Trabajos nocturnos: cómo es la jornada de un médico de guardia

Guardar

Las noches de Juan Carlos Althabe son como el agua quieta. Basta una gota, una vibración para que todo se altere. Este joven médico traumatólogo trabaja en la guardia del Hospital Vicente López y Planes, en General Rodríguez: dos veces por semana atraviesa 24 horas de continuado, de 8 a 8, en el viejo edificio y "duerme" allí, echado en un colchón, aunque "dormir" es una forma de decir y por eso las comillas.

Rodeado por un bosque misterioso, el clima nocturno del hospital está enmarcado por el sonido de los grillos. Hasta que todo se corta con el chillido de una sirena.

PUBLICIDAD

Imagen Z7OWKPXFDFFD3AEAMT5PLKB6UU

"Es muy interesante porque durante la noche tenemos que movernos por los pasillos o en exteriores. Tenemos un bosque que está alrededor del hospital y me encanta, es muy lindo y muy tenebroso", cuenta el médico y explica que pasadas las siete de la tarde la intensidad que tiene todo hospital baja.

Imagen BIAACUT7S5DULOM7KHGYZX6DPA

Durante el día los pacientes llegan con heridas menores pero en grandes cantidades. "A la noche llega la mayoría de los accidentados", dice Juan Carlos y recuerda la vigilia más extensa de su vida. Fue cuando recién empezaba en la guardia: "Iba caminando por un pasillo, venía de amputarle la pierna a un tipo y pensaba si podría pasar que caería otro accidentado. Y entonces empecé a escuchar ambulancias y llegaron tres accidentados juntos. Estuve operando toda la noche".

PUBLICIDAD

Imagen U7HFTFRZ5RAZZHQMROU6MAA6BI

La tensión es nutriente para su corazón apasionado por la medicina. Hace rato ya que para Althabe no es ningún sacrificio no dormir, o hacerlo en "estado de alerta". El asegura que te acostumbrás: "Aprendí a dormir muchas menos horas. Y también a dormirme, despertarme para hacer algo y seguir durmiendo después".

Fotos: Lihue Althabe
Fotos: Lihue Althabe

Cualquier persona ajena a la medicina pensaría que atravesar las noches en una guardia puede ser lo más parecido a una pesadilla. Pero no para Althabe. "Me gusta quedarme a la noche acá, te desconecta, es divertido, no elegiría otro trabajo", explica.

De repente, la quietud de la noche se quiebra. A lo lejos, el aullido de una ambulancia invade lentamente el vacío.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD