Juan Domingo Perón, María Estela Martínez y José López Rega
Juan Domingo Perón, María Estela Martínez y José López Rega

Corren los últimos días de marzo de 1970 y la primavera empieza a despuntar en Madrid. Son poco más de las tres de la tarde y Tomás Eloy Martínez camina por la Gran Vía. Está cansado y contento. Durante cuatro días pudo conversar con Juan Domingo Perón en Puerta de Hierro y ahora su único deseo es subirse al avión que lo llevará de regreso a Buenos Aires para desgrabar y escribir las entrevistas que publicará en la revista Panorama, que dirige Jacobo Timerman.

A medida que se va acercando al Palacio de Oriente, la alegría del objetivo cumplido va perdiendo terreno frente a un fastidio que le cuesta ocultar. Los tres libros que carga en la bolsa que aferra con su mano izquierda empiezan a pesarle, y más le pesa la presencia de la persona que acaba de regalárselos y ahora camina a su lado. Es el secretario del General –que ha estado presente durante todas las entrevistas, incluso interrumpiendo para corregir los dichos de su jefe-, un hombrecito de mirada filosa y calva incipiente que responde al nombre de José López Rega.

Se han encontrado un rato antes en una oficina donde, según sus propias palabras, el secretario tiene "un negocio de importaciones y exportaciones, para pucherear".

"Apenas entré, me había ofrecido tres libros de su cosecha, dedicados 'Al amigo cronista, cordialmente' con una letra infantil y laboriosa. La firma respiraba a duras penas dentro de una rúbrica envolvente, que se dejaba caer sobre cada letra como un párpado; al pie de la rúbrica, un fleco desprendido de la R o de la G (la caligrafía era ingenua pero a la vez confusa) estaba adornado por tres puntos en forma de triángulo", recordará años después Tomás Eloy Martínez en su libro "Lugar común la muerte".

Perón junto a Tomás Eloy Martínez
Perón junto a Tomás Eloy Martínez

Ahora, mientras caminan, el hombrecito habla incansablemente sobre una "nueva era" que pronto cambiará el destino del mundo y el periodista no termina de encontrar una excusa convincente para sacárselo de encima.

"Nos internamos en los jardines de Sabatini y nos sentamos al fin ante la estatua de Alfonso el Sabio. José López Rega completó una larga exposición sobre la era de espiritualidad que se avecinaba, en la que todos los hombres reconocerían al General como un conductor y un iluminado", escribirá al relatar ese encuentro.

Finalmente logra despedirse y es entonces cuando el hombrecito le dice, señalando la bolsa:

-Todo está en esos libros.

A pesar del cansancio, esa noche –la última que pasará en la capital española – Tomás Eloy Martínez se reúne a comer con un grupo de periodistas en el Club de Corresponsales Extranjeros. Allí, entre plato y plato, cuenta risueñamente su encuentro de esa tarde con el insólito secretario de Perón. Tony Navarro, corresponsal de Associated Press en Madrid, lo escucha con una sonrisa en los labios.

-Si le crees –dice cuando Eloy Martínez termina su relato-, el retorno de Perón a la Argentina no depende de ningún avión negro sino de su libro de astrología.

Todos se ríen de la ocurrencia, pero más tarde, en la soledad de su habitación de hotel, el periodista argentino abrirá la bolsa y comenzará a hojear uno de esos libros. Es un mamotreto de 758 páginas (1.130 gramos exactos de peso), con tapas duras, titulado "Astrología Esotérica".

Las profecías del astrólogo

Con el subtítulo de "Secretos Develados", José López Rega publicó "Astrología Esotérica" en 1962. Lo compuso y lo imprimió con sus propias manos en la imprenta de la calle José P. Tamborini 3761, de Buenos Aires, que había montado luego de retirarse de la Policía Federal con el grado de cabo.

