Por qué leer poesía es bueno para la salud mental: qué encontraron los estudios sobre su impacto emocional

Investigaciones hallaron resultados favorables en síntomas de ansiedad, depresión, estrés y trauma, aunque los especialistas aún trabajan en estudios más amplios con el fin de determinar en qué casos puede ser realmente beneficioso

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Estudios sobre poesía y salud mental asociaron la lectura, la escritura y el análisis de poemas con mejoras en síntomas de ansiedad, depresión, estrés y trauma (Imagen Ilustrativa Infobae)
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A veces el malestar no llega con una explicación clara. Puede aparecer como cansancio, pensamientos que se repiten o una tristeza difícil de nombrar. En esos momentos, detenerse a leer o escribir unos versos puede dar lugar a una pausa. Aunque no reemplaza la atención de salud mental, la poesía puede ayudar a aliviar el malestar emocional y acompañar situaciones de trauma. Estudios vinculan estas prácticas con mejoras en distintos síntomas.

La relación entre poesía y salud mental incluye leer, escribir, escuchar o conversar sobre poemas. Para algunas personas, esas experiencias sirven para reconocer una emoción y encontrar una manera de decirla. Por eso, la poesía puede acompañar un tratamiento psicológico, médico o comunitario, aunque nunca sustituirlo.

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El interés por este recurso llegó a hospitales, consultorios, universidades y programas para trabajadores de la salud. Allí se estudia si las palabras, el ritmo y las imágenes de un poema pueden modificar cómo alguien transita un momento difícil. Los resultados abren una posibilidad, pero todavía hacen falta investigaciones más grandes para saber con precisión en qué casos ayuda y de qué manera.

Los especialistas advirtieron que la poesía puede acompañar un tratamiento de salud mental, pero no reemplaza la atención psicológica, psiquiátrica ni médica (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los especialistas advirtieron que la poesía puede acompañar un tratamiento de salud mental, pero no reemplaza la atención psicológica, psiquiátrica ni médica (Imagen Ilustrativa Infobae)

La poesía puede acompañar el abordaje del estrés, la ansiedad y el trauma

Según la revisión sistemática y metaanálisis de Anthony Kassab, Ruwan Jayatunge y Rami Bou Khalil, las intervenciones basadas en poesía se asociaron con menos síntomas de trauma, depresión, ansiedad y estrés. El trabajo reunió investigaciones sobre actividades individuales y grupales que propusieron leer, escribir o analizar poemas en espacios de cuidado.

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Los autores encontraron resultados favorables en varios indicadores de salud mental. Sin embargo, también señalaron una dificultad central: muchos de los trabajos analizados incluyeron pocos participantes. Eso obliga a tomar los hallazgos con cautela, porque una experiencia positiva en un grupo pequeño no siempre se repite de la misma forma en otras personas o contextos.

Para Kassab, Jayatunge y Bou Khalil, la terapia poética puede complementar la atención psiquiátrica habitual. Leer un poema no reemplaza la consulta con un psicólogo, un psiquiatra u otro profesional cuando una persona necesita atención. Sí puede sumar un momento de registro personal frente a pensamientos insistentes o emociones que cuesta ordenar.

Ahí aparece una de sus particularidades. Un texto breve permite concentrarse durante unos minutos en una imagen, una escena o una frase. A veces, esa lectura ayuda a poner distancia de una preocupación; otras veces, ofrece palabras para acercarse a ella sin tener que explicarla por completo.

Imagen de escritores y escritoras sonrientes, compartiendo y recomendando libros en un encuentro literario. Un momento lleno de pasión por la lectura, escritura, cultura y el fascinante mundo de los libros. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Una revisión sistemática y metaanálisis de Anthony Kassab, Ruwan Jayatunge y Rami Bou Khalil encontró resultados favorables, aunque remarcó que muchos estudios tuvieron pocos participantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los poemas pueden hablar de experiencias que en una charla cotidiana quedan sin nombre. Un duelo, una enfermedad, una internación o la incertidumbre suelen alterar la forma en que alguien se vincula con lo que siente. En ese contexto, una metáfora puede servir como punto de partida para pensar o conversar.

El lector no necesita encontrar una respuesta exacta. Puede reconocerse en una imagen, un ritmo o una situación escrita por otra persona, aun cuando su historia sea diferente. Esa libertad de interpretación es parte del valor que algunas personas encuentran en la lectura.

El psiquiatra y terapeuta poético Robert Carroll, de la Universidad de California en Los Ángeles, relacionó esa búsqueda con la necesidad de encontrar una voz compartida. Según explicó, las personas suelen acudir a palabras ajenas cuando atraviesan momentos de extrema dificultad.

Según precisaron los expertos, no hacen falta conocimientos de literatura para que esa cercanía ocurra. Un poema corto puede abrir una conversación en una familia, entre amigos o dentro de un tratamiento. Miedo, cansancio, pérdida y esperanza son algunas de las emociones que pueden aparecer en ese intercambio.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La lectura de poesía puede ayudar a reconocer emociones, poner en palabras el malestar y tomar distancia de pensamientos insistentes en momentos difíciles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una actividad con 44 pacientes pediátricos mostró cambios en varias emociones

En un estudio sobre pacientes pediátricos hospitalizados, 44 niños y adolescentes de entre ocho y 17 años participaron en ejercicios de lectura y escritura de poesía. La propuesta buscó observar cómo se sentían antes y después de la actividad durante su internación.

