
Hoy, que es el último viernes del mes de agosto, es el Día Nacional por una Argentina sin Chagas. Se estima que el 4% de la población está infectada con el parásito que causa esa infección, según el Ministerio de Salud de la Nación.
Diferentes grupos de investigadores estudian la problemática social, ambiental y sanitaria de Chagas.
Uno de ellos, conformado por científicos de la Argentina y los Estados Unidos, encontró un talón de Aquiles del parásito que se llama Trypanosoma cruzi.
El hallazgo permite entender cómo sobrevive ese patógeno en el organismo humano y abre la puerta para trabajar más en diferentes estrategias de control de la infección.
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En el estudio, publicado en la revista especializada The FEBS Journal, el equipo halló una ruta molecular clave que el parásito utiliza para controlar los iones de cobre, fundamentales para su subsistencia.

“Localizamos un blanco concreto que podríamos atacar para frenar su desarrollo”, señaló Julia Cricco, líder del estudio y a cargo del laboratorio que estudia al parásito en el Instituto IBR, que depende de la Universidad Nacional de Rosario y el Conicet.
Detrás de los resultados también estuvieron Marcelo Merli y María Mediavilla, del IBR, y Xinyu Zhu y Paul Cobine de la Universidad Auburn, en los Estados Unidos.
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El hallazgo tiene implicancias para el desarrollo futuro de tratamientos para Chagas. Cricco, que es licenciada en biotecnología y doctora por la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), explicó a Infobae: “Descubrimos que el parásito no tiene los genes clásicos que manejan iones de cobre en otras especies y depende de vías específicas que podríamos inhibir”.
El equipo explicó que bloquear ese sistema dejaría al parásito expuesto a la toxicidad de los iones de cobre y se podría impedir su supervivencia.
Qué es la enfermedad de Chagas

La enfermedad de Chagas afecta a más de 6 millones de personas en todo el mundo. Si bien se trata de una infección endémica desde los Estados Unidos hasta Argentina y Chile, también hay afectados en países de Europa, Asia y Oceanía como consecuencia de las migraciones.
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El parásito se transmite por diferentes vías. Una de ellas es a través de insectos como la vinchuca, un insecto que deposita sus heces cerca de las picaduras. Esto facilita el paso del parásito a la sangre de la persona.
También se puede transmitir de manera vertical, durante el embarazo o el parto de una madre infectada.

Las personas con la infección pueden pasar mucho tiempo sin tener síntomas y eso dificulta el diagnóstico temprano.
En algunas personas la enfermedad puede avanzar y provocar problemas en el corazón, el esófago o el intestino. Los medicamentos actuales ofrecen eficacia limitada, especialmente en fases avanzadas.
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El grupo de investigadores del IBR junto con sus colegas de EE.UU. buscó comprender cómo el parásito Trypanosoma cruzi regula los niveles internos de iones de cobre, un mineral que necesita para vivir y reproducirse.
Quisieron identificar qué genes y proteínas específicos le permiten absorber, transportar y aprovechar los iones de cobre para sus propias funciones metabólicas.
Una ruta inesperada en el Chagas

El trabajo comenzó con el análisis del ADN del parásito. Se utilizaron herramientas de bioinformática para comparar los genes del Trypanosoma con los de otros organismos que manejan iones de cobre, como bacterias, plantas o mamíferos.
Al avanzar, los científicos detectaron que el parásito carece de los genes típicos que codifican para “chaperonas” y transportadores de iones de cobre.
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Las chaperonas son proteínas especiales que actúan como “ayudantes”: toman los iones de cobre y los llevan a los lugares específicos dentro de la célula donde el metal resulta útil. Además protegen a otras partes de la célula para que no sufran daño.
Ante la ausencia de estas piezas, los expertos buscaron otras posibles rutas. El equipo desafió al parásito en el laboratorio, al someterlo a condiciones de alto y bajo contenido de iones de cobre.

“Lo pusimos a prueba y observamos si cambiaba su capacidad de crecer”, enfatizó Cricco. También analizaron cómo respondían sus genes y proteínas ante estos desafíos.
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Localizaron una serie de genes particulares que cumplen funciones dentro del sistema de manejo de iones de cobre del parásito.
Descubrieron que, en situaciones de baja disponibilidad, la expresión de uno de estos genes resultaba imprescindible para que el microbio sobreviviera.
La observación microscópica y los ensayos bioquímicos mostraron que las proteínas detectadas se ubican en lugares precisos de la célula.
Esto sugiere tareas muy específicas, como la entrada de los iones de cobre al citoplasma o su almacenamiento controlado.
El parásito en la mira

Tras analizar los resultados, el equipo de investigadores concluyó que el Trypanosoma cruzi controla los iones de cobre dentro de sus propias células al usar genes y proteínas diferentes a los de otros seres vivos, como las personas, los animales o las plantas.
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Por esa razón, este mecanismo puede considerarse único y representa una posible debilidad del parásito. Esta diferencia convierte a las proteínas identificadas en posibles blancos para el desarrollo de potenciales tratamientos.
“Si logramos inhibir la función de esas proteínas, podríamos frenar el crecimiento del parásito y, por tanto, su capacidad de causar daño”, afirmó Cricco.

Actualmente, el grupo de científicos evalúa qué ocurre cuando estos genes dejan de funcionar y si pueden afectar al parásito sin dañar a las células humanas.
Para hacer la investigación publicada, recibieron subsidios de la Agencia I+D+i de Argentina entre 2020 y 2022 y la Agencia Santafesina de Ciencia, Tecnología e Innovación entre 2021 y 2022.
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El desarrollo de terapias centradas en el manejo de iones de cobre podría inaugurar una nueva etapa en la lucha contra el Chagas.
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