Un estudio vincula patrones de comunicación digital con síntomas de ansiedad social

Un temor persistente a la exposición durante llamadas representa algo más que una preferencia tecnológica y podría vincularse con diagnósticos clínicos según profesionales expertos en salud mental, quienes recomiendan evaluar señales conductuales y consultar a un especialista

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Un hombre de unos 25 años, con camiseta gris y jeans, sentado en el borde de una cama, sostiene un teléfono con una llamada "Unknown" y una lágrima.
Un hombre de unos 25 años, visiblemente angustiado, mira su teléfono móvil mientras recibe una llamada de un número desconocido, sin atreverse a contestar en un dormitorio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algunas personas evitan contestar llamadas y prefieren mensajes porque sienten que el teléfono las expone a la evaluación ajena. Especialistas en salud mental advirtieron que, cuando ese miedo se vuelve intenso y sostenido, puede estar asociado a trastorno de ansiedad social (fobia social) o a timidez extrema, con impacto en el trabajo, los estudios y la vida cotidiana.

El punto no es el gusto por el chat, sino el patrón: evitar llamadas por temor a “decir algo ridículo”, ser criticado o quedar en evidencia. Ese tipo de ansiedad se describe en criterios diagnósticos y guías clínicas como un miedo marcado a situaciones sociales donde la persona puede ser observada o juzgada, y suele tratarse con psicoterapia —en particular, enfoques cognitivo-conductuales— y, en algunos casos, con medicación indicada por un profesional.

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Qué señales pueden aparecer y cuándo deja de ser “solo timidez”

Primer plano de una mujer de cabello castaño corto, suéter azul, con una mano en la frente y un teléfono negro en la oreja, mostrando expresión de preocupación.
La psicoterapia cognitivo-conductual y la medicación bajo control profesional son los tratamientos recomendados para el trastorno de ansiedad social (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trastorno de ansiedad social no se define por la incomodidad ocasional ni por “ser tímido” en determinadas situaciones. En términos clínicos, suele incluir miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales (por ejemplo, hablar, actuar o interactuar bajo posible escrutinio), con evitación o malestar significativo y un deterioro del funcionamiento (laboral, académico o en relaciones).

En la práctica, muchas personas describen síntomas como tensión, rubor, taquicardia, bloqueo para expresarse o una preocupación persistente por “equivocarse” o “quedar mal”, incluso cuando la situación es cotidiana.

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Una llamada telefónica puede activar ese circuito por varios motivos: reduce las pistas no verbales (gestos, asentimientos, silencios interpretables) y deja a la persona con menos señales para “leer” la reacción del otro; además, aumenta la sensación de que cada pausa o tropiezo queda expuesto.

Eso puede amplificar la percepción de error y el temor a la evaluación negativa, lo que empuja a algunas personas a elegir mensajes o audios: formatos donde pueden editar, borrar, regrabar y demorar la respuesta hasta sentir que “está perfecta”. Ese control extra funciona como alivio inmediato, pero también puede reforzar la evitación si se convierte en la única forma de comunicarse.

Qué dice la investigación sobre el teléfono como indicador y cuáles son los límites

Primer plano de un usuario joven preocupado sosteniendo su celular cerca del rostro.
Investigaciones sobre fenotipado digital con smartphones buscan relacionar patrones de comunicación y comportamiento con síntomas de ansiedad social (Imagen Ilustrativa Infobae)

La idea de que el teléfono “revela” estados de salud mental se apoya en un campo de investigación conocido como fenotipado digital: el uso de datos de comportamiento (por ejemplo, movilidad, patrones de comunicación y uso del dispositivo) para asociarlos a síntomas o riesgos.

En ansiedad social, algunos estudios exploraron si variables registradas pasivamente por el smartphone —como frecuencia y duración de interacciones, regularidad de rutinas, cambios en actividad diaria o variaciones en el uso del teléfono según el contexto— se vinculan con componentes como miedo, evitación y distrés fisiológico a lo largo del tiempo.

Ese enfoque se apoya en un principio metodológico: en lugar de depender solo del recuerdo del paciente (“cómo me sentí esta semana”), el fenotipado digital intenta captar señales conductuales en tiempo real y en entornos cotidianos, para luego compararlas con escalas clínicas o reportes de síntomas. En teoría, eso podría ayudar a detectar cambios sutiles —por ejemplo, un aumento sostenido de evitación social o un patrón de aislamiento— antes de que se traduzcan en un deterioro del funcionamiento.

La evidencia disponible no habilita a que un celular diagnostique por sí solo. En la mayoría de los trabajos, los hallazgos son asociaciones probabilísticas, basadas en poblaciones específicas y en modelos que todavía requieren validación externa (probar si funcionan igual en otros grupos, edades, culturas y sistemas operativos).

Además, el mismo patrón de uso puede tener interpretaciones distintas: menos llamadas puede significar ansiedad, pero también puede reflejar horarios laborales, preferencias personales o cambios de rutina no clínicos.

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