Los rastros del dolor, de la violencia, de la angustia. Durante el día después de un ataque de violencia de género, el infierno no se acaba. Y la evidencia física de algún maltrato no hace más que recuperar las pesadillas del pasado. Por eso un artista mendocino capaz de lograr, a través de su tinta, que las personas dispongan de "nuevas identidades", decidió brindar su aporte a la causa: desde hace cuatro meses, realiza tatuajes gratis a mujeres para tapar las cicatrices de la violencia de género sufrida.

Sebastián Gallardo es un modesto tatuador de la provincia de Mendoza que en febrero inició una cruzada solidaria inesperada, creativa y para algunas personas vital en su día a día.

"La idea surgió en febrero, cuando vi una estadística que decía que había un femicidio por día en el país. Ahí me planté y dije '¿Cómo puedo ayudar yo desde mi parte a esto?' Y así hice el anuncio de los tatuajes gratis en mi cuenta de Facebook", le relató el tatuador a Infobae desde su local.

Gallardo se basaba en las cifras del Instituto Wanda Taddei, que indicó que en los primeros 43 días de 2017 se produjeron 57 asesinatos, fruto de la violencia doméstica.

El primer tatuaje, sobre una quemadura hecha con agua hirviendo
El primer tatuaje, sobre una quemadura hecha con agua hirviendo

El artista mendocino forjó su profesión desde hace años. De hecho, los tatuajes encima de cicatrices se volvieron una metodología habitual a lo largo del tiempo: "Es muy común que, especialmente mujeres vengan a hacerse tatuajes sobre cicatrices. Desde un dibujo encima de la cicatriz de una cesárea hasta el de alguna pequeña pieza sobre alguna operación recibida", comentó.

De tal manera, puso en marcha su novedosa iniciativa: cada mes, ofrecería dos tatuajes gratis a dos mujeres que desearan cubrir las cicatrices producto de algún hecho de violencia de género. "Yo tengo un local muy modesto. Llego a fin de mes con lo justo. Por eso sólo ofrezco dos tatuajes. Si pudiera, haría muchos más, sin dudarlo", añadió.

La iniciativa tomó por sorpresa a todos sus contactos en la red social, pero rápidamente se convirtió en un fenómeno viral dentro de la provincia y en el ámbito de los tatuadores nacionales.

"Desde que empecé, hice esos dos tatuajes por mes e incluso me quedaron un montón de chicas afuera de la 'oferta' y que finalmente les tuve que cobrar", explicó.

La idea generó mucha aceptación dentro del gremio e incluso aparecieron colegas que la incorporaron para su propio espacio. Uno de ellos es Javier Bonasera, de Buenos Aires, que también realiza una metodología similar en su propio local.

Al comenzar con la iniciativa, Gallardo comenzó a introducirse en el mundo de las víctimas de violencia de género, lo que le generó estupor, emoción y le produjo una grado de empatía que hasta hoy le sorprende.

"En los primeros meses, las mujeres me traían la denuncia hecha en la Policía o las órdenes de alejamiento como para corroborar lo que les había pasado en su cuerpo. Yo jamás le pediría una prueba así a alguien en este tema tan delicado. Queda en la moral de cada una decirme la verdad o no, yo no me voy a poner en juez de nada en este tipo de cosas", reveló Gallardo a Infobae.

Incluso, el tatuador reveló que acudieron al local muchas mujeres con heridas en sus muñecas y que aducían haber sido víctimas de violencia de género y que, por su experiencia, parecían ser heridas producto de intentos de suicidio.

En la mayoría de los casos, fue el propio tatuador quien le ofrecía dibujos o siluetas a las clientes para realizar los tatuajes sobre las cicatrices: "Veía qué tipo de cicatriz tenían y les mostraba un catálogo, o les realizaba un boceto de un dibujo para que eligieran. En la mayoría de las ocasiones, ellas eligieron elementos vivos, con colores fuertes. Símbolos que representaran la vida", detalló.

Asimismo, en el procedimiento de los propios tatuajes, se produjo un hecho que Gallardo jamás imaginó: las propias clientes se decidían a contar sus historias y a revelar los detalles de los infiernos vividos en sus propios hogares.

"El caso que más me shockeó fue el primero que recibí. Era el de una mujer que tenía una importante cicatriz en uno de sus antebrazos. La ex pareja la había quemado con agua hirviendo que se había calentado en una pava. Me dejó conmocionado. La miraba a los ojos y trataba de poder ponerme en su lugar y ver el terror que tenía que haber pasado", le comentó Gallardo a Infobae.

También recibió casos de mujeres que presentaban los restos de cortes producidos por vidrios rotos o por ataques con cuchillos.

Algunos tatuajes se hicieron sobre las cicatrices de cortes con vidrios
Algunos tatuajes se hicieron sobre las cicatrices de cortes con vidrios

Una vez terminadas las piezas, el desenlace fue siempre el mismo: "Absolutamente todas las chicas a las que tatué para taparles estas cicatrices, se pusieron a llorar sin parar cuando terminé de hacerles los dibujos. Me agradecían sin parar, me abrazaban. Eran momentos muy especiales", afirmó.

El propio tatuador indicó que la empresa que le provee de las cremas para el tratamiento posterior a los tattoos le brindó artículos extra para que también se los entregara de manera gratuita a esas mujeres.

Una vez finalizado cada uno de los casos, el mendocino aseguró sentirse en paz consigo mismo, con la felicidad de al menos haber aportado una ayuda desde su lugar.

"Yo sé que el dolor emocional que generan esas cicatrices no se les va a ir nunca a estas mujeres. Es algo que jamás se borra. Pero al menos logré que cuando se miren al espejo, puedan ver otra cosa. Es como que trabajara con la tinta del dolor", afirmó.

Y añadió: "No me considero un salvador ni creo que con lo que hago se vayan a frenar los casos de violencia. Eso les corresponde a otros. Pero al menos hago algo desde mi lugar".

Y su día a día continuará en su modesto local de la provincia de Mendoza. El hombre seguirá ofreciendo nuevas identidades, nuevos caminos para tratar de escapar, al menos por unos momentos, a las marcas del pasado.

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