
La vitamina D suele asociarse con la salud de los huesos, pero su papel en el organismo va mucho más allá. En los últimos años, distintas investigaciones pusieron el foco en su posible vínculo con la caída del pelo y observaron que niveles bajos de este nutriente aparecen con frecuencia en personas con distintos tipos de alopecia.
Además de facilitar el uso del calcio y del fósforo, interviene en funciones musculares, nerviosas e inmunológicas. De acuerdo con la Cleveland Clinic, su acción alcanza a múltiples tejidos y sistemas, mientras que distintos estudios analizan cómo una deficiencia podría alterar el funcionamiento del folículo piloso y favorecer ciertos cuadros de pérdida de cabello.
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Según Medical News Today, la evidencia disponible sugiere que un déficit de esta vitamina podría asociarse con alteraciones en el crecimiento del pelo y con algunos cuadros de caída capilar, aunque los especialistas también remarcan que no todos los casos de pérdida de cabello responden a la misma causa ni cuentan con una explicación única.

Por qué la vitamina D se relaciona con la salud capilar
La relación se estudia a partir de su papel en el folículo piloso, la estructura de la piel desde la que nace cada hebra. Según Bukky Aremu, enfermera registrada para Medical News Today, la vitamina D interviene en su desarrollo y en la formación de nuevas unidades. Ese proceso puede contribuir al mantenimiento del grosor del cabello y a evitar su caída prematura
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Esa hipótesis también aparece en una revisión científica publicada en Wiley, donde Kriteeka Saini y Venkataram Mysore, autores del ensayo, señalaron que la vitamina D participa en vías de señalización vinculadas con el crecimiento y la diferenciación del folículo piloso.
De acuerdo con ese trabajo, la mayoría de los estudios revisados encontró una relación inversa entre los niveles séricos del nutriente y varias alopecias no cicatriciales, entre ellas la androgénica, la areata y el efluvio telógeno.
La alopecia androgénica es una forma común de caída del pelo, mientras que la alopecia areata es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca por error los folículos pilosos. Según una investigación de 2021 publicada en Cureus, niveles bajos de vitamina D se vincularon con la primera de estas afecciones.
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Aun así, la evidencia no permite afirmar que corregir la deficiencia revierta por sí sola la caída del cabello. La revisión de Wiley advirtió que todavía faltan estudios concluyentes que demuestren el beneficio de administrar vitamina D como tratamiento rutinario para controlar estas afecciones.
En la misma línea, Medical News Today indicó que no hay investigación suficiente para determinar si aumentar los niveles de vitamina D puede restaurar el cabello perdido.
Ese punto también resulta relevante porque la caída capilar puede responder a múltiples factores. Según la Cleveland Clinic, la deficiencia de vitamina D puede originarse por baja exposición solar, escasa ingesta, trastornos de absorción como la enfermedad de Crohn o la enfermedad celíaca, obesidad, enfermedades renales o hepáticas y el uso de ciertos medicamentos.
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Por eso, los expertos coinciden en que ante pérdida de cabello persistente corresponde una evaluación médica que permita confirmar o descartar déficit de vitamina D y revisar otras causas posibles.
Principales fuentes alimentarias de vitamina D
De acuerdo con la Cleveland Clinic y con Medical News Today, son pocos los alimentos que contienen vitamina D de forma natural. Entre las fuentes más mencionadas se encuentran:
- Pescados grasos y azules: salmón, atún, caballa, sardinas y trucha.
- Aceites de hígado de pescado: como el aceite de hígado de bacalao.
- Vísceras y productos de origen animal: hígado de res.
- Huevos: en especial la yema.
- Hongos: señalados por la Cleveland Clinic entre las fuentes naturales.
- Alimentos fortificados: leche de vaca y bebidas vegetales como soja, almendra y avena, además de algunos cereales para desayuno, jugo de naranja y ciertos lácteos como yogur.

Las referencias consultadas remarcan que la alimentación puede ayudar a sostener niveles adecuados, aunque no siempre alcanza por sí sola en personas con factores de riesgo o con déficit confirmado. Según la Cleveland Clinic, la prevención y el tratamiento apuntan a alcanzar y mantener niveles suficientes de vitamina D, y eso puede incluir cambios en la dieta, exposición solar adecuada y suplementos bajo indicación profesional.
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En adultos de 19 a 70 años, el National Institutes of Health, citado por Medical News Today, ubica la recomendación general en 15 microgramos o 600 unidades internacionales diarias. De todos modos, las fuentes también advierten que la necesidad puede variar según la edad, la presencia de enfermedades asociadas y la magnitud de la deficiencia, de modo que la decisión sobre suplementación y dosis requiere supervisión médica.
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