
La inquietud por el cuerpo en la infancia y la adolescencia ya no se concentra solo en la delgadez. Entre niños, adolescentes y varones también gana espacio la obsesión por ganar masa muscular, una presión que suele presentarse como interés por el ejercicio, la fuerza o el rendimiento, aunque en ciertos casos encubre un problema de imagen corporal y de salud mental.
La alarma crece por un dato que aparece en consultas clínicas y en la literatura reciente. La preocupación por verse demasiado pequeño, poco marcado o insuficientemente fuerte surge a edades cada vez más bajas y se vincula con la exposición constante a contenidos de redes sociales, rutinas de entrenamiento, suplementos y modelos físicos difíciles de alcanzar. Según publicó BBC News Mundo, especialistas ya atienden a pacientes de apenas 10 años por este motivo.
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La cuestión adquiere relevancia porque el aumento de la musculatura suele recibir aprobación social. Un chico que entrena más, que quiere verse más grande o que organiza su rutina alrededor del gimnasio puede ser leído como disciplinado o saludable. Esa lectura vuelve menos visible el punto en el que el hábito deja de ser una práctica de cuidado y pasa a transformarse en una fuente de malestar, control rígido o insatisfacción persistente con el propio cuerpo.
En ese cruce aparece la dismorfia muscular, un cuadro que distintos trabajos científicos describen como una preocupación patológica por no ser lo bastante musculoso, incluso cuando el cuerpo ya presenta desarrollo físico considerable.
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Un estudio publicado en Body Image y difundido a través de PubMed halló una asociación entre contenido orientado a la musculatura en redes y dismorfia muscular en una muestra de Canadá y Estados Unidos.
Un estudio publicado en Body Image y difundido por PubMed analizó datos de 1.553 participantes de Canadá y Estados Unidos y encontró una asociación entre la exposición a contenido orientado a cuerpos musculosos, suplementos y drogas para ganar músculo, y la probabilidad de presentar dismorfia muscular.
El valor de ese trabajo radica en un punto específico: la asociación se mantuvo incluso al considerar el tiempo total de uso de plataformas. La observación sugiere que el problema no depende solo de cuántas horas pasa una persona conectada, sino del tipo de contenido que consume y de los modelos físicos que incorpora como referencia cotidiana. En esa lógica, las publicaciones centradas en cuerpos musculosos, suplementos y esteroides adquieren un peso propio.
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Qué es la dismorfia muscular y por qué hoy preocupa más

La dismorfia muscular está clasificada como una especificación del trastorno dismórfico corporal. El rasgo central es la convicción de tener un cuerpo demasiado pequeño o poco musculoso, aun cuando esa percepción no coincida con la apariencia real.
Una revisión clínica sobre adolescentes y adultos jóvenes publicada en PMC señala que este cuadro puede acompañarse con ejercicio compulsivo, rigidez alimentaria, uso de sustancias para aumentar el rendimiento y un deterioro concreto en la vida diaria.
Ese trabajo, titulado “Muscle dysmorphia in adolescents and young adults”, advierte que los ideales masculinos se desplazaron hacia un físico magro y musculoso, y que los jóvenes resultan especialmente vulnerables por la etapa de construcción de identidad, comparación social y mayor sensibilidad a los modelos externos.
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La revisión también subraya que los síntomas suelen pasar inadvertidos porque muchas de las conductas asociadas al cuadro son socialmente aceptadas en varones.
La misma publicación indica que la evidencia disponible ubica el inicio habitual de los síntomas entre la adolescencia media y el comienzo de la adultez, con una edad promedio estimada entre 18 y 20 años, aunque las preocupaciones corporales pueden aparecer antes.
En muestras poblacionales citadas por esa revisión, la prevalencia varía de forma amplia según la herramienta de medición y el grupo observado, aunque varios estudios muestran que una proporción significativa de jóvenes reporta inquietudes orientadas a la muscularidad.
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Ese dato dialoga con lo informado por BBC News Mundo, donde Roberto Olivardia, especialista en imagen corporal, sostuvo que la edad de consulta bajó y que hoy atiende a chicos de 10 años preocupados por sus músculos. En esa cobertura, el especialista explicó que muchos adolescentes pasan entre 10 y 15 horas semanales expuestos a influencers que difunden consejos, rutinas y mensajes sobre apariencia física sin validación científica.
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