
Un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Breslavia, en Polonia, ha identificado que el estrés crónico no solo acompaña el diagnóstico y tratamiento oncológico, sino que puede acelerar la progresión de varios tipos de cáncer al desencadenar procesos biológicos perjudiciales en el organismo.
Según el análisis publicado en el International Journal of Molecular Sciences, este fenómeno afecta de manera distinta según el tipo de tumor, marcando implicancias clínicas relevantes para la personalización de abordajes terapéuticos y el diseño de estrategias integrales de apoyo a los pacientes.
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En pacientes con cánceres de pronóstico adverso, como el pancreático y el de ovario, los trastornos psicológicos y la depresión aparecen con mayor frecuencia y severidad, e incluso pueden manifestarse antes del diagnóstico clínico de la enfermedad, lo que apunta a la presencia de mecanismos biológicos previos a la reacción emocional.
Dentro de este grupo, destaca el papel de la inflamación sistémica y el aumento de citocinas como IL-6, junto a la sobreestimulación fisiológica vinculada al estrés, conforme detalla el estudio liderado por Katarzyna Herbetko.
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El estrés crónico se define, en términos biológicos, como una presión prolongada sobre la capacidad de adaptación corporal, a diferencia de respuestas episódicas frente a eventos aislados. Esta condición implica que los sistemas encargados de la respuesta frente a amenazas —incluidos el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal y el sistema simpático— permanecen activados durante semanas o meses, deteriorando las defensas inmunológicas y alterando el entorno tumoral.
De acuerdo con el informe esta persistente activación incrementa la inflamación, suprime la inmunidad y favorece el progreso tumoral.
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Aunque el efecto del estrés se manifiesta en todos los tipos de cáncer analizados —mama, próstata, páncreas y ovario—, no afecta por igual a todos los tumores.
En el caso de cánceres con mejores tasas de supervivencia a cinco años, como el de mama y próstata, predomina una incertidumbre prolongada, marcada por el temor a las recaídas, los efectos secundarios y las secuelas en la calidad de vida.
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En estos contextos, la activación de las vías adrenérgicas y glucocorticoides, según los análisis preclínicos, se asocia a la metástasis y a la respuesta al tratamiento, aunque esto no implica que el estrés anule el efecto terapéutico, sino que representa un factor biológico adicional relevante en la evolución de la enfermedad.
Cómo afectan los distintos tumores

Las diferencias en la manera en que el estrés psicológico impacta sobre los tumores sugieren la coexistencia de varias rutas biológicas. Para cánceres agresivos, los síntomas psicológicos severos pueden preceder incluso a la detección formal del tumor, lo que refuerza la hipótesis de una interacción bidireccional entre biología y emociones.
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En palabras de Herbetko: “El malestar psicológico no es solo una emoción, sino un factor que puede contribuir a la sobrecarga fisiológica del organismo y reducir las reservas necesarias para el proceso de tratamiento”.
En paralelo, la revisión sistemática destaca el potencial beneficio de la psicoterapia oncológica. Los datos recogidos por el equipo de la universidad demuestran que las intervenciones psicológicas pueden mejorar la calidad de vida y reducir marcadores biológicos de estrés en pacientes oncológicos. No obstante, los autores advierten que “no existe una correlación simple: psicoterapia igual a mayor supervivencia. Observamos cambios biológicos reales y medibles, pero el conocimiento actual no permite establecer conclusiones tajantes respecto a la mortalidad”, según expresa Herbetko.
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Las pruebas analizadas indican también que los beneficios de la terapia psicológica pueden disminuir una vez finalizada la intervención, señalando la necesidad de apoyar a los pacientes de manera prolongada y no esporádica.
Los beneficios de la psicooncología

La investigación insiste en que la presencia de estrés crónico no debe atribuirse a responsabilidad individual del paciente, sino considerarse un factor vinculado a procesos biológicos mensurables, equiparable a otros síntomas clínicos como el dolor, la desnutrición o los trastornos del sueño.
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En este sentido, el equipo recomienda que la psicooncología deje de ser un complemento y pase a considerarse parte integral del tratamiento, ya que “el estrés crónico debe abordarse como un factor de riesgo modificable dentro de interacciones biológicas, psicológicas y ambientales complejas”, afirmó Katarzyna Herbetko.
Los resultados del estudio sugieren que para optimizar los resultados en oncología, tanto en términos de calidad de vida como de evolución biológica del tumor, es fundamental incluir la evaluación y el manejo del estrés crónico dentro de los protocolos clínicos, ajustando el apoyo psicológico no solo por la gravedad del diagnóstico, sino por las características específicas del tipo de cáncer y el perfil emocional de los pacientes.
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