
La diabetes es una de las enfermedades crónicas de mayor expansión global: el número de personas que vive con esta condición pasó de 200 millones en 1990 a 830 millones en 2022, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, muchas personas desconocen que la presentan, por lo cual pueden sufrir secuelas y complicaciones graves, desde ceguera hasta la amputación de miembros inferiores. Antes de esta última realidad surge el pie diabético, que afecta a entre el 19% y el 34% de las personas con diabetes.
“El pie diabético es el pie de una persona con diabetes que tiene una infección, una úlcera o una destrucción de los tejidos asociada a un problema en los nervios y/o en los vasos sanguíneos de los miembros inferiores”, explicó a Infobae la kinesióloga fisiatra Verónica Andrea Giménez, del Instituto de Rehabilitación Psicofísica de Buenos Aires. La especialista subrayó que “la diabetes sin tratamiento o con un mal control es sinónimo de discapacidad”.
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En su práctica diaria, Giménez observa que los pacientes con pie diabético llegan con limitaciones concretas: dificultades en el equilibrio, para caminar, el autocuidado de los pies y la colocación de medias y calzado. “El exceso permanente de glucosa hace que se dañen los vasos, los nervios y se pegoteen las articulaciones, limitando las actividades”, describió.
Pie diabético: las razones detrás del problema de movilidad

El pie diabético afecta principalmente a adultos de entre 45 y 65 años y es la causa del 75% de las amputaciones de miembros inferiores, según el estudio publicado por Giménez y la kinesióloga fisiatra María Anahí Olsen, también del Instituto de Rehabilitación Psicofísica de Buenos Aires, en la Revista de la Facultad de Ciencias Médicas de Córdoba. El trabajo advierte, además, que entre el 80% y el 85% de esas amputaciones están precedidas por una úlcera que puede prevenirse.
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Muchos pacientes, además, dependen de un acompañante para trasladarse, lo que dificulta tanto el acceso a la rehabilitación presencial como las consultas con el equipo médico. Esa dependencia tiene consecuencias medibles. A modo de ejemplo, la experta indicó que casi el 30% de los pacientes que cumplían los criterios para participar en la investigación no pudieron hacerlo porque la distancia o la necesidad de asistencia para viajar se los impedía.
A nivel del pie, la restricción de movimiento puede volverse tan pronunciada que Giménez la calificó como “ladrillo diabético”, y destacó que se presenta cuando “tiene un mayor riesgo de lesión que un pie diabético”, siendo que la rigidez articular extrema eleva las chances de ulceración y complica la cicatrización ante cualquier herida.
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El autocuidado es uno de los pilares para evitar que esas úlceras aparezcan o avancen. Las guías nacionales e internacionales recomiendan que toda persona con diabetes adquiera habilidades de automanejo para reducir el riesgo de lesión, que incluyen la inspección diaria del pie y la colocación adecuada del calzado.
En el estudio, las expertas advirtieron que la mitad de los pacientes con amputación mayor no podía acceder al pie para cuidarlo, una limitación que ascendía al 73% en los pacientes con pie diabético bilateral, es decir, en ambos pies. Delegar ese cuidado a otra persona implica inspecciones más espaciadas y, en consecuencia, un inicio tardío del tratamiento ante cualquier lesión.
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“Recuperar o mejorar la movilidad de los dedos y el tobillo permite realizar talón, planta y punta durante la marcha, evitando la sobrecarga en alguna zona de la planta del pie, y también disminuye el roce contra el calzado si hay deformidades”, detalló Giménez.

