Alzheimer y proteína tau: descubren por qué algunos recuerdos perduran y otros se desvanecen

Investigadores de Flinders University observaron en modelos animales cuáles son los mecanismos detrás de la progresión neurodegenerativa y las claves que advierten el avance de patología

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Ilustración de un anciano sonriendo, con gafas y barba blanca, sosteniendo una foto. Su cerebro muestra conexiones luminosas a fotos flotantes de recuerdos.
La proteína tau demuestra una función esencial en la formación y conservación de recuerdos a largo plazo en el cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante años, la proteína tau fue conocida principalmente por su relación con el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, un nuevo estudio sugirió que también cumple una función esencial en el funcionamiento normal de la memoria.

La investigación, liderada por la Flinders University y publicada en Nature Communications, encontró que tau participa en la formación y conservación de recuerdos a largo plazo: ayuda al cerebro a definir qué experiencias se mantienen estables con el paso del tiempo y cuáles se debilitan.

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El hallazgo replanteó cómo se explican los mecanismos de almacenamiento de la memoria y abrió líneas de trabajo para estudiar el deterioro cognitivo.

Infografía con un cerebro brillante y redes neuronales, que detalla el papel de la proteína tau en la memoria. Incluye texto, cifras y seis iconos temáticos.
Un estudio de la Flinders University revela que tau ayuda a organizar qué experiencias permanecen estables con el paso del tiemp (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo y que se registran 10 millones de nuevos diagnósticos por año. Dentro de ese total, el Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de los casos.

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Las proyecciones del organismo señalan que hacia 2050 esa cifra podría triplicarse por el envejecimiento de la población, con impacto creciente en los sistemas de salud, la economía y las familias.

Por qué algunos recuerdos permanecen y otros desaparecen

Uno de los grandes interrogantes de la neurociencia es por qué el cerebro consolida algunas experiencias y otras se diluyen con el tiempo. Retener una dirección, reconocer un rostro familiar o conservar una vivencia emocional relevante depende de procesos neuronales que permiten que un recuerdo siga disponible días, semanas o años después.

Representación digital de un cerebro humano desintegrándose en partículas, que se transforman en una neurona rodeada de estructuras geométricas simbólicas y conexiones abstractas, sobre un fondo oscuro.
La investigación publicada en Nature Communications abre nuevas líneas para comprender el deterioro cognitivo y la memoria remota (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese marco, los investigadores se enfocaron en la “memoria remota”, es decir, la capacidad de evocar recuerdos tiempo después de que fueron adquiridos. En modelos animales, observaron que los ratones pudieron aprender y recordar en el corto plazo aun sin la proteína tau. La diferencia apareció con el paso de los días: sin tau, la memoria remota se debilitó y fue más difícil de recuperar.

“Nuestro trabajo muestra que tau es clave en la formación de recuerdos duraderos en el cerebro”, afirmó el profesor asociado Arne Ittner, neurocientífico de la Flinders University.

El “organizador” interno de la memoria

El estudio profundizó además en los llamados engramas, grupos específicos de neuronas que almacenan la huella física de un recuerdo. Cada vez que una persona aprende algo nuevo —por ejemplo, una cara, una conversación o un recorrido habitual— solo determinadas células cerebrales participan en el almacenamiento de esa información. Los científicos descubrieron que tau ayuda a organizar ese proceso.

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Experimentos en ratones muestran que la ausencia de tau afecta la consolidación y recuperación de recuerdos a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según explicó la investigadora Renée Kosonen, la proteína actúa como una especie de “director de orquesta” que evita que demasiadas neuronas se activen al mismo tiempo. “Nuestros hallazgos muestran que tau contribuye a decidir qué células se seleccionan para almacenar un recuerdo, moldeando cómo una experiencia se transforma en una huella duradera”, explicó.

Los investigadores también observaron que tau ayuda a reducir una especie de “ruido cerebral”, evitando que demasiadas neuronas se activen simultáneamente durante la formación de recuerdos. Esa selección permite que las memorias sean más precisas, organizadas y estables.

Qué ocurre en el cerebro durante el aprendizaje

El equipo identificó además un mecanismo molecular importante llamado fosforilación, una modificación química que regula la actividad de tau mientras el cerebro aprende. En condiciones normales, este proceso ocurre de forma controlada y ayuda a estabilizar las conexiones neuronales involucradas en la memoria.

Mujer adulta mayor con gafas escribe en un crucigrama sobre una mesa luminosa. Visualizaciones translúcidas del cerebro y neuronas brillantes flotan a su alrededor.
El mecanismo de fosforilación regula la actividad de la proteína tau durante el aprendizaje y la estabilización de conexiones neuronales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando la fosforilación se altera de forma anómala, aparece uno de los rasgos característicos del Alzheimer: la acumulación irregular de tau en el cerebro. Según los investigadores, el problema no sería la presencia de esta molécula, sino el desequilibrio en su regulación y en las modificaciones químicas que atraviesa.

Tau y Alzheimer: una nueva mirada

Hasta ahora, gran parte de las investigaciones sobre tau se concentraron en su papel patológico en enfermedades neurodegenerativas. El nuevo estudio propuso una lectura más amplia: antes de asociarse a la enfermedad, tau cumpliría funciones necesarias para organizar y estabilizar recuerdos en condiciones normales.

Uno de los hallazgos fue que las huellas de memoria parecieron seguir presentes incluso cuando tau no funcionó de manera adecuada. Sin embargo, el cerebro perdió capacidad para recuperarlas a partir de señales naturales, como sonidos, imágenes o contextos vinculados a la experiencia original.

Hombre con bata de laboratorio y gafas observando una proyección digital translúcida de un cerebro humano iluminado con actividad neuronal en un laboratorio.
La acumulación anormal de tau se asocia al Alzheimer por el desequilibrio en su regulación química y la alteración de la actividad cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los autores, este resultado podría ayudar a explicar por qué las personas con Alzheimer no solo pierden recuerdos, sino que también presentan dificultades para acceder a información ya almacenada.

Los investigadores también observaron que formas patológicas de tau alteraron la actividad cerebral e interfirieron tanto en la formación de nuevas memorias como en la recuperación de recuerdos previos.

Qué implicancias podría tener el hallazgo

Los investigadores aclararon que los resultados se obtuvieron en modelos animales y que no pueden trasladarse de manera directa a humanos. Aun así, sostuvieron que comprender cómo tau interviene en la organización de la memoria podría orientar nuevas líneas de investigación para prevenir o ralentizar el deterioro cognitivo.

Más allá del Alzheimer, el trabajo aportó una perspectiva sobre cómo el cerebro selecciona, conserva y estabiliza experiencias a lo largo del tiempo. También planteó una idea que matiza la visión tradicional sobre esta proteína: tau no sería solo un marcador asociado a enfermedad, sino un componente del funcionamiento normal de la memoria.

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