
Respirar humo de cigarrillo no solo daña los pulmones o altera el ADN de las células. Un nuevo estudio sugiere que también podría modificar la forma en que el sistema nervioso interactúa con el cáncer, ayudando a los tumores a escapar de las defensas naturales del organismo.
La investigación, realizada por científicos del Francis Crick Institute y publicada en la revista Cell, encontró que ciertas señales nerviosas pueden reorganizar el entorno que rodea a los tumores pulmonares y dificultar la respuesta del sistema inmunológico. Los autores observaron además que la exposición al humo de tabaco potencia este mecanismo, acelerando el crecimiento tumoral en modelos animales.
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El hallazgo cobra relevancia en un contexto en el que el cáncer de pulmón continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad provoca cerca de 1,8 millones de muertes cada año a nivel global y el tabaquismo sigue siendo su principal factor de riesgo prevenible.

El rol inesperado de los nervios en el cáncer
Durante años, gran parte de la investigación oncológica se concentró en entender cómo las células tumorales logran crecer y multiplicarse. Pero cada vez más estudios muestran que el entorno que rodea al tumor también juega un papel fundamental. Ese “microambiente tumoral” incluye vasos sanguíneos, células inmunitarias, tejido conectivo e incluso terminaciones nerviosas.
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Los investigadores analizaron un tipo de nervios sensoriales encargados de detectar amenazas físicas, químicas o térmicas en el cuerpo. Son los mismos que participan, por ejemplo, en la percepción del dolor o de temperaturas extremas.

En ese contexto, la jefa del Laboratorio de Cáncer y Neurociencia del Francis Crick Institute, Leanne Li, explicó que “los nervios no solo están presentes en los tumores, sino que también moldean activamente el microambiente tumoral y la conversación entre células”.
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Esto quiere decir que las fibras nerviosas no serían simples “espectadoras” del cáncer, sino que participarían activamente en la forma en que el tumor se organiza, crece y logra escapar de las defensas del organismo.
Cómo el tumor logra esconderse
El estudio mostró que los tumores estimulan la actividad de estos nervios y aumentan la liberación de una molécula llamada CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), un mensajero químico involucrado en la comunicación entre células nerviosas e inmunológicas.
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Ese compuesto actúa sobre los macrófagos —células del sistema inmune encargadas de detectar amenazas y coordinar defensas— y bloquea la formación de estructuras llamadas “estructuras linfoides terciarias”. Aunque el nombre suene complejo, funcionan como pequeños centros de organización inmunológica que ayudan al cuerpo a reconocer y atacar células tumorales.

Es algo parecido a lo que ocurre en una ciudad cuando se desactiva un centro de coordinación de emergencias: las defensas siguen existiendo, pero les resulta mucho más difícil organizar una respuesta eficiente.
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Según los investigadores, cuando estas estructuras no logran formarse correctamente, el tumor encuentra más facilidades para avanzar y escapar de la vigilancia inmunológica.
Qué ocurrió cuando bloquearon las señales nerviosas
Los científicos probaron interrumpir la actividad de estos nervios sensoriales y también bloquear la acción del CGRP en modelos animales. El resultado fue llamativo: aumentó la formación de estructuras inmunológicas protectoras y el crecimiento tumoral se desaceleró.
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Esto sugiere que el sistema nervioso no solo acompaña el desarrollo del cáncer, sino que participa activamente en la forma en que el tumor interactúa con las defensas del cuerpo. La investigación también mostró que el humo de cigarrillo incrementa notablemente la actividad de estos nervios, agregando un nuevo mecanismo al ya conocido daño carcinógeno del tabaco.

Hasta ahora, el tabaquismo se asociaba principalmente con mutaciones y lesiones en el ADN. Pero el estudio sugiere que también altera el diálogo entre nervios, células inmunológicas y tumores.
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Las posibles implicancias terapéuticas
Uno de los aspectos que más entusiasma a los investigadores es que ya existen medicamentos capaces de bloquear receptores relacionados con el CGRP. Actualmente, algunos de esos fármacos se utilizan para tratar migrañas. Eso abre la posibilidad de estudiar si podrían adaptarse en el futuro para determinados tipos de cáncer.
El coautor Giacomo Bregni explicó que esta nueva visión de la biología tumoral podría abrir caminos terapéuticos diferentes, especialmente porque muchos tumores pulmonares todavía no responden adecuadamente a las inmunoterapias, tratamientos que buscan estimular las defensas del organismo para atacar el cáncer.
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Por su parte, la investigadora Ya-Hsuan Ho señaló que “la respuesta inmunitaria es muy sensible a los cambios en su entorno local” y que una mayor actividad neuronal puede reorganizar el funcionamiento inmunológico dentro del tumor.
Los investigadores creen que intervenir sobre esta comunicación entre nervios y sistema inmune podría convertirse en una nueva estrategia complementaria para mejorar la respuesta contra el cáncer.
Un nuevo campo en la investigación oncológica
El trabajo se enmarca en InteroCANCEption, una iniciativa internacional del programa Cancer Grand Challenges, un consorcio impulsado por Cancer Research UK y el National Cancer Institute de Estados Unidos. El equipo interdisciplinario busca comprender cómo interactúan el sistema nervioso y el cáncer, con el objetivo de desarrollar nuevas soluciones terapéuticas.
La llamada “neuroinmunología del cáncer” es un campo relativamente reciente que busca comprender cómo el cerebro, los nervios y el sistema inmune interactúan durante el desarrollo tumoral.
Aunque aún se trata de investigaciones experimentales y faltan estudios en humanos, los resultados refuerzan la hipótesis de que el avance del cáncer no depende únicamente de las células tumorales, sino también de las complejas señales presentes en su entorno.
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