
La exposición repetida al bisfenol A, conocido como BPA, un compuesto usado en el recubrimiento interno de muchas latas, puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca, informó la revista Parade, a partir de estudios clínicos y declaraciones de un experto cardiovascular.
El dato se vuelve más relevante en adultos mayores. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el 14,3% de los adultos de 65 a 74 años tiene enfermedad cardíaca diagnosticada, proporción que sube al 24,2% a partir de los 75 años.
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La hipertensión es todavía más frecuente en esa población. Conforme al organismo, la padecen el 72,8% de los hombres de 60 a 69 años y el 64,8% de las mujeres de esa misma franja etaria.

El BPA en latas eleva la presión arterial
El BPA es un químico industrial que suele utilizarse para recubrir el interior de latas metálicas, con el objetivo de evitar la corrosión y extender la vida útil de los alimentos y bebidas. Un artículo científico publicado en Nature Reviews Cardiology señaló que una exposición alta y regular a esa sustancia puede provocar un aumento marcado de la presión arterial, inflamación y un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.
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El cardiólogo Sanjay Rajagopalan, profesor de medicina cardiovascular en la Escuela de Medicina de Case Western Reserve University, explicó: “El BPA es una sustancia química que altera el sistema endocrino y puede afectar el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos. Aumenta el estrés oxidativo, reduce el óxido nítrico, la molécula que mantiene relajadas las arterias, y favorece la constricción de los vasos. Estos cambios pueden aumentar temporalmente la resistencia vascular y la presión arterial”.
La evidencia también apunta a una exposición mucho más alta cuando las bebidas provienen de envases con ese recubrimiento. Un estudio publicado en Hypertension identificó que las personas que consumieron bebidas en latas con BPA presentaron una concentración urinaria de esa sustancia superior en más de 1.600% a la de quienes tomaron bebidas en botellas de vidrio.
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La especialista agregó que estudios experimentales sugieren que el BPA puede alterar el manejo del calcio y la señalización eléctrica en las células del corazón, con la posibilidad de favorecer ritmos cardíacos anormales. Aun así, precisó que gran parte de esa evidencia mecanística proviene de estudios de laboratorio y en animales, mientras que la información obtenida en humanos sigue siendo más limitada.

El mayor riesgo: exposición continua y múltiple
La advertencia central no apunta al consumo aislado de un alimento enlatado, sino a la repetición a lo largo del tiempo. Rajagopalan indicó: “Para la mayoría de las personas, comer ocasionalmente un alimento de una lata con BPA probablemente no cause daño. La preocupación está en la exposición repetida y prolongada desde múltiples fuentes, en particular en personas con hipertensión, enfermedad cardiovascular, diabetes o enfermedad renal.”
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Ahora bien, este compuesto no figura entre las causas principales de enfermedad cardiovascular. “En general, el BPA debe verse como un factor de riesgo ambiental modificable, no como uno de los principales impulsores de la enfermedad cardiovascular, como el tabaquismo, la hipertensión o el colesterol alto", dijo el especialista.
También subrayó que todavía hay incertidumbres. Aunque los estudios muestran que los alimentos y bebidas envasados en recipientes con BPA pueden elevar la concentración urinaria del compuesto y generar pequeños aumentos de la presión arterial poco después del consumo, todavía se investiga si esos cambios de corto plazo se traducen en un riesgo cardiovascular relevante a largo plazo.
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Envases plásticos y cierres pueden tener BPA
Además de las latas, el BPA puede encontrarse en recipientes de policarbonato para alimentos, botellas plásticas reutilizables antiguas, envases plásticos expuestos al calor y algunos recubrimientos epoxi presentes en tapas de botellas, tapas de frascos y tuberías de agua. La recomendación del cardiólogo es optar por vidrio en lugar de plástico siempre que sea posible.
Rajagopalan señaló que la mayoría de los fabricantes de alimentos y bebidas en Estados Unidos ya se apartó de los recubrimientos con BPA en las latas. Pero advirtió que la etiqueta “sin BPA” no siempre elimina el problema.
“Algunos fabricantes reemplazaron el BPA por sustancias químicas estrechamente relacionadas, como BPS o BPF, un fenómeno conocido como 'sustitución lamentable’. Estos compuestos pueden tener propiedades similares de alteración endocrina“, indicó el especialista.
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“La buena noticia es que la mayoría de las latas modernas sin BPA ahora usan recubrimientos sin bisfenoles, como revestimientos a base de poliéster, acrílico, olefina u oleorresina, que parecen más prometedores desde el punto de vista toxicológico, aunque los datos sobre seguridad a largo plazo en humanos todavía están en desarrollo", cerró.
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