Nueva evidencia científica revela el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud cardiovascular

Investigadores internacionales identificaron una relación directa entre ciertos productos el aumento de eventos cardíacos. Los detalles

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los alimentos ultraprocesados representan más del 50 por ciento de la dieta diaria en Reino Unido y Estados Unidos según datos recientes de salud pública (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con efectos sobre la salud cardiovascular y la mortalidad prematura.

Investigadores estiman que entre el 23% y el 38% de los eventos cardíacos podrían relacionarse con este tipo de alimentos, según datos publicados en el American Journal of Preventive Medicine y presentados en el Congreso Internacional sobre Obesidad en México.

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La investigación incluyó datos de Canadá y otros siete países, donde se analizaron encuestas dietéticas y registros de mortalidad.

Ultraprocesados, comida rápida, snacks, golosinas, exceso calórico, alimentos ultraprocesados - (Imagen ilustrativa Infobae)
El picoteo frecuente, sobre todo con ultraprocesados, está vinculado con mayor riesgo de enfermedades crónicas, según el estudio (Imagen ilustrativa Infobae)

El impacto fue especialmente notorio en Reino Unido y Estados Unidos, donde más del 50% de las calorías diarias proviene de alimentos ultraprocesados. En contraste, países como Francia e Italia mantienen porcentajes considerablemente menores.

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Los expertos advirtieron que reducir el consumo de estos productos podría prevenir miles de casos y muertes por enfermedades cardíacas: “Estos hallazgos refuerzan la necesidad de intervenciones clínicas y de salud pública dirigidas a reducir el consumo como un componente clave de la prevención de enfermedades cardiovasculares”, concluyó el equipo en el informe presentado.

Un problema global con múltiples aristas

Los alimentos ultraprocesados (AUP) abarcan una extensa variedad de productos. Su característica principal es la presencia de ingredientes que no se utilizan al cocinar en casa, como emulsionantes, colorantes y saborizantes artificiales, además de aditivos y conservantes.

El informe precisó que “los alimentos ultraprocesados afectan la salud más allá del impacto individual del alto contenido de nutrientes esenciales (sodio, grasas trans y azúcar) debido a los cambios que se producen en los alimentos durante el procesamiento industrial y al uso de ingredientes artificiales, incluidos colorantes, saborizantes y edulcorantes artificiales, emulsionantes y muchos otros aditivos y coadyuvantes de procesamiento”.

una persona come un plato de ensalada de palta - (Imagen Ilustrativa Infobae)
La alimentación saludable es clave para la longevidad y el bienestar (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio coordinado por Eduardo Augusto Fernandes Nilson, de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil, estimó que cada aumento del 10% en la proporción de AUP en la dieta incrementa el riesgo de muerte por todas las causas en un 3%. El modelo utilizado determinó que, en países con menor consumo, las muertes prematuras atribuibles a estos productos alcanzan el 4%, mientras que en naciones con dietas dominadas por los AUP la cifra se acerca al 14%.

Solo en Estados Unidos, se relacionaron 124.000 muertes prematuras con el consumo de alimentos ultraprocesados en 2018. En Canadá, el fenómeno también fue objeto de análisis por el equipo de Virginie Hamel y Jean-Claude Moubarac del Centro de Investigación en Salud Pública de la Universidad de Montreal, que calculó que “miles de personas podrían evitar morir de enfermedades cardíacas reduciendo el consumo de alimentos ultraprocesados”.

El impacto de estos productos no se limita a la mortalidad cardiovascular. El alto consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con al menos 32 enfermedades diferentes, entre ellas obesidad, diabetes, diversos tipos de cáncer y depresión, según la literatura científica actualizada.

Una persona sentada en una mesa blanca, sosteniendo una manzana verde y mostrando la palma para rechazar pollo frito, con un plato de ensalada y frutas al fondo.
Una reducción del consumo de ultraprocesados podría evitar miles de nuevos casos y muertes por enfermedades cardíacas en varios países (Imagen Ilustrativa Infobae)

El modelo canadiense, presentado en el Congreso Internacional sobre Obesidad por la Federación Mundial de Obesidad, sugiere que hasta un tercio de los casos y muertes por enfermedades cardíacas estarían relacionados con su consumo, un factor que los autores consideran “sustancial y potencialmente prevenible”.