Astrología Esotérica, de José López Rega
Astrología Esotérica, de José López Rega

El mamotreto fue distribuido de mano en mano por su autor -bajo el sello de fantasía "Editorial Rosa de Libres"- fuera del circuito de las librerías tradicionales, mientras que un manojo de ejemplares se eternizó en sucesivas estanterías de la vieja Kier de la calle Talcahuano, que hoy pervive en la Avenida Santa Fe.

En la tapa, sentado en la base de un precario zodíaco, un homúnculo sin piel se toma una cabeza de mosca con las manos. Obra –como buena parte de las ilustraciones del interior– de la "señorita Norma López", quien fuera la primera dama durante la brevísima presidencia de Raúl Lastiri (entre julio y octubre de 1973), cobijado por su suegro, ya que López Rega era por entonces ministro de Bienestar Social y consejero personal de Perón.

Impreso en humildes minúsculas negras sobre una banda blanca a lo largo de la parte superior de la portada, el nombre del autor nada significó para los argentinos de hace más de cinco décadas.

López Rega en su uniforme de comisario
López Rega en su uniforme de comisario

En la solapa, los editores –con un estilo que revela la pluma del propio autor – elogian: "Esta obra penetra profundamente en los misteriosos campos de la ASTROLOGÍA ESOTÉRICA, que hasta el presente, permanecían ocultos para la mayoría de los diletantes con afinidades espirituales. Es, en verdad, una obra que cumple la difícil misión de develar secretos zodiacales, en su relación con el género humano y demás REINOS inferiores. Su autor ha colocado al servicio del tema la experiencia de una vida dedicada a la investigación y la comprobación de las leyes de la naturaleza, demostrando ser poseedor de una sensibilidad e intuición que le permiten desarrollar el tema con notable sencillez y claridad. Creemos, sinceramente, que este libro abre gallardamente el camino de una serie de obras del mismo autor, que ya tenemos en prensa, y que a no dudar serán recibidos por nuestros lectores con simpatía, valorando el gran esfuerzo que ello representa al servicio del bienestar de la HUMANIDAD".

Una vez dentro, López Rega desgrana sus secretos develados: precisas "consideraciones revolucionarias" sobre "la música de la Nueva Era", "sobre el baile clásico en la Nueva Era", "los perfumes de la Nueva Era", "la pintura de la Nueva Era" y prefigura el futuro de la Argentina y del planeta.

La política y los astros

A lo lago de más de setecientas páginas donde proliferan las mayúsculas, López Rega desarrolla una teoría delirante donde se conjugan la política y los astros en una ensalada sazonada con música, colores, coreografías, geometría, una adaptación cabalística del alfabeto y perfumes.

Por ejemplo: "Cada movimiento del BAILE CLÁSICO es una figura geométrica, y pensamos que para que dichos movimientos fueran realizados de acuerdo a las LEYES DE LA NATURALEZA, era necesario unificar ALFABETO, MOVIMIENTO, SONIDO Y COLOR", escribe.

Hay párrafos que parecen anticipar la estrategia que aplicará cuando conozca a Perón: "¡Al que alardea de fuerte… exagérele los poderes de su fortaleza, tendrá así un esclavo que lo adorará! ¡Cada cual tiene su propia vanidad apuntando en cierto sentido, y es suficiente tocarla un poco, para que se entregue como inofensiva criatura, ésa es la gran estupidez de la HUMANIDAD, que se conforma con migajas de la torta y abandona ésta para que se alimenten las alimañas!".