Los participantes recibieron consignas, poemas seleccionados, cartulinas, lapiceras y marcadores. Después de la experiencia, los investigadores midieron nuevamente emociones como miedo, tristeza, ira, preocupación, fatiga y dolor.

El estudio registró una baja en cinco de esas seis emociones. El dolor no tuvo un descenso suficiente para alcanzar el nivel que los autores habían definido como relevante dentro de la investigación. Es decir, hubo un cambio observado, pero no alcanzó para concluir que estuviera relacionado con la actividad.

Los descensos aparecieron en el miedo, la tristeza, la ira, la preocupación y la fatiga. A la vez, los chicos y adolescentes mencionaron sensaciones de felicidad, distracción, creatividad y reflexión personal. Algunos también destacaron que la propuesta facilitó la participación de sus familias.

Imagen evocadora de una persona inmersa en la lectura, disfrutando de un libro bajo la luz natural de la ventana. Una escena que celebra la conexión entre el lector, la literatura y la imaginación. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los poemas abordan duelo, enfermedad, internación e incertidumbre con metáforas que facilitan pensar o conversar sobre experiencias difíciles de nombrar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los autores, la actividad permitió que los pacientes se corrieran por un momento de la rutina hospitalaria. Sin embargo, el diseño del trabajo no permite atribuir todos los cambios a la poesía, ya que durante una internación intervienen muchos otros factores.

Aun con esa limitación, el estudio aporta una experiencia concreta sobre el uso de la lectura y la escritura en espacios de cuidado. Los investigadores propusieron avanzar con nuevos trabajos para conocer mejor cuánto pueden aportar este tipo de intervenciones y en qué condiciones.

La pregunta también alcanzó a quienes cuidan a otros. De acuerdo con una revisión sobre poesía, empatía y agotamiento laboral, distintos trabajos sugirieron que la literatura puede favorecer la empatía entre profesionales de la salud que participaron en actividades de medicina narrativa.

La revisión examinó 401 resúmenes y seleccionó seis publicaciones para su análisis final. Solo una de esas investigaciones estudió la poesía de manera exclusiva. Las demás combinaron versos con lecturas, debates y ejercicios de escritura.

Imagen de escritores y escritoras sonrientes, compartiendo y recomendando libros en un encuentro literario. Un momento lleno de pasión por la lectura, escritura, cultura y el fascinante mundo de los libros. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Un estudio con 44 pacientes pediátricos hospitalizados registró una baja en miedo, tristeza, ira, preocupación y fatiga después de actividades de lectura y escritura de poesía (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ritmo y las metáforas pueden volver más cercana una emoción difícil de explicar

La investigación sobre lectura poética también se detiene en elementos simples que forman parte de muchos poemas, como la rima y el ritmo. Esas repeticiones ordenan el lenguaje y ayudan a anticipar sonidos y pausas. Así, pueden hacer que el lector permanezca más atento a un texto breve.

El efecto puede parecerse al de una canción: una misma frase cambia cuando tiene una cadencia determinada. En la poesía, el ritmo puede intensificar una emoción o darle una forma más fácil de recordar, aunque cada persona responde de un modo distinto.

Las metáforas ofrecen otra puerta de entrada. Un poema puede comparar una pérdida con un paisaje, un cuerpo con una casa o una preocupación con una tormenta. Esa imagen no exige una sola lectura ni obliga a quien la lee a contar algo que todavía no puede explicar de manera directa.

Por eso, dos personas pueden encontrar sentidos distintos en el mismo verso. Cada una llega al texto con su propia historia y puede quedarse con una palabra, una escena o una sensación. No hace falta haber vivido lo mismo que el autor para que el poema produzca cercanía.

Una mujer lee un libro sentada en un sillón junto a una lámpara encendida, con una biblioteca al fondo y una ventana de noche.
La investigación en medicina narrativa sugirió que la poesía también puede favorecer la empatía y abordar el agotamiento laboral entre profesionales de la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando la lectura se comparte, además, aparece un componente social. Escuchar distintas voces y hablar sobre un verso puede reducir la sensación de estar solo, especialmente durante una etapa difícil. La conversación no elimina el problema, pero puede ofrecer un espacio para expresarlo.

Para quienes quieran probar esta práctica, el comienzo puede ser sencillo: leer un poema breve y anotar qué idea, recuerdo o emoción despierta. No hay una forma correcta de hacerlo ni hace falta dedicar demasiado tiempo. Unos minutos pueden alcanzar para convertir la lectura en un momento de pausa.

También conviene elegir textos cercanos a los propios intereses y que no parezcan difíciles de entender. La claridad y la conexión con un tema personal pueden ayudar a sostener el hábito. Con el tiempo, alguien puede sumar la escritura de unas líneas o una conversación sobre lo leído.

La poesía puede acompañar una rutina de bienestar, pero no reemplaza la atención profesional ante síntomas persistentes de depresión, ansiedad, trauma o pensamientos de autolesión. En esas situaciones, es necesario consultar con un servicio de salud mental o un profesional especializado.

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