Cómo influye el estrés en una conexión clave entre el cerebro y el cuerpo

Especialistas explican por qué la tensión sostenida puede repercutir en funciones como la digestión, el ritmo cardíaco y la capacidad de recuperación

Un gráfico con un cerebro, un corazón y un intestino unidos por una línea amarilla brillante, rodeados por formas afiladas moradas y magenta.
El nervio vago conecta el cerebro con órganos vitales y regula la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión y parte de la respuesta inmunitaria (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El nervio vago es una de las principales vías de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. Se extiende desde el tronco encefálico hacia el cuello, el tórax y el abdomen, y participa en funciones involuntarias como la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión y parte de la respuesta inmunitaria. Según la Cleveland Clinic, forma parte central del sistema nervioso parasimpático, el circuito que ayuda al organismo a pasar del estado de alerta al de reposo y recuperación.

Su papel se vuelve especialmente importante frente a situaciones de exigencia física o emocional. Cuando aparece una amenaza, el cuerpo activa mecanismos de alerta que aceleran el pulso, modifican la respiración y alteran la actividad digestiva. De este modo, interviene para modular ese proceso y favorecer el regreso a un estado de equilibrio una vez que el estímulo disminuye.

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Su funcionamiento no se limita a una sola función corporal, sino que conecta señales del corazón, el aparato digestivo, el sistema inmunitario y distintas regiones del cerebro. Por eso, alteraciones en su actividad pueden reflejarse tanto en síntomas físicos como en dificultades para regular el estrés.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El nervio vago forma parte del sistema nervioso parasimpático y ayuda al organismo a pasar del estado de alerta al reposo y la recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estrés y su impacto en el nervio vago

El estrés no actúa solo como una experiencia emocional. Según explicó Shaheen Lakhan, médico estadounidense especializado en neurología y medicina del dolor, a Verywell Mind, cuando se vuelve crónico, puede afectar de manera negativa al nervio vago y dificultar la transición entre los estados de activación y relajación. En términos prácticos, eso significa que el organismo puede quedar más tiempo en una situación de hiperactivación, con manifestaciones que persisten incluso después de que desaparece el factor estresante.

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Entre los síntomas vinculados a esa sobrecarga aparecen dolor abdominal, hinchazón, reflujo ácido, náuseas, dificultad para tragar, mareos, desmayos, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse y niebla mental. La experta en ansiedad social Arlin Cuncic también explicó en Verywell Mind cambios en la frecuencia cardíaca, en la presión arterial y en el nivel de azúcar en sangre, además de manifestaciones de salud mental como ansiedad, depresión y embotamiento emocional.

La relación entre tensión y regulación corporal también fue abordada por Cleveland Clinic, que señaló que el nervio vago integra funciones de digestión, ritmo cardíaco, presión arterial, respiración, estado de ánimo, producción de saliva y respuestas inmunitarias. Cuando esa red se altera, los síntomas pueden variar según la parte comprometida del nervio y la causa subyacente.

Una mujer sentada frente a una computadora portátil sostiene su rostro con las manos mientras una gráfica ilumina su cerebro y cuello.
El estrés crónico puede afectar al nervio vago y dificultar la transición entre activación y relajación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en Biomolecules agregó que el nervio vago participa en un sistema de comunicación bidireccional entre cerebro y cuerpo. Ese trabajo describió que cerca del 80% de sus fibras son aferentes, es decir, llevan información desde los órganos hacia el cerebro, mientras que alrededor del 20% son eferentes, responsables de transmitir señales regulatorias desde el cerebro hacia el cuerpo. Esa arquitectura ayuda a explicar por qué los cambios en el intestino, la inflamación o la frecuencia cardíaca pueden asociarse con el estado de ánimo y la respuesta al estrés.

El ejercicio, la respiración y otras prácticas se estudian como formas de modulación

Prácticas como el ejercicio, la meditación, la respiración profunda y técnicas de relajación como yoga, tai chi y masajes pueden favorecer una disminución de la frecuencia cardíaca, reducir la activación fisiológica y ayudar a recuperar un estado de calma, indica Arlin Cuncic a Verywell Mind.

La respiración ocupa un lugar destacado. Hacerlo profundamente puede ayudar a calmar el nervio vago porque contribuye a bajar la frecuencia cardíaca, una respuesta que favorece la relajación y reduce los niveles de estrés. En la misma línea, una investigación de Frontiers in Psychology revisó evidencia según la cual la respiración lenta y diafragmática se asocia con una mayor regulación autonómica y con mejoras en la recuperación fisiológica frente al estrés.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Entre los síntomas asociados al estrés y al nervio vago figuran dolor abdominal, náuseas, mareos, dolores de cabeza, ansiedad y niebla mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto al ejercicio, Verywell Mind sostuvo que puede ayudar a reducir el estrés y a disminuir la sensibilidad del nervio vago. El análisis de Frontiers in Psychology señaló que el ejercicio aeróbico regular se asocia con una mejora del tono vagal, un concepto utilizado para describir la actividad de este nervio en la regulación del equilibrio entre activación y recuperación.

Una revisión publicada en Brain, Behavior, and Immunity sostuvo que la estimulación auricular transcutánea presenta potencial terapéutico, pero subrayó que todavía faltan protocolos estandarizados y pruebas más robustas para establecer en qué casos funciona mejor. En otras palabras, la investigación avanza, pero no habilita a presentar estas intervenciones como soluciones universales.

En el plano cotidiano, Cleveland Clinic resumió algunas medidas de cuidado general del sistema nervioso que coinciden con parte de lo señalado por otros expertos: mantenerse físicamente activo, llevar una alimentación saludable, controlar enfermedades como la diabetes y practicar técnicas como meditación o yoga. Más que fórmulas definitivas, estas acciones aparecen en las fuentes como herramientas de apoyo para reducir la carga del estrés y sostener la regulación corporal en mejores condiciones.

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