Hablar de un hospital saludable puede parecer una tautología pero no lo es. Los hospitales y los centros de salud consumen energía y generan residuos, al igual que el sector industrial. En los Estados Unidos, donde se mide, el Departamento de Energía detectó que consumen 2,5 veces más que los edificios comerciales.

"Esto que sucede no es coherente con nuestra misión. Es mejor trabajar en prevenir que en curar", explica Jeffrey Thompson, un pediatra que lidera una red de centros de salud verdes en el midwest de los Estados Unidos. "Yo puedo ser muy bueno para operarte y arreglar la quebradura de un brazo, pero también tengo que trabajar para que la contaminación que genero en el hospital no sea causante de asma o de un ataque cardíaco", agrega.

Thompson, que desde 2008 lidera el Sistema de Salud Gundersen, un conglomerado que reúne centros de salud de 16 condados estadounidenses, está en Argentina en un ciclo de conferencias organizado por la ONG Salud sin Daño e intenta explicar además que los cambios para transformar a los hospitales en centros verdes es rentable.

"Tiene que quedar claro que la idea no es reconvertir el hospital y cargar a los pacientes para que paguen los costos. La eficiencia y el ahorro energético generan ganancias", indica.

Durante su gestión logró que Gundersen alcanzara la autonomía energética, lo que significa que genera más de lo que consume. De esa manera, se convirtió en modelo de sostenibilidad en el sector salud, además de lograr un ahorro de 2 millones de dólares por año.

En la Argentina estamos lejos aún de alcanzar esos números. "Acá el esfuerzo es muy individual. Hay hospitales que están trabajando muy bien y han comenzado con distintas acciones, pero es unilateral. En el sector público se destacan en la ciudad de Buenos Aires el Rivadavia. el Garrahan y el Fernández y en el privado, el Instituto Argentino del Diagnóstico, el Hospital Italiano y el Finochietto.

Uno de los emblemas de hospitales y clínicas verdes es la eliminación del mercurio por ser un contaminante de las aguas. "La Argentina acaba de firmar el Acuerdo de Minamata, con eso ya existe la obligación de eliminar el mercurio para el año 2020", explica Verónica Odriozola, directora ejecutiva de la ONG Salud Sin daño.

Los tensiómetros de mercurio están prohibidos desde hace siete años por una resolución del Ministerio de Salud de la Nación por un pedido que presentó la ONG junto con otras asociaciones profesionales y científicas. "Aún no lo logramos con los termómetros. Debería ocurrir ahora", dijo Odriozola.

Una vez que se eliminó el mercurio queda mucho trabajo por hacer. Thompson sostiene que lo primero en lo que hay que trabajar es en la basura que se genera en los hospitales. "Hay tanta cantidad de basura en los hospitales es por eso que hay que medir cuánto se consume primero y hacerlo más inteligente y más eficiente. ¿Qué cantidad de vegetales se consume y de carne? ¿Qué tipo de medicamentos se usan y cuál es el tamaño más eficiente y adecuado? Toda la disposición final de esta basura cuesta dinero y dejar de desperdiciarlo es un ahorro", dice.

"El reciclado es otra de las áreas a trabajar. Los hospitales son generadores gigantes de materiales reciclables", sostiene este pediatra neonatólogo que también consiguió que empezara a pensarse no sólo en la eficiencia energética sino también en la generación eléctrica renovable.

"La solar no es una opción redituable en Winsconsin, pero utilizamos un mix de biogas que llega de los rellenos sanitarios y la energía que genera nuestro propio parque eólico. Entre 2008 y 2009 invertimos unos 2 millones de dólares en este sistema y se puede decir que ya hemos recuperado el 60% de esa inversión incluyendo la construcción de un nuevo centro de salud", asegura Thompson.

En la Argentina, por ejemplo, se calcula que un hospital puede generar una tonelada de residuos por día. El 20% de ese material es residuo peligroso. Aunque en el país existe la ley de residuos peligrosos, el cumplimiento es dispar, especialmente en el interior del país.

En 2012 se lanzó la Red Global de Hospitales Verdes y Saludables, una iniciativa de la organización Salud Sin Daño que reúne a hospitales, centros de atención y sistemas de la salud, organizaciones profesionales y académicas vinculadas con el sector que buscan reducir su huella ecológica y promover la salud ambiental pública.

A nivel mundial hay 824 miembros en 48 países. En la Argentina son 36 los miembros, que representan a 49 hospitales y 203 centros de salud. "Es muy impresionante la diferencia entre los países limítrofes, por ejemplo en Chile hay más de 200 miembros y Colombia y Brasil tienen más de 100", detalla Odriozola que participó de un encuentro en San Pablo durante la semana.

"El mensaje es que se puede empezar por algo aunque no se cuente con mucha inversión. Hay que medir, hay que gestionar bien y es redituable. A nosotros los que nos sucedió es que tenemos más pacientes, más filántropos e incluso más gente quiere trabajar en nuestros centros de salud", sostiene Thompson.

La iniciativa global de hospitales verdes adhirió al Acuerdo de París para combatir el cambio climático: "No es sólo por el acuerdo internacional, tiene que ver también con cuidar nuestro planeta que está enfermo y con hacer nuestro trabajo. Parte de esta tarea es la prevención que generamos tomando estas medidas", sostiene Thompson.