Una dieta basada en vegetales reduce el riesgo de demencia, incluso si se adopta en edades avanzadas

El seguimiento durante más de una década confirma la importancia de los cambios alimenticios, aun al iniciarse en la adultez mayor

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Mujer adulta mayor sonriente comiendo un plato variado de vegetales (brócoli, pimientos, calabacín, tomates) y quinoa, junto a un tazón de hummus con zanahorias.
Un estudio observacional con casi 93.000 participantes encontró que quienes priorizaron alimentos vegetales integrales y poco procesados presentaron menos casos de demencia tras más de once años de seguimiento, aunque no se establece causalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Neurology, adultos que siguen una dieta rica en alimentos de origen vegetal muestran menor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer y otras demencias.

La investigación incluyó a casi 93.000 personas, con una edad media de 59 años, y analizó la evolución de su alimentación y estado de salud durante más de once años. Por otra parte, el foco del análisis estuvo en cómo la composición y la calidad de la dieta basada en vegetales impacta en la salud cognitiva a largo plazo.

Según los datos presentados en el trabajo, el patrón alimentario que prioriza verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas se relaciona con una reducción del 12 % en el riesgo de demencia en comparación con quienes consumen menos alimentos de origen vegetal.

No obstante, los investigadores diferencian entre dietas vegetales saludables, compuestas por alimentos integrales y poco procesados, y variantes menos saludables, con mayor presencia de productos refinados y ultraprocesados.

En este sentido, al considerar la calidad de la dieta, la diferencia se acentúa: quienes siguen una dieta vegetal saludable presentan un riesgo un 7 % menor, mientras que quienes optan por alternativas menos saludables enfrentan un riesgo un 6 % mayor.

Asimismo, el impacto positivo de la alimentación vegetal no se limita a quienes la adoptan desde edades tempranas. Por ejemplo, el análisis de un subgrupo de más de 45.000 participantes revela que adoptar una dieta vegetal más saludable a partir de los 60 años también se asocia con menor riesgo de demencia.

Del mismo modo, los cambios en la alimentación en etapas avanzadas ofrecen una reducción del 11 % en el riesgo, mientras que quienes aumentan el consumo de alimentos vegetales poco saludables ven incrementado su riesgo en un 25 %.

Un hombre adulto mayor, de tez clara y cabello gris, con un suéter azul, come una ensalada en una mesa de madera con otros platos vegetarianos.
La investigación sugiere que consumir una dieta vegetal rica en alimentos integrales y frescos se vincula con una mayor protección cerebral, mientras que variantes menos saludables podrían incluso aumentar el riesgo de deterioro cognitiva (Imagen Ilustrativa Infobae)

Calidad de la dieta y patrones alimentarios

En cuanto a los resultados, los autores del estudio destacan que no todas las dietas vegetales generan efectos protectores sobre la salud cognitiva. Así, el beneficio depende de la elección de alimentos integrales y poco procesados frente a opciones ultraprocesadas o ricas en azúcares y grasas refinadas.

De este modo, el trabajo señala que la calidad de los ingredientes marca la diferencia, y que cambios en el patrón de consumo pueden modificar el riesgo de demencia, incluso en la edad adulta.

Por su parte, la autora principal, Dra. Song-Yi Park, de la Universidad de Hawái, reconocida por su investigación en salud pública, aclara: “Se ha demostrado que las dietas de origen vegetal reducen el riesgo de afecciones como la diabetes y la hipertensión, pero se sabe menos sobre su relación con la demencia. Nuestro trabajo muestra que la calidad de esas dietas es clave”.

Además, el estudio advierte sobre la autodeclaración en los cuestionarios alimentarios y la posibilidad de imprecisiones, aunque el gran tamaño de la muestra y el tiempo de seguimiento refuerzan las conclusiones.

De esta manera, los datos coinciden con investigaciones previas sobre patrones alimentarios como la dieta mediterránea y la MIND, las cuales relacionan el consumo de vegetales, grasas saludables y alimentos naturales con una mejor salud cerebral y menor deterioro cognitivo.

Cambios alimentarios y factores asociados al riesgo

Primer plano de acelga verde en tiras cocinándose en una sartén negra con aceite de oliva, una cuchara de madera la remueve, con vapor visible.
El análisis de un subgrupo mostró que comenzar un patrón alimentario vegetal y saludable después de los sesenta años se asoció con hasta un 11 % menos de riesgo de demencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

En relación a la evolución de los hábitos alimenticios en la muestra, el análisis permitió observar que los beneficios de una dieta vegetal se mantienen aunque se incorpore en edades avanzadas. Así, quienes mejoraron la calidad de su dieta durante diez años lograron reducir el riesgo de demencia, mientras que quienes optaron por alimentos vegetales poco saludables enfrentaron un aumento en la incidencia de la enfermedad.

También, el estudio subraya que la prevención de demencias no depende solo de la dieta. Por ejemplo, otros factores como la actividad física, el nivel educativo y el estilo de vida global influyen en la salud cerebral. Aun así, la alimentación basada en plantas integrales se considera una herramienta accesible para reducir el riesgo, tanto en la mediana edad como en la vejez.

Por otra parte, los autores señalan que la investigación es de tipo observacional y no establece una relación causal directa. Sin embargo, los datos sugieren que la calidad de la dieta y la incorporación de alimentos vegetales integrales pueden formar parte de estrategias preventivas frente a la demencia.

Recomendaciones y perspectivas para la salud cognitiva

No obstante, el trabajo publicado en la revista científica refuerza la importancia de priorizar alimentos frescos y poco procesados en la dieta diaria, en cualquier etapa de la vida. Por ello, la evidencia respalda la utilidad de cambios en la alimentación, aunque se realicen en la adultez mayor, para proteger la función cognitiva y reducir la incidencia de enfermedades neurodegenerativas.

Mujer mayor canosa comiendo una ensalada colorida. Un cerebro traslúcido con áreas iluminadas flota sobre su cabeza, conectado por haces de luz con la comida.
Los autores advierten que elegir alimentos ultraprocesados o ricos en azúcares, aunque sean de origen vegetal, puede incrementar el riesgo de demencia y deteriorar la salud mental a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Especialistas en nutrición y neurología aconsejan mantener una dieta variada, rica en vegetales, frutas, cereales integrales y fuentes de grasas saludables, y evitar productos procesados y azucarados.

Así, la adaptación de los patrones alimentarios, junto con la promoción del ejercicio físico y los hábitos saludables, constituye una estrategia integral para el cuidado de la salud cerebral y la prevención de demencias.