
Leer una novela, un cómic o un libro de divulgación por interés propio se asocia con mejor atención, memoria y función ejecutiva, además de un deterioro cognitivo más lento en la vejez.
Así lo reveló una revisión de investigadores de la Universidad de Cambridge, que plantea que este hábito puede aportar beneficios a la salud cerebral, el bienestar y la salud mental desde la infancia.
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El trabajo reunió datos de encuestas, estudios longitudinales, pruebas conductuales y análisis de neuroimagen. Sus autores aclaran que buena parte de los resultados describe asociaciones, por lo que no permite atribuir todos los efectos únicamente a la lectura. Sin embargo, sostienen que los hallazgos apuntan a un factor de prevención accesible y de bajo costo.
La profesora Barbara Sahakian, del Departamento de Psiquiatría de Cambridge, afirmó que la lectura recreativa favorece habilidades cognitivas relevantes y puede incorporarse a cualquier edad. “Nunca es tarde para empezar”, señaló.
Mejor atención, memoria y rendimiento en quienes empiezan a leer desde temprano

Las pruebas más amplias revisadas provienen de un estudio con más de 10.000 niños y adolescentes. Los participantes que habían comenzado a leer por placer a edades tempranas mostraron mejores resultados en atención, memoria y función ejecutiva.
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La función ejecutiva reúne procesos como la planificación, el control de impulsos, la capacidad de cambiar de estrategia y la resolución de problemas. Estas habilidades intervienen en el aprendizaje, la organización de tareas y la toma de decisiones.
El grupo que leía por gusto también presentó un mejor desempeño académico y menos problemas de salud mental. Además, los investigadores hallaron hábitos asociados con mayor tiempo de sueño y menor exposición a pantallas.
La revisión indica que los beneficios no dependen exclusivamente de leer novelas extensas. La doctora Christelle Langley, coautora del trabajo, propone que los cómics, las novelas gráficas y los libros vinculados con series, películas o videojuegos pueden ayudar a que niños y jóvenes se acerquen a la lectura sin que la actividad resulte intimidante.
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La lectura activa redes cerebrales ligadas al lenguaje y al control emocional

Los estudios de neuroimagen analizados detectaron una relación entre la lectura por placer y diferencias en la estructura del cerebro. Entre ellas figuran mayor volumen o extensión cortical en zonas vinculadas con el lenguaje, el aprendizaje, la regulación de las emociones y el control ejecutivo.
También se observaron conexiones más robustas de la sustancia blanca, el tejido que facilita la comunicación entre diferentes regiones cerebrales, así como mayor grosor cortical en áreas relevantes para el procesamiento del lenguaje.
Estas observaciones no prueban por sí solas que leer produzca todos esos cambios, porque las personas que leen más también pueden tener otros hábitos favorables. No obstante, algunas intervenciones centradas en el aprendizaje de la lectura sí registraron modificaciones cerebrales junto con mejoras en las capacidades lectoras.
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Un estudio pequeño con 11 niños con dislexia, de entre 7 y 11 años, evaluó un entrenamiento de ocho semanas que combinó imaginería mental, articulación y trazado de letras y palabras. Tras el programa, los participantes mejoraron sus habilidades de lectura y registraron un aumento de materia gris en regiones cerebrales específicas.
La reserva cognitiva como amortiguador del deterioro asociado con la edad

La explicación posible para estos hallazgos pasa por la reserva cognitiva, un concepto que describe la capacidad del cerebro para adaptarse al envejecimiento o a daños y mantener sus funciones. El estilo de vida, la educación y las actividades que exigen esfuerzo mental influyen en esa reserva.
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Falk Huettig, investigador del Instituto Max Planck de Psicolingüística de los Países Bajos que no participó del trabajo, comparó la lectura con un ejercicio para las capacidades mentales. La actividad requiere seguir una trama, interpretar palabras, recordar información, anticipar situaciones y comprender las emociones o motivaciones de los personajes.
La ficción puede añadir un componente de cognición social. Según la revisión, las narrativas permiten ensayar mentalmente respuestas ante situaciones humanas y promueven la conexión con personajes, dos elementos que podrían ayudar a la empatía y a reducir la sensación de soledad.
Los adultos mayores que leen con frecuencia muestran menor riesgo de deterioro cognitivo

Los efectos asociados con la lectura adquieren especial relevancia en la vejez. En un estudio con cerca de 5.500 adultos de 55 años o más, quienes participaban con frecuencia de actividades intelectualmente estimulantes, entre ellas leer, tuvieron una menor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo durante cinco años de seguimiento.
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Otra investigación citada en la reseña publicada por las autoras en Psychological Medicine, vinculó la lectura habitual de periódicos, revistas y libros con una reducción del 33% en el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Los autores insisten en que se trata de asociaciones y que la lectura no reemplaza los controles de salud ni las medidas de prevención recomendadas para cada persona.
Los datos también sugieren que el efecto protector puede alcanzar a personas con menor nivel educativo, lo que refuerza el interés de promover el acceso a materiales de lectura diversos en todas las etapas de la vida.
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Leer puede aliviar el estrés y reforzar los vínculos con otras personas

Los beneficios identificados no se limitan a la cognición. Encuestas en adultos asociaron la lectura con menor estrés, mayor bienestar, empatía y tolerancia ante puntos de vista distintos.
Un estudio neurocientífico encargado en 2024 por The Queen’s Reading Room, organización creada por la reina Camila del Reino Unido, concluyó que cinco minutos de lectura de ficción podían reducir el estrés hasta un 20%“. La investigación también señaló mejoras en la concentración, la resolución de problemas y la percepción de compañía.
La lectura compartida, ya sea entre un adulto y un niño o en clubes de lectura, puede sumar una dimensión social. Estos espacios ofrecen conversación, pertenencia e intercambio de perspectivas, factores que también se han relacionado con menor aislamiento en la adultez mayor.
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La revisión concluye que lo decisivo es la continuidad del hábito y el disfrute. Una persona puede encontrar ese interés en un clásico, una novela contemporánea, un cómic o un libro de no ficción: el punto de partida cambia, pero la práctica sostenida mantiene la estimulación cognitiva.
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