Cuando Tomás Eloy Martínez terminó de leer los libros de ocultismo de López rega se preungtó: “¿Cómo pudo este hombre llegar a Perón?” (AP)
Cuando Tomás Eloy Martínez terminó de leer los libros de ocultismo de López rega se preungtó: “¿Cómo pudo este hombre llegar a Perón?” (AP)

Y también, por la negativa, muestra los oscuros rencores que anidan en su alma y que motorizan su concepción política, como cuando dice: "No existe en nuestra intención (la de él, López Rega) ningún rencor, enemistad u odio por nada ni nadie, ya que todo tiene su propia causa de ser; tampoco nos sentimos superiores a los demás; dado que sólo DIOS tiene esa facultad por ser el SUPREMO CREADOR. Pero al hablar de ARGENTINA o de AMÉRICA DEL SUD, nos referimos a lo que por LEY DE LOS TIEMPOS, por NACIMIENTO FÍSICO Y ESPIRITUAL, nos corresponde mantener incólume como CAPITAL".

Todo esto, en la concepción de López Rega, sólo puede lograrse con racismo y violencia. Para llevar a cabo la misión que se adjudica a sí mismo en el libro, será necesario: "Movimentar (sic) con NUEVOS ELEMENTOS a los ELEGIDOS de la RAZA ANTERIOR ¡Es entonces que la MADRE NATURALEZA abre su fecundo vientre eternamente virginal para desembarazarse de los elementos antiguos y dar cabida a aquellos que le son necesarios para el trabajo de los próximos 2.000 años!".

López Rega y perón en Puerta de Hierro, Madrid
López Rega y perón en Puerta de Hierro, Madrid

En la solapa posterior López Rega también revela el secreto de los próximos seis libros, testimonio de su increíble versatilidad, capaz de recorrer los oscuros territorios del ocultismo con obras como "Génesis de la Nueva Era", "¡El hombre! ¡Un mundo desconocido!" y "Conocimientos espirituales".

También, adelanta el nacimiento del género de autoayuda con el "Libro Madre del Éxito (Predicciones y guía diaria válida hasta el año 2000)". Junto a ellos se anuncian un enigmático "Libro de los desheredados" y un insólito "Tratado de canto, impostación y arte escénico".

Recostado en la cama del hotel madrileño, Tomás Eloy Martínez cierra el libro, vencido por el sueño. Antes de dormirse, un interrogante queda dando vueltas en su cabeza. ¿Cómo hizo este hombre para llegar a Perón?, se pregunta.

El cabo peronista y esotérico

Cuando escribió su "Astrología esotérica", José López Rega acababa de retirarse como cabo de la Policía Federal, fuerza a la que regresó con el grado de comisario general por orden de Perón en mayo de 1974.

Casi no hay registro de sus tiempos de uniforme azul. Uno de los pocos testimonios de su paso por la Federal se lo brindó a principios de los 80, el legendario jefe de la sección de policiales del viejo diario Crítica, Gustavo Germán González, a uno de los autores de esta nota.

Perón y López Rega
Perón y López Rega

Al terminar una entrevista sobre vida y obra del mítico comisario Evaristo Meneses, el viejo cronista tiró un gancho:

-También conocí a otro policía que terminó siendo muy famoso… -arrancó.

-¿A quién?

-A López Rega.

-¿Cómo lo conoció?

-En una comisaría, cuando era cabo. Yo iba a buscar información y el comisario lo llamaba para que nos cebara mate. Era un tipo que nunca miraba a los ojos…

Por entonces, el futuro secretario de Perón ya se había sumado a la secta Anäel, donde se lo conocía como el Hermano Daniel.

La secta Anäel era una extraña mezcla de rosacrucismo, umbanda, aggiornamentos de la secta fascista Thulé y variaciones sobre las enseñanzas del fundamentalista A. Krumh-Heller, líder de una rama de los rosacruces.

El coronel Bernardo Alberete, delegado personal de Perón, sin querer le abrió las puertas del peronismo en la clandestinidad a López Rega
El coronel Bernardo Alberete, delegado personal de Perón, sin querer le abrió las puertas del peronismo en la clandestinidad a López Rega

En la secta Thule habían revistado nada menos que Adolf Hitler, Rudolf Hess y Karl Haushoffer. El grupo tomaba su nombre de una isla mítica que se suponía estuvo situada al norte del planeta, y que habría sido el centro mágico de una civilización desaparecida. Sin embargo, en sus delirios, los secretos de esta civilización no estaban perdidos. Entes intermediarios entre los hombres y los seres del Más Allá dispondrían para los iniciados una reserva de fuerza que podría dar a Alemania la dominación del mundo para anunciar la suprahumanidad y el hombre en mutación.

