Más allá del dolor de cabeza: cómo se relaciona la migraña con la depresión y la ansiedad

Expertos destacan la importancia de considerar su impacto en la salud mental. Claves para detectarla a tiempo y mejorar la calidad de vida

Mujer con dolor de cabeza, tocándose las sienes. Sobre su cabeza, una imagen superpuesta de un cerebro con vasos sanguíneos y destellos lumínicos.
La migraña afecta al 14% de la población mundial y en la Argentina alcanza una prevalencia del 7,3%, según el estudio AMIGOS. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La migraña no se limita a un dolor de cabeza intenso. Es una enfermedad neurológica que puede afectar de manera marcada la vida cotidiana y que, además, suele coexistir con síntomas de depresión y ansiedad. Se manifiesta con un dolor pulsátil, generalmente en un lado de la cabeza, de intensidad moderada a grave, que puede acompañarse de sensibilidad a la luz, los sonidos y los olores, además de náuseas y vómitos. Sin un tratamiento adecuado, los episodios pueden extenderse entre 4 y 72 horas.

El diagnóstico es clínico y resulta importante consultar cuando los dolores son recurrentes, se prolongan o no ceden con analgésicos habituales, según el Hospital Británico de Buenos Aires.

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La dimensión del problema también alcanza a la salud mental: datos difundidos por la Sociedad Española de Neurología (SEN) indican que el 48,9% de las personas con migraña presenta algún grado de discapacidad vinculada con la enfermedad y que una de cada cinco tiene una discapacidad grave. Además, casi cuatro de cada diez pacientes registran síntomas depresivos de moderados a graves.

Mujer con cabello castaño, jersey beige y manos en la cabeza, sentada frente a un cuaderno abierto, una pluma y una taza blanca en una mesa de madera.
La migraña puede afectar la vida familiar, social, laboral y personal, incluso fuera de los episodios de dolor (Imagen Ilustrativa Infobae)

La doctora María Teresa Goicochea, jefa de la Clínica de Cefaleas de Fleni, explicó a Infobae que el impacto de la migraña en la calidad de vida y en la salud mental es muy alto: “Se la considera una enfermedad discapacitante, sobre todo durante los ataques, aunque sus consecuencias no se limitan a esos episodios”.

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Según detalló, afecta múltiples dimensiones de la vida del paciente y la dinámica familiar y social: ”Una crisis de migraña puede dificultar que una madre atienda a sus hijos u obligar a un padre a cancelar un plan con ellos. También puede limitar la vida social, ya que muchas personas temen que los ataques aparezcan en determinadas situaciones”.

Estas situaciones suelen estar atravesadas por la incomprensión del entorno, describió la experta: “Muchas veces reduce la migraña a un dolor de cabeza, sin contemplar la complejidad de los síntomas ni la intensidad de los ataques”.

Ilustración 3D de un cuerpo humano translúcido de perfil sosteniendo su cabeza, con el cerebro visible y un punto rojo brillante indicando dolor.
La migraña es un dolor pulsátil que suele afectar una mitad de la cabeza, puede durar entre 4 y 72 horas y acompañarse de sensibilidad a la luz, los ruidos, los olores y vómitos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, la doctora Lourdes Molina, médica neuróloga especialista en cefaleas del Hospital Británico (M.N. 127.959), explicó que la migraña no equivale a cualquier cefalea, que “es el término general para cualquier dolor de cabeza, mientras que este cuadro presenta rasgos clínicos definidos y una capacidad de interferir con las actividades habituales”. Además, destacó que a nivel mundial el 14% de la población sufre migraña. En la Argentina, la prevalencia alcanza el 7,3%, según el estudio AMIGOS.

La doctora Goicochea añadió que un estudio realizado en 2019, a nivel mundial, mostró que en las mujeres jóvenes de entre 15 y 49 años, la migraña sigue siendo una de las principales causas de discapacidad. “Los cambios hormonales, especialmente de estrógenos, influyen en la frecuencia y severidad de los ataques de migraña”, resaltó.

