos. Un colega respetuoso que siempre nos regalaba su sonrisa en los escenarios compartidos. Se te va a extrañar mucho. Un fuerte abrazo a Marga y familia. Descansa en paz, querido amigo”, escribió con profunda emoción.

A ese homenaje se sumaron otros mensajes igual de sentidos. “Descansa en paz, querido tocayo, enorme artista y amigo. Mi más sentido pésame para Marga, su esposa, como así también sus tres hijos y nietos”, publicó uno de sus allegados. Otro compañero resumió el sentimiento compartido por muchos: “Chau, Beto. Lamento tu partida. Me quedan muchos lindos momentos compartidos. Mis condolencias a su familia”.

Fotografía en blanco y negro de tres personas. Una mujer de cabello oscuro y flequillo en el centro, flanqueada por dos hombres con traje y corbatín
Zulma Faiad posa en el centro junto a Beto Cabrera y Mario Sánchez, integrantes del Dúo de Dos, en una fotografía en blanco y negro.

También la actriz Zulma Faiad decidió despedirlo con una fotografía que evocó una de las épocas más recordadas de la televisión argentina. En la imagen aparecía junto al inolvidable Dúo de Dos, y la acompañó con una frase breve, pero cargada de significado: “Se fue al cielo Beto. Besos al cielo para ambos, que estarán en mi corazón”, escribió, recordando también a Mario Sánchez, su inseparable compañero artístico, fallecido en 2007.

Con la muerte de Beto Cabrera se apaga otra de las voces que marcaron la edad de oro del humor argentino. Quedan sus personajes, sus imitaciones, sus canciones, aquellas carcajadas compartidas con Mario Sánchez y el recuerdo imborrable de un artista que entendía que hacer reír era mucho más que un oficio: era una forma de acompañar a la gente. Aunque desde hacía años vivía en España, nunca dejó de ser parte de la memoria afectiva del espectáculo argentino. Y esa memoria, la de quienes alguna vez lo vieron transformar una simple ocurrencia en una explosión de risas, seguirá manteniendo vivo su nombre mucho después del último aplauso.

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