
Lo que ocurre en el intestino podría repercutir en mucho más que la digestión. Allí habitan alrededor de 100 billones de microorganismos que, según Eating Well, participan en procesos vinculados con la inmunidad, el metabolismo, el estado de ánimo y la salud cerebral. El medio añade que una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales favorece el crecimiento de microorganismos beneficiosos para ese ecosistema.
Will Bulsiewicz, gastroenterólogo, dijo a Eating Well que estos microorganismos actúan como una “fábrica química”. Según explicó, los compuestos que producen influyen en la digestión, el sistema inmunitario, el metabolismo, el estado de ánimo, la salud cerebral e incluso la expresión genética.
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Sue-Ellen Anderson-Haynes, portavoz de la Academy of Nutrition and Dietetics, señaló en Eating Well que una dieta rica en frutas, verduras, frijoles o legumbres y cereales integrales ayuda a que prosperen microorganismos beneficiosos. Parte de ese efecto ocurre por la producción de ácidos grasos de cadena corta, compuestos asociados con una menor inflamación.
El medio añade que la inflamación se ha vinculado con enfermedades crónicas como diabetes, enfermedad cardíaca y cáncer.
La relación con el cerebro y el estado de ánimo
El llamado eje intestino-cerebro explica parte de esa conexión. Anderson-Haynes dijo a Eating Well que funciona como una “superautopista” entre ambos.
Bulsiewicz señaló en ese medio que todavía queda mucho por aprender y que el microbioma no es el único factor relevante. Aun así, afirmó que la ciencia sugiere que compuestos producidos por los microbios intestinales, entre ellos ácidos grasos de cadena corta y neurotransmisores, atraviesan la barrera hematoencefálica e influyen en el estado de ánimo y la función cerebral.
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La publicación también indica que la salud intestinal puede afectar trastornos como la depresión clínica y la ansiedad, además de sensaciones básicas de bienestar. Además, señala que más del 90% de la serotonina, una sustancia relacionada con el estado de ánimo, se encuentra en el intestino.
Eating Well agrega que hay estudios que apuntan a una posible influencia del microbioma en la forma en que las personas afrontan el estrés cotidiano. También cita estudios según los cuales una alimentación favorable para el intestino, como la dieta mediterránea, puede reducir el riesgo de depresión y ansiedad hasta en un 40%.
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Bulsiewicz precisó que ese dato no debe entenderse como un argumento contra los antidepresivos. Su planteamiento, según explicó, es reconocer el papel de la dieta en el estado de ánimo a través de sus efectos sobre el microbioma.
Qué dice la investigación sobre alzhéimer y párkinson
La fuente señala que también crece la investigación sobre la relación entre microbioma y salud cognitiva. Una de las hipótesis es que esa influencia puede pasar por la reducción de la inflamación, un proceso asociado con enfermedades neurodegenerativas como alzhéimer y párkinson.
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Según Eating Well, investigaciones han encontrado una menor diversidad de bacterias intestinales en personas con alzhéimer frente a personas sanas. El texto aclara que todavía no se sabe si esa diferencia desencadena la enfermedad.

