
Flavio Mendoza vuelve a apostar fuerte por el espectáculo argentino con una cúpula que describe como única en el mundo: un domo totalmente colgante con visión de 360 grados, mapping en el techo y un escenario sin precedentes en el país. Lo contó en Agarrate Catalina, el programa de Catalina Dlugi en La Once Diez Radio Ciudad.
“Todo lo que soy se lo debo a mi país. Todo lo que logré, lo logré acá”, arrancó Mendoza cuando Dlugi le preguntó por qué invierte en tiempos en que muchos se retraen. El proyecto nació de querer reemplazar la carpa del Circo Ánima, pero en lugar de comprar otra lona convencional, fue más lejos: “¿Por qué no hacemos otro material y que sea de otra forma?”, se preguntó. El resultado es una estructura que requirió técnicos de China y de Italia para su armado y que se levanta en el Casino Buenos Aires, en Puerto Madero.
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A diferencia de Ánima, este domo envuelve al público en los 360 grados y es completamente colgante. Mendoza no actúa en esta producción —su rol es el de productor y director—, pero admitió que sin su presencia en los ensayos “no se termina de armar”. Como primicia, también anunció que para el verano prepara otro megaespectáculo junto al empresario Ariel Diwan: “Va a ser algo impresionante”, anticipó.
Fue en ese mismo diálogo donde Dlugi abrió la puerta al pasado mediático de Mendoza, y él no esquivó nada. La época del Bailando por un Sueño en ShowMatch, el ciclo que conducía Marcelo Tinelli, quedó asociada en su memoria a las peleas con Ricardo Fort. “La época de Ricardo Fort, esa época de las peleas con él, a mí me lastimaron mucho”, dijo sin rodeos.
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Los dos se conocían de antes, de los tiempos del boliche gay Bunker, y desde entonces la relación estuvo marcada por una distancia que Fort imponía con naturalidad. “Yo era el pobre desgraciado que llegaba como podía al boliche en colectivo y me iba en colectivo. Y él llegaba ya en esa época con su harén y eran como los chicos lindos, los chicos perfectos. Y él, por ejemplo, no, ni se acercaba a nosotros. Éramos como una raza inferior ya en aquella época”, recordó Mendoza, con una mezcla de ironía y una herida que todavía se percibe.
Cuando ambos coincidieron en el programa de Tinelli, la dinámica fue otra pero no mejor. Fort, según Mendoza, no le dejaba pasar una: críticas permanentes e interferencias directas en su trabajo. “Yo trabajaba en ese momento en una empresa donde él mandó la DGI. Cosas así que la gente no sabe, esas cosas que él, con el poder y con el dinero, hacía cosas que no estaban buenas”, reveló. Lo que más le pesó fue el contraste entre su propio silencio y la agresión constante de Fort: “Él jugaba con esa historieta de que le gustaban las mujeres y yo no decía nada, nunca revelé su identidad real. Pero él no me dejaba pasar una. Todo el tiempo era pegarme, pegarme, pegarme, o meterse con mi trabajo”.
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El desenlace de esa historia llegó con Extravaganza. Fort fue a ver el espectáculo, se emocionó y lo abrazó. Mendoza lo recuerda como un momento que le permitió entender algo: “No creo que haya sido una mala persona, pero era jodido, y su parte jodida no se daba cuenta que dañaba a otro. Son almas atormentadas, como que les ha pasado algo en su vida y no lo pueden solucionar”. Una lectura que, aclaró, aplica también a personas de su vida presente.

Esa reflexión derivó en un tema más personal: una relación reciente que terminó de manera abrupta. Mendoza contó que en una entrevista anterior en el programa de Mirtha Legrand había mencionado a esa persona como un gesto de halago. La reacción fue el polo opuesto. “Me hizo toda una escena y después me mandaron cosas de él que yo dije: ‘¿Con quién estuve o con quién estoy?’ No, no, no, me... Estoy en un problema”, relató.
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El productor no ahondó en la identidad de esa persona, pero sí en lo que le generó: una preocupación genuina por lo que describe como una crisis de salud mental extendida. “Hay algo que está pasando. Acordate de lo que te digo: algo pasa, algo pasa”, advirtió. Las redes sociales, las citas virtuales, la velocidad de los vínculos: todo eso, para Mendoza, contribuye a un deterioro del que no tiene la respuesta pero siente la amenaza.
Sobre su hijo Dionisio, Mendoza fue claro: no lo expone a sus relaciones sentimentales y le habla con total franqueza desde chico. “Le expliqué cómo llegó al mundo, le dije por qué no tenía mamá. Nunca le dije que era de un repollo”, contó. El nene ya muestra una mirada atenta al trabajo de su padre: en el último ensayo de la cúpula, le señaló que una bailarina no había seguido la indicación que Mendoza le había dado. “Tiene como una visión”, dijo el productor.
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Al cierre de la charla, Mendoza remató con la honestidad que lo caracteriza: “La cúpula, por favor, apoyemos este megaemprendimiento porque estoy endeudadísimo, pero soy muy feliz”.
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