
Las vinchucas son insectos que se alimentan de sangre y pueden transmitir el parásito Trypanosoma cruzi, el parásito que causa la enfermedad de Chagas. Al picar a personas o animales, dejan el parásito en la piel y facilitan la infección.
Hoy, el desafío de controlar a las vinchucas sigue latente porque ejemplares de especies nativas continúan entrando en casas en toda América.
Este obstáculo pone en jaque los métodos tradicionales de vigilancia, que dependen de detectar manualmente a los insectos y de la colaboración de las comunidades.
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Frente a estas dificultades, un grupo de científicos de Brasil, Argentina, España, Paraguay y Bolivia analizó cómo las tecnologías digitales, como la inteligencia artificial, y las iniciativas de ciencia ciudadana pueden cambiar la manera en que se identifican y reportan los insectos transmisores de Chagas. Publicaron los resultados en la revista de la Sociedad Brasileña de Medicina Tropical.
Las aplicaciones móviles y los sistemas de inteligencia artificial (IA) permiten identificar insectos con rapidez y aumentar la participación de la comunidad, lo que refuerza la detección temprana y la respuesta ante focos.
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El sueño de controlar el Chagas

Antes de empezar la investigación, los científicos tuvieron en cuenta que los métodos clásicos para frenar la expansión del Chagas enfrentan limitaciones.
Las vinchucas nativas se adaptaron a distintos ambientes y “burlaron” de los operativos de fumigación. Durante años, la vigilancia dependió de recorridas casa por casa, a cargo de profesionales que aplicaban insecticidas.
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Cuando la cantidad de insectos se reducía o la gente no accedía fácilmente al sistema de salud, detectar la presencia de vinchucas se volvía una tarea casi imposible.
En varias regiones, la gente aún no logra distinguir a las vinchucas de otros insectos parecidos.

La falta de información y las dificultades para llegar a los servicios de salud también provocan que muchas infestaciones pasen de largo y eso favorece que el parásito siga en circulación.
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En ese contexto, los investigadores quisieron saber si las nuevas tecnologías, como aplicaciones móviles, plataformas comunitarias y sistemas digitales, pueden acortar esa distancia y mejorar la forma en que se detectan y reportan los insectos.
Un nuevo mapa para la vigilancia

La investigación se centró en revisar herramientas digitales desarrolladas entre 2015 y 2025 para la vigilancia de vinchucas. Se las dividió en apps de identificación, plataformas de ciencia ciudadana y sistemas institucionales.
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Se analizaron aplicaciones como TriatoKey y TriatoDex, junto a iniciativas como WhatsBarb, TriatoChat, GeoVin y SISVetor-Chagas.
TriatoKey permite a cualquier persona enviar fotos de insectos sospechosos a especialistas para que los identifiquen. Aunque resulta útil, “no incluye imágenes de todas las especies nativas de triatominos en Brasil”.
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TriatoDex funciona como una clave electrónica validada por usuarios y expertos, agilizando la identificación, pero puede fallar cuando los insectos son muy similares entre sí.

Las tecnologías que emplean inteligencia artificial, como los sistemas de reconocimiento automático por fotos, permitieron que cualquier usuario con celular pudiera cargar una imagen y recibir una respuesta.
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El reto estuvo en sumar más especies y mejorar la calidad de las imágenes para reducir errores.
En tanto, las plataformas de participación comunitaria, como TriatoChat y WhatsBarb, usaron WhatsApp para que la gente pudiera reportar vinchucas, recibir información y consejos de prevención.
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Los científicos señalaron que WhatsBarb “es una estrategia rápida, de bajo costo y fácil de usar que permite la identificación temprana de situaciones de riesgo, incluso en áreas remotas”.

GeoVin y SISVetor-Chagas representaron la apuesta institucional, que integra datos de la comunidad y técnicos.
Por un lado, GeoVin sumó más de 3.000 reportes y 2.200 usuarios en Argentina. Por otro, SISVetor-Chagas, que fue validado en municipios de Brasil, mostró que “el 60% de los encuestados consideró el sistema fácil de usar y que no requiere capacitación previa”.
Tras la investigación, los expertos remarcaron que la integración de todas estas herramientas y la participación activa de la comunidad “es fundamental para fortalecer los sistemas nacionales de vigilancia entomológica”.

La clave estuvo en que los datos puedan compartirse sin trabas y que las tecnologías sean accesibles y de uso libre.
Entre las limitaciones, se mencionó la falta de integración entre sistemas, la variabilidad en la calidad de las imágenes enviadas, el acceso desigual a internet y las dificultades para mantener la motivación de los voluntarios. Además, muchas plataformas seguían en etapa piloto y requerían validaciones constantes.
Perspectiva desde la investigación

Uno de los coautores del estudio, el doctor Gerardo Marti, investigador del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE), que depende del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata y la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires (CIC), en Argentina, dijo a Infobae: “Algunos desarrollos se orientan más a los intereses puntuales de grupos de investigación o a las actividades específicas que realizan los técnicos de las autoridades de salud”.
Para captar la atención de los más jóvenes, el científico consideró “que las plataformas más efectivas en el futuro serán todas las vinculadas a la participación ciudadana, como ocurre con GeoVin”.
Por su parte, consultada por Infobae, la doctora Carolina Carrillo, quien investiga en Chagas en el Instituto de Ciencia y Tecnología César Milstein, que depende del CONICET y Fundación Pablo Cassará, comentó sobre la publicación en la que no fue coautora: “Me parece valiosa la recopilación de información sobre experiencias del uso de tecnologías e iniciativas de ciencia ciudadana en relación a la identificación de vectores que hicieron los investigadores. Son necesarias para el abordaje comunitario de la problemática”.
Equipo y recomendaciones

Para hacer el trabajo también colaboraron investigadores de la Universidad de Brasília, la Fundación Oswaldo Cruz, el Instituto Nacional de Salud de Paraguay, y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en España. Al final, hicieron las siguientes sugerencias:
1. Se debería fortalecer la vigilancia comunitaria al promover la participación activa de la población en la identificación y reporte de vinchucas para mejorar la detección temprana y el control de focos.
2. Las herramientas tecnológicas deben ser accesibles, gratuitas y fáciles de utilizar tanto por la comunidad como por técnicos y estudiantes.
3. Es necesario integrar y coordinar las distintas plataformas y sistemas tecnológicos existentes. Además se debería permitir el intercambio de datos a nivel local, regional e internacional para una respuesta más eficiente.

4. La sostenibilidad de esos sistemas requiere apoyo constante para la capacitación, la asistencia técnica y el financiamiento.
5. Las políticas de salud pública deberían priorizar la vigilancia digital y comunitaria. También deberían garantizar la continuidad de esos programas más allá de los cambios institucionales o políticos.
6. Proteger los datos personales de los usuarios y reconocer el aporte de quienes participan en la vigilancia.
Finalmente, alentaron la exploración de nuevas tecnologías, como trampas inteligentes, plataformas globales de imágenes, inteligencia artificial, sistemas de mapas satelitales y tableros digitales, para potenciar la capacidad de respuesta ante la aparición de nuevos focos de vinchucas.
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