Para el Hermano Daniel, la política sería el instrumento para concretar su proyecto esotérico. Quizá sin saber la puerta que abría, el teniente coronel (R) Bernardo Alberte le abrió las puertas del peronismo en la clandestinidad.

Unos años después, en 1967, Alberte era nombrado delegado personal de Perón. Nueve años más tarde, cuando el golpe de Estado de marzo de 1976, fue una de las primera víctimas de los crímenes de la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla, continuadora de los crímenes cometidos por la Triple A, comandada por López Rega.

Primero Isabel, después Perón

Ya de civil y con su nuevo oficio de imprentero López Rega combinó la publicación de material esotérico con panfletos y documentos de la Resistencia Peronista.

El Hermano Daniel encontró en las inclinaciones esotéricas de la tercera esposa del General un regalo impensado para sus aspiraciones y pronto se ganó su confianza y su admiración
El Hermano Daniel encontró en las inclinaciones esotéricas de la tercera esposa del General un regalo impensado para sus aspiraciones y pronto se ganó su confianza y su admiración

Esa tarea fue el primer paso en el camino que lo llevó hasta Juan Domingo Perón. Cuando en octubre de 1965 el general en el exilio envió a su mujer, María Estela Martínez, a realizar una gira por la Argentina para contrarrestar la movida neoperonista (de un peronismo sin Perón) que lideraba Augusto Timoteo Vandor, Alberte convocó a López Rega para que integrara la custodia de Isabelita.

El Hermano Daniel encontró en las inclinaciones esotéricas de la tercera esposa del General un regalo impensado para sus aspiraciones y pronto se ganó su confianza y su admiración, que fueron creciendo durante los casi diez meses que Isabel permaneció en la Argentina.

En julio de 1966, al subir al vuelo de línea que la llevaría de regreso a Madrid, la comitiva de María Estela Martínez de Perón tenía un nuevo integrante: un hombrecito de mirada filosa y calva incipiente llamado José López Rega.

Al día siguiente, el Hermano Daniel atravesaba las puertas de la Quinta "17 de Octubre" para transformarse en la sombra de Perón. Lo demás es historia conocida.

El Brujo, un bautismo fatal

Tomás Eloy Martínez no fue el único periodista argentino que leyó la "Astrología Esotérica" de José López Rega. A mediados de 1972, un ejemplar del mamotreto llegó a manos del periodista Pedro Leopoldo Barraza, que trabajaba en el diario La Opinión.

El Tarta, como llamaban sus colegas a Barraza, lo leyó de cabo a rabo y publicó una crítica devastadora de la obra y de su autor, a quien bautizó despectivamente con el apodo que lo acompañaría el resto de sus días: "El Brujo".

López Rega, “El Brujo”, jamás le perdonó la crítica sobre su libro al periodista Leopoldo Barraza, quien dos años después fue asesinado
López Rega, “El Brujo”, jamás le perdonó la crítica sobre su libro al periodista Leopoldo Barraza, quien dos años después fue asesinado

El Brujo esperó más de dos años para cobrarse esa crítica que sintió como una afrenta. Pedro Leopoldo Barraza fue asesinado el 13 de octubre de 1974 en Villa Lugano por un comando parapolicial que lo fusiló y, ya muerto, le destrozó la cabeza de un itakazo.

Para esa fecha, José López Rega era el hombre más poderoso del gobierno de la viuda de Perón y dirigía el accionar terrorista de la Triple A desde su despacho en el Ministerio de Bienestar Social.

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