Entre las explicaciones en estudio figura un posible daño en la barrera intestinal por desequilibrios bacterianos. Esa alteración permitiría el paso de sustancias dañinas al torrente sanguíneo, desde donde podrían llegar al cerebro y alimentar un ciclo inflamatorio.
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La Parkinson’s Foundation sostiene, de acuerdo con la fuente, que la salud intestinal y la enfermedad de Parkinson mantienen un vínculo. Las personas con dicho problema también presentan diferencias en sus bacterias intestinales y una mayor permeabilidad en el intestino.
El artículo añade que puede haber otros mecanismos implicados. Entre ellos, menciona hallazgos de proteínas presentes en el tracto gastrointestinal de personas con párkinson y asociadas con los agregados vinculados a la enfermedad en el cerebro.
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Del corazón al peso corporal
Bulsiewicz afirmó en Eating Well que factores de riesgo como presión arterial alta, colesterol alto, diabetes y obesidad guardan relación con el microbioma. En ese apartado, el texto conecta la salud intestinal con varias afecciones que elevan el riesgo cardiovascular.
La fuente indica que ciertas especies intestinales menos favorables pueden contribuir a la enfermedad cardíaca por medio del óxido de trimetilamina N, conocido como TMAO. Ese compuesto puede obstruir arterias y aumentar el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.
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A la vez, el artículo recoge que una mayor presencia de microbios beneficiosos puede favorecer el colesterol HDL y mantener a raya los triglicéridos. Esa combinación se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardíaca.
En el sistema digestivo, los microbios del tracto gastrointestinal secretan enzimas que influyen en la motilidad intestinal, es decir, en cómo se desplazan los alimentos por el intestino. Bulsiewicz explicó que, cuando ese proceso se desequilibra, pueden aparecer estreñimiento o diarrea y también empeorar enfermedades inflamatorias intestinales como Crohn y colitis.
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La fuente añade que las personas con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa suelen tener una menor diversidad bacteriana y menos microbios intestinales que combaten la inflamación. También tienden a albergar grandes cantidades de Mycobacterium avium paratuberculosis (MAP), una bacteria vinculada con enfermedad intestinal.
El texto aclara que aún es pronto para afirmar que esa bacteria causa Crohn. Aun así, plantea que podría participar en el inicio de la respuesta inflamatoria asociada con la enfermedad.

En el caso del síndrome del intestino irritable, Eating Well indica que las bacterias intestinales también podrían intervenir. El artículo menciona que este trastorno tiene muchos desencadenantes, entre ellos dieta, estrés e infección, pero que los expertos consideran los cambios desfavorables en la microbiota como un factor adicional.
La salud intestinal también se cruza con la inmunidad. La fuente estima que entre el 70% y el 80% del sistema inmunitario está en el intestino, donde los microbios ayudan a formar una barrera en el tracto gastrointestinal.
Bulsiewicz explicó que, cuando esa barrera se fortalece, protege al sistema inmunitario, mientras que un desequilibrio microbiano la debilita y la vuelve porosa. Según añadió, eso puede desencadenar una respuesta inmunitaria asociada tanto con enfermedades infecciosas como con afecciones crónicas.
En el peso corporal, la fuente recoge que las personas con obesidad tienden a mostrar una menor diversidad de microbiota intestinal. También señala que las bacterias del intestino pueden influir en dónde se acumula la grasa, en especial la grasa visceral.

Un estudio citado en el artículo encontró que personas con altos niveles de grasa visceral tenían especies microbianas distintas de quienes presentaban niveles bajos.
El texto añade que una menor presencia de especies beneficiosas puede alterar hormonas reguladoras del peso, como leptina y grelina, además de otros compuestos que afectan el gasto calórico, el apetito, el almacenamiento de grasa y la inflamación.
Qué hábitos pueden ayudar
La fuente subraya que una parte del microbioma se hereda al nacer y que cada persona tiene una composición única. Bulsiewicz dijo que una parte depende de la genética, sobre la que hay poco margen de cambio.
Eso no significa, según el artículo, que la salud intestinal quede definida para toda la vida. Eating Well recoge que la investigación muestra que el microbioma puede adaptarse con rapidez a la dieta.
Bulsiewicz sostuvo que las decisiones diarias sobre alimentación empiezan a modificar el microbioma en poco tiempo. El efecto, según esa idea, gana fuerza cuando los cambios se mantienen de forma constante.
Anderson-Haynes añadió en Eating Well que otros factores, como dormir lo suficiente, controlar el estrés y mantener actividad física, también influyen en el microbioma. La mejora depende de hábitos repetidos que, con el tiempo, moldean el entorno intestinal.
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