
El colesterol “malo” causó 3,6 millones de muertes en 2023, el 6% de todas las registradas en el mundo ese año, según un trabajo publicado en la revista JAMA, con datos de 33 años y 204 países. América Latina no quedó al margen: las muertes cardiovasculares atribuibles al colesterol LDL alto en la región casi se duplicaron entre 1990 y 2023.
El LDL-C es una sustancia grasa que se acumula en las paredes de las arterias y puede bloquear el flujo de sangre al corazón y al cerebro. A diferencia de otros factores de riesgo, no duele ni avisa: actúa en silencio durante años, y la mayoría de quienes lo tienen elevado lo ignora.
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El análisis fue liderado por la doctora Christian Razo, del Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, quien fue entrevistada por Infobae. Trabajó junto con cientos de científicos de todo el mundo.
Antes de este trabajo, no existía una estimación global actualizada que midiera con precisión cuántas muertes y años de vida saludable perdidos podían atribuirse directamente al LDL elevado. Los datos disponibles eran fragmentados, desactualizados o no comparables entre países.
El asesino silencioso del corazón y el cerebro

El LDL alto fue la segunda causa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en el mundo y uno de los diez principales factores de riesgo de muerte por cualquier causa en 2023.
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El objetivo del estudio fue cuantificar, por primera vez con esta escala, la carga global de los infartos y del ataque cerebrovascular isquémico atribuible al LDL elevado entre 1990 y 2023.
El equipo también buscó entender qué parte de esa carga se explica por el crecimiento de la población, el envejecimiento y las mejoras en la atención médica. Esa distinción es fundamental para diseñar políticas de salud pública que apunten sobre las causas correctas.
El relevamiento abarcó adultos de 25 años o más en 204 países, desagregado por edad, sexo, año y región. El punto de referencia fue el nivel de LDL asociado al menor riesgo posible: entre 35 y 54 miligramos por decilitro de sangre (mg/dL).
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Tres décadas de datos, una verdad que incomoda

Los niveles de LDL-C se estimaron a partir de 806 estudios de base poblacional en 161 países, con datos de 4.700 millones de personas entre 1962 y 2023. Los riesgos relativos se derivaron de un metaanálisis de 38 ensayos clínicos aleatorizados, el tipo de estudio más riguroso en medicina.
En 2023, el LDL alto provocó 90,7 millones de años de vida saludable perdidos, una medida que combina años perdidos por muerte prematura y años vividos con enfermedad o discapacidad.
Los científicos señalaron que el colesterol LDL elevado fue “el segundo principal impulsor de la mortalidad cardiovascular y uno de los diez principales contribuyentes a la carga global de todas las causas en 2023”.
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Cerca de un tercio de las muertes por infartos (2,7 millones de personas) y el 27% de las muertes por ataque cerebrovascular isquémico fueron atribuibles al LDL alto.
Las tasas estandarizadas por edad cayeron un 45,6% en mortalidad desde 1990, pero el número absoluto de muertes creció un 39% en el mismo período, impulsado por el crecimiento poblacional y el envejecimiento.
Europa del Este tuvo las tasas más altas del mundo en 2023; el Asia-Pacífico de altos ingresos, las más bajas. Un tercio de toda la carga global se concentró en India y China.
En América Latina, según el estudio, las muertes cardiovasculares atribuibles al LDL alto crecieron alrededor del 80% en números absolutos entre 1990 y 2023, aunque las tasas estandarizadas por edad, que descuentan el efecto del crecimiento poblacional y el envejecimiento, cayeron un 43% en el mismo período.
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Dentro de ese panorama, un grupo de países de América Central y el Caribe, entre ellos Honduras, República Dominicana, México, El Salvador y Guatemala muestra tasas estancadas o con escaso progreso, en contraste con Colombia y Costa Rica, que mejoran por encima del promedio regional.
El estudio indicó que en los países de ingresos bajos y medios la carga creciente estuvo agravada por la exposición prolongada al LDL elevado desde etapas tempranas de la vida, la baja conciencia sobre el riesgo y el subtratamiento.