Y agregó: “La movilidad de la rodilla y la cadera permite la inspección diaria de todo el pie de forma autónoma y la colocación correcta de las medias y el calzado”. Este fue el punto de partida que ambas especialistas se propusieron estudiar: un plan de ejercicios kinésicos domiciliarios podía revertir esas limitaciones en 14 días.
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Ejercicios en casa: en qué consisten y cómo hacerlos
El estudio incluyó a 47 pacientes con pie diabético atendidos entre noviembre de 2022 y diciembre de 2023. Los participantes se dividieron en dos grupos: el primero, conformado por pacientes con amputación de un pie sin prótesis; el segundo, por pacientes con pie diabético bilateral o con amputación y prótesis.
Se evaluaron parámetros como el acceso al pie y al calzado, el equilibrio en un pie con ojos abiertos y cerrados, la movilidad funcional y la función del tobillo y el pie, antes y después de 14 días de ejercicios domiciliarios, siendo que el plan de ejercicios tiene dos partes diferenciadas.
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“La primera se realiza sentado en una silla y con el pie descalzo sobre una superficie segura. Incluye ejercicios para mejorar la movilidad de los dedos, el tobillo, la rodilla y la cadera”, describió Giménez. La segunda se realiza de pie, con calzado, e incorpora ejercicios de equilibrio sobre un pie en superficie estable e inestable, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados.

Giménez subrayó que, antes de realizarlo en el hogar, es fundamental que un profesional supervise la técnica: “Siempre es recomendable concurrir a kinesiología para aprender a realizar los ejercicios correctamente. Luego pueden realizarse en el hogar sin supervisión”. De acuerdo con la especialista, los ejercicios de equilibrio, en particular, requieren una supervisión inicial para corroborar la correcta realización y evitar caídas.
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El estudio de Giménez y Olsen es, hasta la fecha, el primero en evaluar un plan de ejercicios kinésicos domiciliarios específicamente en pacientes con pie diabético. Según detalló la especialista, la kinesiología no suele formar parte del tratamiento estándar, a pesar de que los beneficios del ejercicio físico sobre la movilidad, el equilibrio y la marcha están ampliamente documentados.
Según el trabajo, la lógica del plan responde a una cadena funcional concreta. Mejorar la movilidad de los dedos y el tobillo permite que el pie realice el ciclo completo de la marcha: talón, planta y punta, sin sobrecargar ninguna zona ni aumentar el roce contra el calzado en presencia de deformidades.
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“También al mejorar la circulación mejora la capacidad de cicatrización en caso de una lesión", agregó Giménez. La movilidad de rodilla y cadera, por su parte, habilita la inspección diaria autónoma del pie y la colocación correcta de medias y calzado, dos acciones que las guías nacionales e internacionales identifican como pilares del automanejo en pacientes con diabetes.
De los 47 participantes, 39 completaron la evaluación final. Los resultados mostraron mejoras en todos los parámetros evaluados. El control postural mejoró en el 55% de los pacientes con amputación unilateral sin prótesis, con ojos cerrados, y en el 100% de los pacientes con pie diabético bilateral, con ojos abiertos.
También registraron mejoras en la movilidad funcional y la capacidad funcional del tobillo y el pie aumentó en el 94,73% de los pacientes con pie diabético bilateral. En tanto, el acceso al pie y al calzado, indicadores directos de la capacidad de autocuidado, también registró beneficios.

Antes de la intervención, el 57,44% de los participantes no podía acceder a su pie o pies. Tras los 14 días de ejercicios, el 10,25% de los evaluados que no lograban hacerlo pudieron acceder al pie, y el 66,6% de quienes no alcanzaban el calzado lo lograron. En cuanto a la movilidad para trasladarse, un paciente que viajaba en silla de ruedas con acompañante pasó a hacerlo con muletas, y otro comenzó a viajar solo.
Antes de la intervención, el 61,70% de los participantes describió su pie con palabras que marcaban alguna alteración, principalmente relacionadas con el movimiento y la sensibilidad. Después del plan, el 94,87% describió una mejoría, y los aspectos que mejoraron con mayor frecuencia fueron el movimiento de los dedos y el tobillo, la sensibilidad en la planta y la sensación de mayor estabilidad. “35 minutos diarios fueron suficientes para disminuir la limitación en la actividad", destacó Giménez.
El plan está indicado para todas las personas con pie diabético que cuenten con autorización médica para cargar peso en el pie, aclaró la especialista. Al tiempo que dejó una advertencia clara para quienes lo realicen en el hogar: “Es normal sentir molestias al hacer movimientos a los que uno no está acostumbrado. Si duele o aparecen calambres repetitivos, hay que consultar con el médico”.
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