El ayuno y la deshidratación figuran entre los desencadenantes

Los factores que pueden desencadenar una crisis de migraña pueden variar según las personas, afirmó la especialista, pero usualmente se asocian con:

  • Ayuno prolongado
  • Deshidratación
  • Alteraciones del sueño
  • Estrés
  • Consumo de alimentos como condimentos o alcohol
  • Cambios hormonales: principalmente durante el periodo menstrual y con el descenso de los estrógenos
  • Estímulos sensoriales: luz intensa o intermitente, ruidos fuertes, determinados olores
  • Calor intenso o cambios meteorológicos

No obstante, la persona puede realizar algunos cambios de hábitos que contribuyen a disminuir la frecuencia o intensidad de las crisis como evitar el ayuno prolongado, mantenerse siempre hidratado, realizar actividad física aeróbica de forma diaria y mantener una buena higiene de sueño.

Cómo impacta en la calidad de vida

La migraña también afecta la actividad laboral y la productividad. “Durante un ataque, el paciente puede no concurrir al trabajo o tener que retirarse. Existe, además, el presentismo: la persona está en su puesto, pero no cuenta con la misma capacidad de rendimiento que tendría fuera de un episodio”, indicó la doctora Goicochea.

Mujer con cabello oscuro sentada en un escritorio, con las manos en la cabeza y los ojos cerrados, en una oficina con gente difuminada al fondo.
Durante un ataque de migraña una persona puede faltar al trabajo o reducir su rendimiento aun cuando permanece en su puesto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ataques frecuentes pueden alterar el proyecto de vida y la planificación personal. “Algunos jóvenes temen comenzar una carrera por la posibilidad de no poder terminarla. Algunas mujeres pueden postergar la búsqueda de un embarazo ante la necesidad de suspender o modificar tratamientos. Los cambios laborales, las mudanzas o las alteraciones abruptas del ritmo de vida también pueden generar temor por la posibilidad de que desencadenen crisis”, señaló la experta.

La especialista dijo que todo esto incide de forma directa en la calidad de vida, tanto en el plano social y familiar como en el personal y laboral. “En el ámbito del trabajo, además, existe un impacto económico por la pérdida de productividad y por el costo de los tratamientos que requieren los pacientes con mayor discapacidad”.

Otro aspecto central es el estigma. “La migraña es una enfermedad neurológica que no siempre se refleja en estudios por imágenes y para la que aún no existe un análisis de sangre que permita evidenciar qué ocurre durante una crisis. La escasez de señales visibles puede favorecer la falta de comprensión en los ámbitos laboral, familiar, social e incluso dentro del sistema de salud”, dijo Goicochea.

Imagen generada por IA. Sala de profesores en un colegio. Un docente de mediana edad, con expresión de cansancio, revisa documentos mientras sus colegas conversan en el fondo.
Casi cuatro de cada 10 pacientes con migraña presentan síntomas depresivos de moderados a graves Crédito: Infobae / Gemini / Imagen ilustrativa

Y completó: “El estigma puede hacer que los pacientes demoren la consulta médica. Algunas personas sienten que su sintomatología es minimizada o que no se las toma con seriedad. Este punto es crítico al evaluar el impacto de la migraña. Este no aparece únicamente durante los ataques: también puede persistir entre crisis por el temor al siguiente episodio”.

Cómo se relacionan la migraña, la depresión y la ansiedad

Según la Association of Migraine Disorders, la relación entre migraña y depresión es multifactorial. “Los estudios han encontrado cambios en las estructuras cerebrales, la genética, los neurotransmisores, las hormonas sexuales y el estrés como posibles conexiones entre ambas enfermedades”.

