
El doomscrolling nocturno en redes sociales, un comportamiento cada vez más común entre niñas, niños y adolescentes, está generando alerta entre especialistas por sus efectos negativos en el sueño y la salud mental. Este uso excesivo de dispositivos a altas horas de la noche afecta el descanso, incrementa la irritabilidad y reduce el rendimiento escolar.
Niñas, niños y adolescentes deben interrumpir el desplazamiento compulsivo por noticias negativas en redes sociales durante la noche. Este hábito deteriora la calidad del sueño, altera el ánimo y eleva el riesgo de desarrollar ansiedad y depresión. Para revertir el ciclo, se recomienda la colaboración familiar, establecer rutinas, zonas libres de dispositivos y priorizar actividades que beneficien el bienestar físico y social.
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Conocido como el “desplazamiento compulsivo por noticias negativas”, consiste en pasar periodos prolongados consumiendo contenido alarmante o negativo en plataformas digitales. Cleveland Clinic señala que surge cuando la búsqueda reiterada de información se transforma en una rutina difícil de suspender.
La Mayo Clinic indica que este fenómeno se hizo más visible durante la pandemia, cuando la incertidumbre llevó a muchas personas a consultar internet en busca de respuestas cotidianas. Así se creó un ciclo constante de preocupación y exposición a noticias que afectan el estado emocional. Esta forma de scrolleo atrapa al usuario en una secuencia negativa, porque el cerebro tiende a enfocarse más en las amenazas que en los hechos positivos.
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El atractivo se incrementa por el diseño de las plataformas digitales, cuya lógica competitiva mantiene la atención de los usuarios mediante la presentación continua de información. De acuerdo con Cleveland Clinic, aunque el consumo compulsivo de noticias comienza como una búsqueda de datos relevantes, termina afectando la capacidad de desconexión, ya que los expertos asocian la revisión nocturna de noticias negativas con la necesidad de mantenerse al tanto del entorno.

Efectos en la salud de niños y adolescentes
El uso de redes sociales durante la noche reduce tanto la cantidad como la calidad de sueño entre la infancia y la adolescencia. Según un estudio coordinado por Jason M. Nagata, profesor asociado de pediatría en la Universidad de California, más del 50% de los adolescentes en Estados Unidos usan su teléfono una hora o más entre las 22:00 y las 6:00 entre semana.
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Los efectos de la privación del sueño en este grupo incluyen deterioro cognitivo, menor capacidad para aprender y mayores dificultades para equilibrar las emociones. Mary A. Carskadon, profesora de la Universidad de Brown, advirtió en declaraciones recogidas por CNN que, al perder horas de sueño, a los adolescentes les cuesta descansar y su comportamiento despiertos se ve perjudicado.
Otra investigación dirigida por Nagata ha hallado que adolescentes privados de sueño muestran más fatiga, ansiedad e irritabilidad. Un 17% declaró despertarse casi todas las noches debido a llamadas o mensajes, mientras que el 20% utiliza el dispositivo si se despierta en mitad del descanso nocturno.
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Las notificaciones, la luz azul y la interacción permanente con las aplicaciones contribuyen a retrasar la hora de dormir y a interrumpir el sueño profundo, de acuerdo con Mayo Clinic.
Consecuencias en la salud mental y emocional

La exposición prolongada a noticias negativas, sumada a la falta de descanso, afecta la salud mental. El doctor Craig N. Sawchuk, de la Mayo Clinic, subraya que la falta de descanso vuelve a las personas menos tolerantes e impacientes al día siguiente.
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Por su parte, la doctora Susan Albers de Cleveland Clinic compara el consumo obsesivo de contenido alarmante con “caer en arenas movedizas”, especialmente en menores propensos a la ansiedad o tristeza. El ciclo negativo del scrolleo nocturno agrava síntomas depresivos, incrementa la inseguridad y puede dar lugar a pensamientos autodestructivos.
Las relaciones familiares y sociales también se ven perjudicadas. El tiempo en línea reduce la calidad de la convivencia y fomenta el aislamiento. Permanecer horas frente al dispositivo, explicó Cleveland Clinic, eleva los niveles de cortisol y contribuye a una inflamación asociada a problemas físicos y emocionales.
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Una revisión reciente enfatizó sobre el uso de redes sociales y la exposición a noticias negativas en jóvenes, identificando una relación significativa entre el tiempo de uso, especialmente en horarios nocturnos, y el deterioro del sueño, la aparición de síntomas depresivos, ansiedad y baja autoestima. El estudio señala que la adicción a dispositivos electrónicos, el consumo excesivo y la utilización de tecnología antes de dormir agravan estos efectos.
Además, se observó un ciclo bidireccional: quienes experimentan insomnio o mal descanso tienden a buscar más contenido en línea, lo que perpetúa el círculo vicioso y aumenta la vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos y conductas de riesgo, como la autoagresión o el abuso de sustancias.
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¿Por qué es tan difícil dejar de scrollear?
El doomscrolling obedece tanto a procesos cerebrales como a la dinámica de los algoritmos de las plataformas digitales. Expertos citados por la Mayo Clinic señalan que el cerebro humano está programado para buscar novedades y detectar amenazas, habilidad útil en el pasado pero contraproducente frente al flujo incesante de información negativa actual.

Las redes sociales refuerzan el ciclo ya que muestran más contenido similar si detectan interés, creando un círculo difícil de romper. La actualización constante y las notificaciones dificultan la desconexión, sobre todo en horarios nocturnos.
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De acuerdo con Cleveland Clinic, se convierte progresivamente en una conducta automática. A medida que se repite, disminuye la capacidad de discernimiento, se pierde la noción del tiempo y resulta cada vez más complejo abandonar el hábito de forma autónoma.
Expertos citados por CNN coinciden en que afrontar el problema exige acuerdos familiares y estrategias constantes en el hogar. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda establecer normas familiares como horarios de uso digital, zonas sin dispositivos y ejemplos positivos por parte de padres y madres.
Es recomendable emplear aplicaciones que ayuden a supervisar el tiempo de pantalla y alerten cuando se exceden los límites acordados. Sustituir las horas digitales por ejercicio físico, lectura o actividades al aire libre contribuye a reducir la ansiedad y mejorar el bienestar.
La Mayo Clinic plantea reflexionar sobre el efecto del contenido consumido y promover la atención plena en el presente, con el fin de interrumpir el círculo de preocupación. Si las medidas caseras no son suficientes, consultar a un profesional de la salud mental es una opción recomendable.
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