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Qué diferencias existen entre los aceites vegetales más usados y cómo influyen en el organismo

Investigaciones recientes comparan el efecto de variedades como oliva, maíz, girasol y mezclas sobre diferentes parámetros vinculados a la salud del corazón y el metabolismo

Cuatro botellas de aceite de oliva, maíz, girasol y mezcla. Aceitunas verdes y negras, granos de maíz, semillas de girasol y una cuchara con aceite.
Diferentes aceites vegetales —oliva, maíz, girasol y mezcla— presentan perfiles de ácidos grasos que impactan de manera distinta en la salud cardiovascular y el metabolismo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En la mesa cotidiana, la elección del aceite para cocinar representa mucho más que una preferencia de sabor o aroma. El tipo de aceite vegetal utilizado puede marcar diferencias significativas en niveles de colesterol, riesgo cardiovascular y presión arterial, según destacan recientes trabajos internacionales. Aunque durante décadas el aceite de girasol y el de maíz predominaron en muchas cocinas, los avances científicos impulsan nuevas comparaciones y preguntas acerca de cuáles promueven una mejor salud.

Frente a un escenario donde las enfermedades cardíacas continúan encabezando las causas de muerte en el mundo, la discusión sobre qué grasas priorizar adquirió un lugar central en la investigación médica y en las recomendaciones institucionales. Hasta hace poco, la incógnita principal residía en determinar si las opciones más económicas y populares, como el aceite de mezcla o de maíz, resultan tan beneficiosas para factores como el colesterol y el riesgo cardiovascular como el aceite de oliva, tradicional estandarte de la dieta mediterránea.

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La respuesta comienza a esclarecerse con los hallazgos de un metaanálisis global publicado en la revista científica PMC NIH, que sintetizó resultados de ensayos y revisiones sobre aceites vegetales y su impacto metabólico y cardiovascular.

Perfiles y efectos: ¿qué distingue a cada aceite?

Cuatro cucharas con diferentes sustancias. Debajo, una aceituna, granos de maíz, una gota blanca y una gota de aceite en fondo blanco.
El color y la textura de los aceites vegetales reflejan su composición y origen: cada variedad aporta nutrientes e influye de forma particular sobre los lípidos sanguíneos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los aceites vegetales difieren principalmente en su proporción de ácidos grasos monoinsaturados (MUFAs), poliinsaturados (PUFAs) y saturados. Estos perfiles determinan no solo gustos y usos, sino influencia sobre los llamados lípidos sanguíneos. Según puntualizó el comunicado institucional asociado al estudio de NIH, “la evidencia de certeza de moderada a muy baja mostró que los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, como el aceite de canola, de oliva virgen y de salvado de arroz, resultan beneficiosos para reducir el colesterol total y el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad)”.

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El comunicado remarcó también que “el efecto beneficioso de los aceites vegetales depende mayormente del tipo y la fracción de ácidos grasos presentes”. En ese sentido, productos ricos en oleato, como el aceite de oliva y el aceite de canola, resultaron vinculados a propiedades antiinflamatorias y reducción del colesterol nocivo. Por el contrario, aceites con más grasas saturadas, como coco o palma, se asociaron a aumentos tanto del colesterol total como del LDL.

Aceite de oliva, girasol, maíz y mezclas: ventajas y límites

Aceitera vierte aceite sobre ensalada con tomate, aceitunas, rúcula, queso feta y croutones en tazón blanco. Botella de aceite, limones y cubiertos sobre mesa.
Usar aceite de oliva virgen extra en preparaciones cotidianas, como ensaladas, potencia los beneficios de la dieta mediterránea sobre la salud del corazón (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comparaciones directas exponen matices entre las opciones populares. El trabajo científico resaltó: “El consumo de aceites vegetales aparece como beneficioso a distintas escalas, especialmente aquellos ricos en mono y poliinsaturados cuando se consumen en cantidades recomendadas”, según se señala textualmente en el comunicado de la revisión.

El aceite de oliva virgen extra mantiene un protagonismo particular: estudios poblacionales indican que un mayor consumo se relaciona con menor mortalidad general, menos eventos cardiovasculares y reducción del riesgo de accidentes cerebrovasculares.

“El beneficio observado sobre la salud cardiovascular se confirma en cohortes y en ensayos aleatorizados como el estudio PREDIMED, donde suplementar la dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra llevó a una caída del 30% en el riesgo de enfermedad cardiovascular”, detalló el comunicado de prensa de la revisión nórdica institucional.

El aceite de maíz —de alto contenido en poliinsaturados— mostró capacidad para bajar el colesterol LDL en intervenciones controladas. “Durante una intervención de dos semanas para cada dieta, el aceite de maíz tuvo mayor influencia en el metabolismo de las lipoproteínas que una mezcla de oliva y girasol, destacándose su efecto hipocolesterolemiante” —afirmó el equipo de investigación en el comunicado institucional del estudio comparativo publicado en PubMed.

En cuanto al aceite de girasol, si bien figura entre los aceites vegetales más consumidos, su contenido en ácidos linoleicos y su baja proporción de fitoesteroles en comparación con el de maíz o canola determinan un potencial reductor del colesterol algo menor. “La sustitución de grasas saturadas por aceites vegetales ricos en monoinsaturados y poliinsaturados, como oliva, canola y maíz, sigue siendo la recomendación nutricional prioritaria para regular el perfil lipídico” —señalaron los autores en el comunicado de NIH.

En mezclas—la configuración industrial más frecuente—los efectos dependen de la proporción relativa de los componentes principales. Un estudio específico comparó una mezcla de oliva/girasol con maíz y detectó que “el aceite de maíz, debido a su mayor contenido de fitoesteroles y poliinsaturados, produjo mayor descenso de colesterol y triglicéridos”, según el comunicado institucional enlazado al artículo en PubMed.

Más allá del colesterol: presión arterial y otros impactos

Mano adulta, tensiómetro digital, cuatro botellas de aceite vegetal, plato con ensalada, vaso de agua sobre mesa de madera en cocina.
El consumo regular de aceites vegetales insaturados, como el de oliva, puede contribuir a reducir la presión arterial y mejorar otros factores de riesgo cardiometabólico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El beneficio cardiovascular de los aceites vegetales no se limita al perfil lipídico. Estudios recientes, citados en el comunicado de la revisión institucional, sostienen que “el consumo de aceites como el de lino, sésamo y oliva generó reducciones medibles en presión arterial y mejoras en glucemia, parámetros relevantes en la prevención de complicaciones cardiovasculares”.

El comunicado institucional enfatizó: “Las guías dietarias recomiendan sustituir las grasas saturadas por insaturadas, priorizando aceites vegetales para mejorar el pronóstico metabólico y cardiovascular”. En esa línea, ingredientes secundarios como los polifenoles (disponibles en mayor cantidad en el aceite de oliva virgen extra) o los fitoesteroles (presentes de forma destacada en maíz y canola, y en menor grado en girasol y oliva) también condicionan los efectos globales sobre la salud.

Finalmente, los autores del estudio de la revista NIH resumieron: “El perfil de ácidos grasos, junto con la presencia de compuestos menores bioactivos, define el impacto funcional de cada aceite comestible”.

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