Hombre con ropa oscura sentado en el borde de una cama sin hacer, con las manos en la cabeza y el rostro oculto, iluminado por luz lateral de una ventana.
La relación entre migraña, depresión y ansiedad es bidireccional, estas condiciones pueden aumentar la frecuencia de los ataques (Imagen Ilustrativa Infobae)

La doctora Goicochea señaló que la relación de la migraña con la depresión y la ansiedad es bidireccional: “Una persona con migraña que también tiene depresión o ansiedad presenta un mayor riesgo de aumentar la frecuencia de los ataques. Por eso, el tratamiento debe contemplar la identificación, el diagnóstico y el abordaje adecuado de ambas condiciones”.

“En los casos de migraña episódica, definida por menos de 15 días al mes con cefaleas, muchas de ellas con características de migraña, se estima que entre el 20% y el 30% de los pacientes presenta ansiedad. En la migraña crónica, que implica 15 o más días mensuales con dolor de cabeza y al menos la mitad con características de migraña, la ansiedad alcanza a cerca del 50% de las personas. Los estudios también indican que la depresión puede ser hasta dos veces más frecuente entre las personas con migraña”, agregó la especialista.

Cómo es el tratamiento de la migraña

El diagnóstico de la migraña es clínico. Para ello es fundamental que la persona realice la consulta médica cuando tiene dolores recurrentes, prolongados que no ceden con los analgésicos habituales. O cuando necesita tomar mayor cantidad de analgésicos -más de 6 comprimidos de analgésicos al mes-, cuando el dolor es invalidante o cuando se nota cambios en las características del habituales de ese dolor, dijo la doctora Molina.

Una mujer habla con una doctora en un consultorio médico con plantas y documentos sobre la mesa.
Los tratamientos para la migraña incluyen hábitos de prevención y terapias específicas como anticuerpos monoclonales, Gepantes y toxina botulínica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista afirmó que en la actualidad existen terapias específicas para migraña, entre ellas, los anticuerpos monoclonales, que se aplican una vez por mes de manera subcutánea. También están los Gepantes, que son tratamientos orales usados para el momento agudo, es decir, cuando se produce el ataque de migraña como también de forma preventiva. Además, está disponible desde hace más de diez años, la aplicación de toxina botulínica.

En cuanto a la migraña en su relación con la depresión y la ansiedad, la doctora Goicochea señaló que la incorporación de hábitos que protegen la salud mental también puede ayudar a disminuir la frecuencia de las migrañas. Entre ellos se encuentran una alimentación saludable y regular, la actividad física frecuente, el mantenimiento de vínculos sociales y la realización de actividades placenteras.

“También es importante contar con herramientas para manejar situaciones de estrés, como técnicas de relajación, y mantener un sueño reparador y regular. Estos factores de la vida cotidiana favorecen la salud mental y pueden reducir la frecuencia de los episodios de migraña”, describió la médica.

Mujer sentada en un banco de madera en un parque soleado, con los ojos cerrados y las manos entrelazadas en su regazo, bajo la luz del sol.
Las técnicas de relajación y un sueño regular pueden ayudar a reducir la frecuencia de los episodios de migraña y favorecer la salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

A esto se suma la necesidad de que el tratamiento de cada ataque sea efectivo. “Cuando comienza el dolor, la persona debe contar con una medicación que le permita controlar los síntomas y, dentro de lo posible, continuar con las actividades que había planificado o estaba realizando ese día. Si el paciente requiere un tratamiento preventivo para reducir la frecuencia y la intensidad de los ataques, este debe adaptarse a sus antecedentes y necesidades particulares”, indicó la doctora Goicochea.

La Association of Migraine Disorders añadió que la terapia cognitivo-conductual también puede ayudar a los pacientes con depresión y migraña. “Aunque los medicamentos pueden ser útiles para mejorar el estado de ánimo, también es importante que la persona aprenda las habilidades y estrategias necesarias para afrontar los factores estresantes, incluido el estrés de la migraña”, recomendó.

“Algunos tratamientos también pueden contribuir al abordaje de la ansiedad o la depresión”, apuntó Goicochea. Y concluyó: “En esos casos, el trabajo conjunto con psiquiatría puede ser parte del tratamiento integral y ayudar a prevenir nuevos episodios de migraña”.

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