El equipo reconoció que al centrarse solo en infartos y ACV, el análisis probablemente subestimó la carga total, porque no incluyó enfermedades como la enfermedad arterial periférica o la demencia vascular.
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Resaltaron que “prevenir y controlar el LDL elevado podría evitar muertes cardiovasculares y extender la esperanza de vida saludable a nivel global”.
Con el plazo de 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas a la vista, los investigadores remarcaron la urgencia de actuar en los países donde la brecha es mayor.
La doctora Razo dijo a Infobae que hay tres medidas concretas que los sistemas de salud deberían considerar hoy. “Se debería fortalecer la atención primaria como punto de acceso para el tamizaje y el tratamiento del colesterol. Medicamentos como las estatinas son eficaces y seguros, pero su uso sigue siendo escaso en la región de América Latina por el alto costo, el suministro irregular y la baja conciencia pública sobre el hecho de que el colesterol alto no da síntomas”, afirmó.
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También puntualizó que “se debería avanzar hacia un tamizaje más temprano y sistemático a lo largo de la vida, en lugar de esperar a que aparezcan síntomas o a edades avanzadas”.
La carga creciente de LDL-C podría reducirse si la detección comenzara antes, lo que justifica incorporar el tamizaje a las consultas de atención primaria desde edades más tempranas, junto con un uso más amplio de herramientas modernas de predicción de riesgo.

Además hacen falta campañas de concientización combinadas con tamizaje activo; de lo contrario, la enfermedad pasa desapercibida hasta que ocurre un evento cardiovascular, indicó.
La experta mencionó que otra medida efectiva es “integrar estrategias para abordar los factores de riesgo cardiometabólico en conjunto, en lugar de por separado. El sobrepeso y la obesidad, la presión arterial alta, la glucosa en ayunas elevada y el colesterol LDL alto están relacionados y con frecuencia coexisten en los mismos pacientes”.
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Por eso, los sistemas de salud necesitan enfoques combinados que los detecten y traten de forma conjunta. “La mayoría de estas condiciones son prevenibles y tratables, lo que hace que un abordaje integrado sea viable y costo-eficiente”, expresó.
El valor de un estudio sobre el riesgo que pocos detectan

En diálogo con Infobae, el presidente de la Sociedad Argentina de Lípidos y jefe del centro de cardiología del Sanatorio Otamendi, el médico Augusto Lavalle Cobo, comentó tras leer el estudio publicado en JAMA: “Esta investigación es parte de un concepto por el cual no solo hay que considerar a los factores de riesgo sino también el tiempo de exposición a ellos”.
Para Lavalle Cobo, los resultados son valiosos porque indican que el problema del colesterol malo impacta más en países de bajos y medianos ingresos: "Las políticas de salud pública en América Latina deberían dirigirse a que las personas accedan al diagnóstico y al tratamiento oportuno. Por supuesto, las personas pueden hacer la consulta médica para conocer sus niveles de colesterol y adoptar las medidas que correspondan".
Para reducir el nivel de colesterol LDL, la Sociedad Argentina de Lípidos y la Sociedad Argentina de Cardiología recomiendan:
- Reducir el consumo de grasas saturadas y reemplazarlas por grasas mono y poliinsaturadas
- Evitar las grasas trans
- Seguir un patrón alimentario mediterráneo, DASH o dieta basada en plantas
- Incorporar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y granos integrales
- Limitar carbohidratos refinados y azúcares libres
- Realizar al menos 150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 a 150 minutos de actividad intensa
- Medirse lípidos en sangre desde el inicio de la escuela primaria. El análisis debe incluir colesterol total, triglicéridos, HDL y LDL. Se debería contar con disponibilidad APOB y Lipoproteína(a) (al menos una vez en la vida)
- Después de la evaluación, se puede indicar tratamiento farmacológico: las estatinas son el tratamiento de primera línea. Si no alcanzan la meta, se suma ezetimiba, ácido benpedoico y luego inhibidores de PCSK9.
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