Prevención y debate científico

El aumento del consumo de AUP es un fenómeno que afecta de manera desigual a las distintas regiones del mundo. Nilson destacó que “en los países de altos ingresos el consumo de alimentos ultraprocesados ya es elevado pero relativamente estable desde hace más de una década, en los países de ingresos bajos y medios el consumo ha aumentado continuamente”.

Este patrón provoca que, aunque la carga sanitaria atribuible sea hoy mayor en países desarrollados, la tendencia indica un rápido crecimiento en naciones de ingresos medios y bajos, lo que llevó a los autores a enfatizar la urgencia de políticas públicas a escala global.

Fotografía cenital de una mesa dividida. A la izquierda, platos de comida saludable: salmón, ensaladas, verduras, nueces. A la derecha, comida rápida: hamburguesa, papas fritas, dulces y refrescos.
Los alimentos ultraprocesados incluyen ingredientes como colorantes saborizantes artificiales emulsionantes y conservantes no usados en cocina casera (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio y los datos presentados por la Federación Mundial de Obesidad sostienen que “para impulsar un cambio significativo en los patrones alimentarios, son esenciales medidas estructurales integrales”. Estas medidas incluyen regulaciones fiscales, como impuestos a los alimentos ultraprocesados, cambios en el etiquetado frontal y la reformulación de productos para mejorar su perfil nutricional.

El equipo de Jean-Claude Moubarac subrayó que “la educación pública y el asesoramiento individual siguen siendo componentes importantes de la promoción de la salud, pero su impacto es limitado sin un apoyo ambiental y político más amplio”.

La validez de los modelos y estimaciones no está exenta de controversias. El profesor Alberto Fiore, de la Universidad de Abertay en Dundee, advirtió que “se trata de un estudio de modelización, no de un ensayo clínico; no mide lo que realmente les sucedió a las personas que consumieron más o menos alimentos ultraprocesados”. Explicó que el análisis se realizó sobre una “instantánea dietética de 2015” y que existe “un margen de incertidumbre muy amplio para las cifras que se presentan al público”.

Además, cuestionó si los riesgos se deben al procesamiento en sí mismo o a la calidad nutricional deficiente de muchos de estos productos. Fiore explicó que, al desglosar los datos por tipo de alimento, “se observa que están impulsados abrumadoramente por las bebidas azucaradas y los productos cárnicos procesados”.

“Estos alimentos son perjudiciales desde hace décadas, basándose únicamente en criterios nutricionales: alto contenido de azúcares libres, grasas saturadas y sodio, y bajo contenido de fibra, sin necesidad de recurrir al concepto de procesamiento industrial”, precisó.

Hombre con sobrepeso comiendo una hamburguesa, con salsa en la cara, rodeado de patatas fritas, refresco, donuts y otra hamburguesa en una mesa.
El alto consumo de ultraprocesados está asociado con más de 30 enfermedades incluyendo obesidad diabetes varios tipos de cáncer y depresión (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, el profesor Kevin McConway, catedrático emérito de estadística aplicada en la Open University, declaró sobre el modelo canadiense que “este es un intento interesante de modelar los posibles efectos en la salud del consumo de UPF en un país (Canadá), pero la verdad es que no me fiaría demasiado de las estimaciones detalladas que presenta”.

El informe presentado en el Congreso Internacional sobre Obesidad en México sugiere que reducir el consumo de ultraprocesados entre un 20% y un 50% podría haber prevenido entre 16.800 y 45.900 nuevos casos de enfermedades cardíacas, así como entre 3.100 y 8.300 muertes relacionadas.

Las cifras y conclusiones de los estudios publicados motivaron a las autoridades de salud a revisar las recomendaciones dietéticas y diseñar campañas para limitar la exposición a estos productos, especialmente entre los jóvenes y sectores socialmente vulnerables, donde la proporción de alimentos ultraprocesados puede alcanzar hasta el 80% de la dieta.

El equipo de Nilson concluyó: “Resulta preocupante que, si bien en los países de altos ingresos el consumo de alimentos ultraprocesados ya es elevado pero relativamente estable desde hace más de una década, en los países de ingresos bajos y medios el consumo ha aumentado continuamente. Esto significa que, aunque la carga atribuible es actualmente mayor en los países de altos ingresos, está creciendo en los demás países”.

Mientras tanto, la evidencia acumulada sugiere que la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados puede convertirse en una de las estrategias más eficaces y costo-efectivas para disminuir la carga global de enfermedades cardiovasculares y muertes prematuras.

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